miércoles, 7 de agosto de 2013

Estampas japonesas en el Museo del Prado




Los viejos recuerdos, olvidados hace mucho tiempo, tornaron a nosotros rezumando un nuevo sentido. Las esperanzas atenazadas por el miedo, los impulsos de ternura que no nos atrevíamos a exteriorizar, surgen inmersos en un renovado esplendor. Nuestro espíritu es la tela sobre la cual dispone el artista sus colores: los tonos claros corresponderán a la expresión de nuestra alegría y las sombras a los sentimientos más tristes. La obra maestra está en nuestro interior tanto como nosotros estamos en la obra maestra. Kakuzo Okakura "The book of Tea"




El término japonés ukiyo-e viene utilizándose con frecuencia para designar genéricamente la producción artística de imágenes, pintadas o grabadas, surgidas en el Japón del período Edo (1603-1868).





Dichas imágenes, conocidas como e en japonés representaban el ukiyo, el mundo flotante , efímero, ilusorio y placentero de las clases urbanas de los siglo XVII al XIX.
 

 
 Katsushika Hokusai
Templo de Kameido, de la serie Vistas amosas de la Capital Oriental 1800
MAN, adquisición 1936
 

Las estampas japonesas estuvieron íntimamente vinculadas a esta cultura popular y, como tales, fueron fruto y reflejo directo de la vida cotidiana de dicha población urbana.
Fue en este contexto en el que se produjeron los elegantes retratos de cortesanas, los enérgicos retratos de actores de teatro Kabuki, las imaginativas y explícitas escenas eróticas, las vistas de lugares famosos, las violentas escenas de lucha -real en la guerra o simbólica en el sumo-, las delicadas representaciones de flores y pájaros, y las ilustraciones de la literatura  fantástica, histórica, poética o paródica, que reflejaban el espíritu del ukiyo, el placer plebeyo del derroche, el gusto por la extravagancia, el lujo y la ostentación. 
 

Kitagawa Utamaro
Dos jóvenes mujeres con abanico c. 1790-1800
MAN, adquisición 1936
 

Una gran parte de las veintisiete obras que aquí se exponen tienen su origen en la Exposición de estampas japonesas antiguas y modernas que se presentó en el Museo Nacional de Arte Moderno en el verano de 1936 por la Unión Centrale Arts Décoratifs de París y la Asociación Japonesa de Grabadores, Nippon Hanga Kyokai; una muestra itinerante por Occidente encaminada a presentar de manera global y extensa la historia del grabado japonés, desde sus inicios hasta el siglo XX.


Atribuido a Toril Kiyonobu
Actores representando la obra teatral Daifukucho, 1697
MAN, adquisición 1936



Fue presentada inicialmente en el Pabellón Marsan del Palacio del Louvre en febrero de 1934, para iniciar una ruta europea que, tras pasar por Ginebra, la llevo hasta el Museo Nacional de Arte Moderno de Madrid. En junio de 1936, el director del Museo informaba  al embajador de Japón en Madrid de la decisión de comprar veinte de ellas.


Toyohara Chikanobu
Panorama del Lago Shinobazu desde el Templo Kiyomizu, en Ueno 1894





"Cuando yo era joven ensalzaba al maestro cuyos cuadros amaba; pero a medida que fue madurando mi juicio, me alabé a mí mismo por amar aquello que los maestros habían creado para que yo amase". Dinastía Song
                                                                             



Wagashi, el toque dulce de Japón

Cuando hablamos de Wagashi no nos referimos únicamente a un tipo de dulce o de elaboración de confitería. Estos delicados bocados pueden hacerse de muy distintas formas, por lo que podemos agruparlos en varios tipos: namagashi, yokan, monaka, manju e higashi. Las primeras tienen formas muy delicadas y se preparan todos los días, variando según las cuatro temporadas del año; la variedad yokan es un dulce gelatinoso y espeso hecho con judías azuki, kanten y azúcar; la monaka, por su parte, hace referencia a una golosina elaborada también con pasta de judías, pero colocada entre dos obleas crujientes de arroz glutinoso; el manju es pan dulce relleno de pasta de judías; y el higashi o dulce seco incorpora almidón a la mezcla de arroz y azúcar.
 
A pesar de su moderna apariencia, estos dulces tienen una larga historia, comenzaron a producirse en la antigua capital imperial, Kyoto y representan la esencia de la cultura japones.

Apariencia, sabor, textura, fragancia y sonido.

Receta

Bizcocho de té Matcha

A la tradición del wagashi en Japón, hay que sumar las nuevas propuestas dulces surgidas en los últimos años, muchas elaboradas a través de un exquisito ingrediente: el té matcha. Se usa principalmente para la ceremonia del té y, además, y de forma más actual, en infusiones, helados o sorbetes. También se puede degustar como bizcocho. 

Ingredientes:

3 huevos
60 g. de azúcar
30 g. de harina de trigo y 10 g. de maizena
20 g. de té matcha
70 ml. de nata
Azúcar glass para decorar
 
Preparación:

Batir las yemas junto a la mitad del azúcar. Una vez blanqueadas, se va añadiendo la harina tamizada y mezclada y el té matcha. Todo bien mezclado, se añade la nata, ligeramente montada. Por otro lado se baten las claras de huevo y se añade el resto del azúcar para conseguir un merengue. Unimos las dos mezclas y las ponemos en un molde rectangular previamente engrasado. Se hornea durante 15 minutos a 180º

(El té matcha es el té verde más puro y concentrado que existe en el mercado.) 


Bizcocho de té Matcha









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