martes, 3 de septiembre de 2013

El proceso. Franz Kafka (1883 - 1924)



Franz Kafka empezó a escribir El Proceso a mediados de agosto de 1914. Como era habitual en su caso, la novela nació sin un anteproyecto consciente y sin meta precisa. la maduración se había operado en secreto, en el atormentado inconsciente que el escritor había aprendido a utilizar como un médium en beneficio de la literatura.
A finales de julio había regresado de Marienlyst, donde en vano había tratado de descansar y de olvidarse de Felice Bauer. la noche del 29 de julio, en Praga, en casa de sus padres, escribía al azar en su diario íntimo. Tenía la costumbre de recurrir a este diario para reencontrarse consigo mismo cuando las tribulaciones interiores y la compañía de seguros no le dejaban ejercer libremente su oficio de escritor, y aquella noche la inspiración brillaba por su ausencia y tenía el ánimo por los suelos.



Una mañana cualquiera, al despertar, dos misteriosos agentes comunican a K., su detención. Ha sido acusado de un delito que él ignora, el proceso está ya en marcha, un misterioso tribunal se ocupa del caso, habrá una sentencia...  

Mientras la espera K, puede seguir trabajando en el banco. En todo momento prevalece la sensación de que el proceso avanza hacia una implacable condena. En su diario íntimo Kafka había escrito sobre sí mismo: "Si estoy condenado, entonces estoy no solamente condenado a muerte, sino también condenado a defenderme hasta la muerte". No hará otra cosa, con mayor o menor fortuna, el protagonista de la novela. También había escrito: "Mi camino no es nada bueno y terminará, por mucho cuidado que ponga, como un perro". Y este será el caso de Josef K.
Franz Kafka es el autor y la victima, es K. Así, pues, en El Proceso reaparece, con distinto tratamiento el tema central del relato La Condena (1912). La condena por un delito gravisimo pero indefinible es, sin duda alguna, lo más característico de su obra. Por un lado la simple convicción de que la vida humana carece de sentido ya era un castigo: por el otro, por lo que se refiere a las experiencias que marcaron la sensibilidad de Kafka, no podemos olvidar que su padre -el representante del poder- le sometió durante la infancia a castigos arbitrarios por el incumplimiento de leyes incomprensibles.
 


Mediante la escritura, el excéntrico Kafka -que se sentía como un forastero en un mundo enigmático- lograba reconciliar lo interior con lo exterior, lo subjetivo con lo objetivo y comunicable, lo que equivalía a romper, siquiera por un momento, el paralizante aislamiento que le había torturado desde la niñez.
Las experiencias que habían determinado su visión del mundo habían sido muy dolorosas.




En la segunda mitad de 1912, por primera vez enamorado de verdad, inspirado al máximo, Kafka estuvo más ceca que nunca de reconciliarse con la vida, Felice contribuía no poco a que se atreviera a correr el riesgo de escribir lo que llevaba dentro. Cuando las pesadillas se tornaban insoportables y el placer creador cesaba, bastaba con volver la vista a Felice, estableciéndose un ritmo de creación.

Como K., al termino de su proceso, también el sangraba de verdad, y no se tomó el trabajo de pulir y completar el manuscrito. No tenía ningún deseo de publicar ese montón de papeles que sus críticos futuros considerarían una de sus mejores novelas y una de las que mejor expresan el drama del hombre contemporáneo.




Kafka seduce al lector, como siempre. El Proceso se publicaría a título póstumo en 1925, en Berlín, Kafka mismo no terminó la novela, ni pensó en mandarla a la imprenta. Se la debemos agradecer, en consecuencia, a su amigo Max Brod.
Kafka estaba muy enfermo en junio de 1920, cuando confió a Brod el manuscrito. Éste no había sido revisado. Había faltas ortográficas, los capítulos estaban en desorden, algunos inconclusos. Como Kafka le había leído gran parte de la obra, Brod pudo ordenar los capítulos de manera coherente, subsanando algunas imperfecciones menores. 
 
Al morir kafka, su amigo se encontró ante un grave dilema. Por carta, Kafka le había pedido que destruyese todos sus papeles, cartas, diarios y manuscrito. De palabra, Kafka había sido aún más implacable: "Te pido que lo quemes todo". Broad amaba sus escritos... ¿como podría quemarlos? Y Broad no quemó nada -ni siquiera los diarios íntimos- y cargó sobre sus hombros la responsabilidad de editar los textos inéditos.  Tina Alarcón

                                                

Autor: Franz Kafka
Título: El proceso
Traducción y Prólogo: Tina de Alarcón
Editorial: Edimat Libros 
Nº Páginas: 222






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