viernes, 23 de agosto de 2013

Marianela. Benito Pérez Galdós (1843 - 1920)


Las Palmas

Benito Pérez Galdós nació en Las Palmas de Gran Canaria, 1843 y falleció en Madrid en 1920, representa la culminación de la narrativa española realista, tanto por la calidad de sus creaciones como por la amplitud de su obra literaria, compuesta casi por un centenar de novelas y veinte obras de teatro.
 
Desde los diecinueve años vivió en Madrid, donde inició estudios de Derecho, pero muy pronto se orientó hacia el periodismo como paso previo a su carrera literaria.
 
En 1867 viajó a París; allí conoció a Balzac -máximo representante del realismo francés-,de quién adoptará los procedimientos narrativos del movimiento realista.
 
No tardó en dedicarse plenamente a la literatura, aunque participó en la política de su tiempo, ocupando el cargo de diputado por el Partido Liberal en 1886, y por el Partido Republicano en 1907; esta radicalización ideológica originó que la Real Academia Española -estimulada por los sectores más intransigentes del país- se opusiera a su candidatura al Premio Nobel en 1912.
 
Los últimos años de su vida los pasó completamente ciego, afectado de serias dificultades económicas, pero considerado una gloria de las letras españolas.
 

Gran Canaria

Marianela se publicó en 1878, poco después de que en España se restaurase la monarquía de los Borbones; a lo largo de sus páginas aparecen personajes y se suscitan debates e ideas muy característicos de la España del último tercio del siglo XIX.
Marianela se viene situando entre las novelas de tesis, un período anterior a la madurez narrativa de Galdós lo que se refleja en detalles concretos del texto.


Gran Canaria

Algunos críticos han señalado la influencia de una famosa obra del escritor alemán Goethe, Wilhem Meister; en concreto del personaje de Mignon, una chica de la edad de Marianela, muy menuda de cuerpo también, la cual viaja por los pueblos con una compañía de acróbatas que la maltratan y desprecian; tiene extraordinaria habilidad para el baile, algo que impresiona al protagonista, que no duda en convertirla en su sierva-acompañante.
De carácter ingenuo, impulsivo y natural, Mignon morirá así mismo de amor y celos al comprobar que su señor ama a otra mujer.

Galdós pudo, sin duda, aprovechar el precedente del personaje de Goethe para crear la figura de la chica abandonada y raquítica (Marianela), enamorada de un joven inteligente, cuyo involuntario desdén amoroso precipitará su final; sin embargo no procede de este modelo el motivo de la ceguera del amo, cuya eliminación deja al descubierto la invencible distancia física y social que les separaba.
Con todo, Galdós, a partir de este conflicto básico, aprovecha para exponer su "tesis" acerca de la importancia de la educación para evitar la desoladora situación en la que ha vivido Marianela, en un estado semisalvaje marcado por la pobreza y el sometimiento a todo tipo de creencias irracionales o supersticiosas.


Gran Canaria

Galdós terminó la redacción de Marianela en enero de 1878, meses después de concluir la segunda parte de Gloria y uno de los Episodios Nacionales de la segunda serie: El terror de 1824; todo indica que la escribió a toda velocidad; sin embargo, el personaje de Marianela es uno de los más populares que salieron de su pluma, al representar al ser humano desvalido, nacido solo para sufrir.
Para el propio Galdós fue una de las criaturas más queridas; a este respecto cuenta Montesinos que en sus últimos años al escuchar a la actriz Margarita Xirgu representando la versión dramática del relato, obra de los hermanos Quintero, el viejo novelista ya completamente ciego se acercó a ella exclamando entre lágrimas: "¡Nela, Nela!".
Además de esta adaptación teatral, la novela fue llevada al cine en 1940 por Benito Perojo; posteriormente, Angelino Fons dirigió otra versión de la novela, en 1973, con Rocío Durcal en el papel protagonista.

La fuerza de este personaje central -encarnación de lo que hoy en día llamaríamos complejo de inferioridad a causa de un aspecto físico desgraciado- favorece la vigencia del libro, donde aparece también el tema romántico de los amores contrariados, dispuesto todo ello con gran sencillez compositiva, lo que facilita la lectura.
 

Gran Canaria

Se puso el sol. Tras el breve crepúsculo vino tranquila y oscura la noche, en cuyo negro seno murieron poco a poco los últimos rumores de la tierra soñolienta, y el viajero siguió adelante en su camino, apresurando su paso a medida que avanzaba el de la noche. Iba por angosta vereda, de esas que sobre el césped traza el constante pisar de hombres y brutos, y subía sin cansancio por el cerro...










Historia de la olivina

Hace muchos siglos, cuando la tierra de Lanzarote aun estaba caliente por el fuego de los volcanes, los campesinos hacían vida a la orilla del mar buscando el zócalo de los acantilados y la brisa del mar.

Y era de todos conocidos que las mejores cabras las tenía Tomás el viejo, que vivia más allá de las Playas de Papagayo, en el macizo de Puerto Mulas. En verano su nieta Olivina, una adolescente de piel morena tostada al sol y de ojos verdes, pasaba con él los días para ayudarle a ordeñar al ganado y en las tareas de la casa. La niña era bastante despistada, pero lo suplía con un especial encanto que maravillaba a su viejo abuelo.

Todas las mañanas tomás salía por la vereda del risco y llevaba a sus cabras a pastar a los lugares más recónditos para que se criaran fuertes y sanas. Pero uno de esos días el sol de la isla pudo con el hombre y llegó a casa antes de lo previsto con una fuerte insolación. Olivina cuidó de él mientras mejoraba.

A pesar de lo mal que se encontraba Tomás el Viejo, las cabras debían seguir pastando, en otras circunstancias no habría permitido que Olivina saliera de casa con las cabras, pero no tenía más opciones. Así que advirtió a su nieta "queda en tu mano cuidar las cabras, no permitas que le pase nada a ninguna". Olivina se preparó he hizo el mismo recorrido que su abuelo hacia cada día.

Durante el camino, Olivina se entretuvo en encontrar mejores llanos para aque pastaran los animales, cuando llegó el momento de la bajada, con el recuento, echó en falta una de las cabras. De pronto la vio subida en un desfiladero de rocas.

Apresuró el paso tentando la caída varias veces y agarró una de las patas del animal, pero éste se asustó y cayó por el precipicio. Olivina sabía que debía correr a guiar al resto de las cabras.

Cuando llegó a la orilla del mar se puso a llorar desconsoladamente lágrimas verdes. Lágrimas verdes que el mar recogía en forma de gotas que no se diluían en el agua salada. La estampa fue presenciada por un grupo de gaviotas que eran guardianes del cielo de la Diosa Timanfaya. Conmovidas por el sufrimiento de la niña descendieron del cielo para coger en su pico las pequeñas lágrimas. Con las lágrimas en los picos, Timanfaya las hizo llamar y les pidió que sepultaran en las piedras volcánicas esas lágrimas verdes que eran sinónimo de dolor.

La magia ocurrió cuando piedra y lágrima se unieron formando lo que hoy conocemos como Olivina, que no era otra cosa que la mezcla de la tierra y el ser humano. TAGS. Leyendas de Canarias. Leyendas de Lanzarote





 

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