sábado, 3 de agosto de 2013

Filomeno a mi pesar. G.Torrente Ballester (1910-1999)



Filomeno tiene menos de cuarenta años cuando se pone a redactar sus memorias, pero la riqueza de su experiencia es de las que colman el cauce de varias vidas.
Desde su regreso al pazo miñoto la impresionante mansión familiar donde transcurrió buena parte de su infancia, un mundo de recuerdos ha porfiado por ver la luz.
Ese lujoso pórtico lleva su evocación hasta la prodigiosa década de 1920, los años de su iniciación al amor y al arte.

                                                                        

Filomeno, ni más ni menos, así como suena, con todo derecho, uno de esos nombres que no se pueden rechazar salvo si se renuncia a uno mismo: impepinable por la ley por la ley del bautismo y la del Registro Civil, también por la herencia, porque mi abuelo paterno se llamaba así, Filomeno; y mi padre se empeñó en perpetuar, es un decir, aquel recuerdo del pasado, respeto que tenía a la memoria de su progenitor, de quién había recibido, según él, todo lo bueno del mundo...




Los pasillos de la universidad, grandes,sombríos, eran un verdadero barullo de gentes y de voces. Nadie sabía nada, no se entendía nadie, y los bedeles nos pedían que los dejáramos en paz. Al final de la mañana, por fin, nos metieron en una aula, a los de preparatorio, y un profesor joven ("Es un auxiliar", decían por allí) nos dirigió la palabra para felicitarnos por nuestra llegada a la universidad (él la llamaba alma mater)...



Llegé a Londres en tren desde Southampton. Mi primera impresión fue de aturdimiento. Quedé en la acera de la estación Victoria, las maletas a un lado y una lluvia fina en el aire. Me sentía más perdido que otras veces, y más me perdí cuando, al llamar a un cochero de los que esperaban en la fila, no logré hacerme entender de él, ni tampoco entenderlo. Como si hablásemos dos idiomas distintos de los que coincidía...



Y yo no sólo me sabía otro, sino que me iba descubriendo día a día, hoy un detalle, mañana una sorpresa, después un susto. No hace muchas líneas me comparé al viajero que regresa; ahora tengo que corregir la imagen: regresé, sí, pero desde una altura donde había dejado mi piel ardiendo...



A gente fría desta terra sem poesía
nem faz caso desta lúa nem se emporta pel o luar.
En quanto a onza, la na verde capoeira
leva una houra enteira vendo a lúa a soluçar.



Gonzalo Torrente Ballester nació en El Ferrol en 1910. Se licenció en Ciencías Históricas en la Universidad de Santiago. En 1940 fue nombrado catedrático de Lengua y Literatura y ejerció el periodismo como crítico de teatro. Entre 1966 y 1970 fue profesor de Literatura Española en Albany (EE.UU.) A su regreso ejerció la docencia en un instituto salmantino, Publicó numerosos estudios literarios

Como novelista empezó a publicar tardíamente y el éxito le llegó en la madurez. En 1957 aparece el primer volumen de su célebre trilogía Los gozos y las sombras, que obtuvo en 1959 el Premio de Novela de la Fundación Juan March. Filomeno, a mí pesar obtuvo el Premio Planeta 1988 y La novela de Pepe Ansúrez, el Premio Azorín 1994. En 1982 se le concedió el Premio Príncipe de Asturias y en 1985 el Premio Cervantes de Literatura.











No hay comentarios:

Publicar un comentario