viernes, 6 de septiembre de 2013

Rubens (1577 - 1640).



Pedro Pablo Rubens fue el pintor más admirado de su época en Europa. Sus méritos son incontestables: muy pocos artistas han conseguido trasmitir una versión exaltada de la vida de forma tan persuasiva o nos ayudan tanto a acercarnos a un ideal de excelencia humano. 

Los valores que encontramos en la pintura de Rubens tienen mucho en común con los valores de los poetas antiguos (a menudo ha sido comparado con Homero): su arte es un recuerdo constante de lo que la vida tiene de heroico y de dramático, y nos ayuda a ensanchar el mapa de nuestros sentimientos, y a profundizar en ellos.


Rubens. Lucha de san Jorge y el dragón,1606-08

El vehículo principal que utilizó Rubens para transmitir sus ideas son los mitos que resumen la sabiduría de los antiguos sobre el comportamiento y las emociones de los seres humanos. Apoyado en su fe en el poder de las formas pintadas para influir en el ánimo de los espectadores, en una enfática retórica gestual, Rubens recreó estos mitos con un extraordinario poder de convicción: contemplando su arte a menudo tenemos la impresión de que las grandes cuestiones de la vida se dirimieron con él de testigo presencial.

En la lucha de San Jorge y el dragón, Rubens aborda la leyenda del santo que salvó a una princesa de un dragón como una violenta explosión de energía concentrada en el jinete que se abalanza sobre la fiera. La exaltación del movimiento tiene su momento crucial en el caballo, representado de manera grandilocuente por el artista, pues estos animales son uno de los asuntos que más parecen entusiasmarle.
La obra fue realizada en Italia y en la figura de la princesa se aprecia el impacto que la escultura clásica supuso para Rubens, y el caballo, la influencia de Leonardo da Vinci. El cuadro fue adquirido por el rey Felipe IV a los herederos de Rubens tras la muerte del pintor en 1640.


Retrato ecuestre del duque de Lerma, 1606

"El rey refirió a un caballero al duque de Lerma, a lo que el caballero contestó que de haber podido conseguir esa audiencia no habría tenido necesidad de visitar al rey". Con esta anécdota, el propio Rubens explicaba el poder del valido de Felipe III, que tanto le impactó durante su visita a España. El equivalente visual de tal idea es el retrato, que Rubens pintó en Valladolid, y donde representó a Lerma como un todopoderoso guerrero a caballo, siguiendo modelos de la Antigüedad.
Este es uno de los escasos cuadros de Rubens que están firmados. Tras un breve paso por la Colección Real en el siglo XVII, el retrato volvió a los herederos del duque y fue adquirido por el Museo del Prado en 1969.


Rubens y Brueghel el Viejo. La infanta Isabel Clara Eugenia, 1615

Rubens y su amigo Jan Brueghel el Viejo trabajaron juntos en varios cuadros para los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia, príncipes soberanos de los Países Bajos meridionales, durante uno de los períodos en los que este territorio conoció un mayor desarrollo. Ambos artistas expresaron en sus colaboraciones la riqueza, exuberancia y progreso de la tierra flamenca, en pinturas de fuertes connotaciones políticas. Rubens pintó los retratos y Brueghel incorporó el paisaje y las residencias dinásticas de Tervuren y Mariemont, subrayando así la unión de los gobernadores con sus territorios.
Los cuadros fueron propiedad de don Rodrigo Calderón, un destacado personaje de la corte de Felipe III, y pasaron tras su muerte en 1621 a poder de Felipe IV.


Felipe II a caballo, 1630. Rubens

En este retrato Rubens cita muy directamente dos obras de arte que tenían un gran prestigio en la corte española. El diseño general del retrato ecuestre se inspira en la figura de Carlos V a caballo que aparece en uno de los tapices de la serie La conquista de Túnez diseñada por Jan Cornelisz. Vermeyen (h. 1500 - h. 1559). Pero el rostro y el cuerpo armado de Carlos V han sido substituidos por los de su hijo Felipe II, y reproducen un retrato pintado por Tiziano (Museo del Prado).
Aunque se desconoce el origen preciso de este cuadro, sólo documentado desde 1686, cuando colgaba de las paredes del Alcázar de Madrid, el uso de dos imágenes tan importantes dentro de la Monarquía Española sugiere que se trata de un encargo procedente de la corte de Madrid o de la de Bruselas.


Rubens. Saturno devorando a su hijo


P.P.Rubens. La adoración de los Magos. Museo del prado


Pedro Pablo Rubens. El rapto de Europa, 1636-37










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