domingo, 18 de agosto de 2013

La luz del Mediterráneo en Madrid



Museo Sorolla
Paseo General Martínez Campos, 37



El Museo se crea por disposición testamentaria  de la viuda de Sorolla, Clotilde García del Castillo, en el año 1925. El Estado Español aceptó el legado por una Real Orden de 28 de marzo de 1931. Se inauguró oficialmente el 11 de junio de 1932, siendo su primer director el hijo de Sorolla, Joaquín Sorolla García, que al fallecer en 1948 incrementó la colección donando todos sus bienes a la Fundación Museo Sorolla.



El actual edificio del museo se constituye en 1911, sobre planos del arquitecto Enrique María de Repullés y Vargas (1845 - 1922). El pintor intervino directamente en su organización, separando la vivienda familiar de la zona de trabajo, compuesta por tres estudios encadenados, y modificando el diseño de la fachada.



El Museo Sorolla es un ejemplo excepcional de casa museo, pues no sólo conserva casi intacto el ambiente original de la vivienda y taller de Joaquín Sorolla Bastida (1863 - 1923), sino que custodia la más rica colección de obras del pintor valenciano.



 La colección fundamental está compuesta por pinturas y dibujos de Joaquín Sorolla y Bastida. Pero el museo también muestra las colecciones del pintor: algunas esculturas, antiguas y modernas, mobiliario, orfebrería, textiles, metalistería y sobre todo, una buena colección de cerámica española, fundamentalmente valenciana y aragonesa.


El jardín es una creación más de Sorolla, que se inspiró en los reales Alcázares de Sevilla y el Generalife de Granada, con algunos detalles italianos. Hizo traer arrayanes de la Alhambra y plantó el mismo algunos de los árboles. De casi todos los rincones dejó el pintor numerosas representaciones.


La entrada al museo conduce a los tres estudios encadenados -Salas I, II y III- que eran la zona de trabajo del pintor. La Sala I presenta una introducción a la pintura y biografía de Sorolla. La Sala II, despacho y sala de exposición en vida del pintor, reúne escenas de playa, que es su temática más constante y representativa.


La Sala III, su lugar de trabajo habitual, Sorolla pintó numerosos retratos, de los que se exponen algunos, junto con jardines, notas de color y tres escenas de playa: destaca el Paseo a orillas del mar (1909). Las salas conservan todo el mobiliario y objetos con los que Sorolla las adornó.
Joaquín Sorolla y Bastida (Valencia, 1863 - Cercedilla, Madrid, 1923). Llamado "el pintor de la luz", Sorolla se enfrenta a ella directamente al aire libre, haciéndola protagonista de sus cuadros de playas, paisajes y jardines. Como retratista cultivó un estilo elegante que le valió un gran éxito social. Sorolla fue quizá el pintor español de su época más reconocido y valorado internacionalmente.


Sorolla, el color en el cenit

¡Espléndido Sorolla! Fue una de las personalidades más fuertes y magníficas de la pintura española entre dos siglos.
Después de una maraña de tentaciones e influencias por las que se había deslizado, abrió a la pintura levantina las vías de la luz y del color, con un vigor,  una fuerza y un amor a la vida y al mundo como pocos artistas de su época.




Con una paleta llena de matices, este pintor valenciano despertó una sincera admiración interpretando con ojo limpio el costumbrismo marinero, las gentes del mar y sus familias, con una pintura instantánea e intuitiva.


Supo reflejar los paisajes en la plenitud de sus efectos y captar la luz en cada ambiente, con toques mágicos que fueron la esencia misma de su pintura o acariciando con sus pinceles el rostro querido de su familia y amigos, en el silencio de la estancia, a orillas del mar o en el reposo silencioso de una siesta sobre el verde del campo.

Brillante y espontáneo, con una vitalidad fogosa y explosiva, Sorolla recuperó para su país los efectos mágicos de los pinceles de Velázquez, plasmando con rotundidad los efectos sorprendentes de la luz y del color, con su gruesa, rotunda y gran pincelada.



Volviendo a la planta principal se puede visitar la zona social de la casa, con un amplio Salón, un Comedor y una pequeña Salita Antecomedor, ejemplo característico de una casa burguesa  de principios del siglo XX con la decoración heterogénea que el propio pintor le dio.




En febrero de 1863 nace en Valencia Joaquín Sorolla, en la calle Nueva, sobre el antiguo barrio de pescadores. Un año después nacería su única hermana, Concha.
 


No pasa mucho tiempo sin que grandes sombras enturbien la niñez de sus pequeñas vidas. Una epidemia de cólera estalla en la ciudad, y en el calor sofocante del verano de 1865 muere su madre.
 

Su padre, no pudiendo superar este dolor, fallece tres días después. En el aire quedan ilusionados proyectos, hechos desde el día que aquélla llegó de Teruel para abrirse camino en Valencia.
 





Sorolla realiza entre los años 1912 y 1919 un monumental conjunto decorativo, llamado La visión de España, para The Hispanic Society of America de Nueva York. El Museo conserva varios estudios preparatorios, de grandes proporciones. 

Aquí están su modesta tienda de tejidos "de los Sis Dits" y sus dos hijos. Una hermana suya, la tía Isabel, casada con un cerrajero, José Piqueras, no tiene hijos y los recoge.
 


El niño, mientras contempla a su tío en la fragua, pinta y pinta. En 1874 "Chimet", como le llaman familiarmente, ingresa en la Escuela Normal y llama la atención por su extraordinaria facilidad para el dibujo.
 

Sorprendido, éste aconseja a su tío que lo matricule en las clases nocturnas de dibujo que el escultor Cayetano Capuz y el pintor José Estruch imparten.

Contadina de Asís, 1888. Boceto al carbón con toques de gouache blanco. Forma parte de la serie de estudios de campesinos realizados durante su estancia en Asís, en los inicios de su carrera, momento en el que cultiva temas costumbristas.


En poco tiempo, ambos artistas ven con admiración los progresos de este chiquillo de catorce años, para el cual la vida es luz, una pura y luminosa experiencia que descubre contemplando el mar, el reflejo del cielo y la vida de los pescadores.

Su meta consiste en alcanzar con los pinceles la inalcanzable luz. A los dieciséis años Joaquín Sorolla se ha convertido ya en un brillante alumno de la Escuela de Bellas Artes de San Carlos.


Poco tiempo después, en la Exposición Regional de Valencia, consigue una medalla de cobre por su acuarela de adolescente El patio del Instituto.


Su tío, sin embargo, se encuentra entre orgulloso y preocupado, pues acaso prefiere que aprenda su mismo oficio. Ser artista es negocio de corazón caliente y estómago frío.

En 1880 una sociedad de recreo valenciana "El Iris", convoca un Concurso, y este muchacho, a medias herrero y a medias pintor, gana un premio con un óleo sorprendente: Moro acechando la ocasión de venganza.

En ese momento un fotógrafo de prestigio, Antonio García, sorprendido por su talento, le contrata en su taller como iluminador de sus fotografías.



Al año siguiente Solla envía a la Exposición Nacional de Bellas Artes tres marinas que pasan inadvertidas. Pero esto no es suficiente para desanimarle.

Viaja a Madrid y visita el Museo del Prado. Entre los artistas que allí puede admirar, Velázquez le impresiona profundamente. Al año siguiente vuelve y se encierra durante meses frente a Velázquez, Ribera y Ribalta.



A los veinte años obtiene su primera Medalla de Oro en la Exposición Regional de Valencia por su obra Monja en oración. Mientras tanto el sentimiento trágico de la vida invade el alma española.


Más tarde comentaría Sorolla que para triunfar en España era necesario "hacer un muerto". Quizá por eso decide pintar un inmenso cuadro que presenta en 1884 enfrentándose al toro del inevitable tema histórico.





Por otra parte, la Diputación Provincial de Valencia ha creado una estancia de pensionado en Roma durante tres años. En reñida competición, hay que pintar un tema obligado: El grito del palleter, conmovedor dasafío de un vendedor de pajas al mismisimo Napoleón.
 


Joaquín Sorolla, vencedor de esta beca, en enero de 1885 sale para Italia. Más tarde pasa unos meses en París, disfrutando de su vibrante alegría.


Pinta cafés, bulevares, calles, gentes... aire puro. Regresa a Roma y termina su encargo anual para la Diputación: El Padre Jofré protegiendo a un loco.

Ya en 1887 se presenta a la Exposición Nacional de Bellas Artes con el cuadro El entierro de Cristo. La crítica empieza a hacerse eco de las obras del pintor, aunque con diversidad de opiniones. Sin embargo, Giner de los Ríos se impresiona: "encierra ese algo misterioso que seduce".


El 8 de septiembre de 1888 regresa a España para casarse con Clotilde, hija de su protector y amigo Antonio García. La vida familiar proporciona estabilidad y deseo de superación a Sorolla.


 







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