miércoles, 21 de agosto de 2013

Vacaciones en Roma. Audrey Hepburn y Gregory Peck



Durante los sesenta, la Audrey cinematográfica experimentó un cambio radical . Pasó de rodar Charada (1963) con Cary Grant, que la aventajaba en un cuarto de siglo, a trabajar en Dos en la carretera (1967) con Albert Finney, que era seis años menor.
 
Entre ambas, un proyecto que había acariciado desde que había visto la obra de teatro un decenio antes: My Fair Lady (1964).



Audrey, que siempre cayó bien a todo aquel con el que trabajó, se metió en el único berenjenal de su carrera. Muchos en la industria vieron con malos ojos que la película no la protagonizara la misma actriz que había popularizado sobre las tablas del teatro el personaje de Eliza Doolittle, Julie Andrews, y más cuando el profesor Higgins iba a ser el mismo que en el teatro, Rex Harrison.


Julie Andrews

 
El enfado fue mayúsculo cuando se supo que Audrrey iba a ser doblada en los números musicales. En su descargo hay que decir que la productora actuó a sus espaldas y que ella había cantado en todas sus escenas. La venganza llegó con los Oscar: la Hepburn no fue ni siquiera nominada, y el premio a la mejor actriz fue para Julie Andrews por Mary Poppins.



A Audrey  le costó mucho aceptar Dos en la carretera, la historia de un matrimonio que se desintegra a lo largo de diez años. No estaba segura de que su público aceptara verla en una película tan agridulce. No le gustaba el camino que estaba tomando el nuevo cine.



 La explicitud sexual y la violencia de Bonnie y Clyde o El graduado, ambas cintas estrenadas también en 1967, no casaban con la marca Audrey Hepburn. Había llegado a un punto de inflexión. A los 36 años, tras rodar un thriller con el que se había comprometido, se retiraría.



La película era Sola en la oscuridad, su quinta mención al Oscar, y estaba dirigida por Terence Young, un paracaidista británico caído en la localidad holandesa de Arnhem durante la guerra y al que ella misma había atendido.



 Audrey y su primer esposo, el actor Mel Ferrer, 1955.

Su adiós al cine fue también su adiós a Mel Ferrer. Tal vez su aventura con Albert Finney durante el rodaje de Dos en la carretera le ayudó a tomar la decisión. Tras ocho años apartada de la cámara, regresó para rodar la crepuscular Robin y Marian (1967) y maravillar al mundo con la tersura de su piel a los 45 años.



Después se embarcaría en un par de proyectos olvidables y se despediría para siempre del público como el ángel que guía a un piloto hacia la muerte en, precisamente, Para siempre (1989).



 Tras su divorcio de Mel se introdujo en la dolce vita romana. Fue vista con el torero Antonio Ordoñez o con el aristócrata Alfonso de Borbón, con quien mantuvo un breve romance. Quién robó de verdad el corazón de la diva fue el afamado psiquiatra hijo de condes.



Se llamaba Andrea Dotti y tenía casi diez años menos que ella. Se casaron de inmediato, y al cabo de un año eran padres de un niño, Luca. Una vez más Audrey se vio prisionera de un matrimonio infeliz.

Mientra ella huía despavorida de los paparazzi y la prensa, su marido los vivía como algo glamuroso, e incluso se atrevió a conceder algunas entrevistas en las que presumía de esposa.




Cuando Audrey regresaba a su casa en Suiza, él disfrutaba de la noche romana con impresionantes mujeres. "Solemos creer que, si amamos a alguien de verdad, todo se arreglará, pero eso no ocurre", explicaría la actriz en una entrevista.


En 1978 el matrimonio llegó a su fin, y Audry, de 49 años, se sumió en una profunda depresión que la llevó a contemplar el suicidio.




El salvavidas de Audrey fue su trabajo para Unicef, que acometió con más ímpetu que ninguno de sus rodajes, y el actor holandés Robert Wolders, el último y gran amor de su vida.


Ambos dieron la vuelta al globo varias veces con los proyectos humanitarios de Audrey a favor de la infancia. En 1992, a los 63 años, se le diagnosticó un agresivo cáncer de colon.



El domingo 20 de enero de 1993, en su hogar suizo, ella, siempre bien educada, se disculpaba ante Robert y sus hijos. "Lo siento, pero estoy lista para partir".



Finalizada la Segunda Guerra Mundial, Audrey y su familia, como muchísimos otros holandeses, recibieron leche en polvo, mantas y medicamentos del programa de asistencia de Unicef, el organismo de la ONU para la protección de la infancia. La actriz siempre estuvo profundamente agradecida, y en 1988 se presentó voluntaria para ser embajadora de la organización.



Se tomó el trabajo más en serio que ninguno de sus rodajes. No le temió a las epidemias que asolaron algunos de los puntos de África que visitó, Etiopía en 1988.



Mientras que durante su carrera como actriz solo concedía tres o cuatro entrevistas diarias, ahora podía dar hasta quince.



En 1990 narró fragmentos de El diario de Ana Frank acompañada de una orquesta en una serie de galas benéficas.



El libro era muy especial para ella, que había nacido el mismo año que la joven judía víctima del Holocausto y había leído el diario nada más apareció publicado.









 


Estrenada el 27 de agosto de 1953 en Nueva york

Productora: Paramount Pictures
Director: William Wyler

Música: Georges Auric
Guión: Ian McLellan hunter

Vestuario: Edith Head
Género: comedia romántica

Protagonistas: Audrey Hepburn, Gregory  Peck, Eddie Albert 


Audrey con Gregory Peck 
 




PREMIOS:

1953, 3 Oscars: Mejor actriz (Audrey Hepburn), Mejor Argumento Original  y
                          Mejor Vestuario. (10 nominaciones).

1953,Globos de Oro: Mejor actriz dramática (Audrey Hepburn)

1953, Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor actriz (Audrey Hepburn)

1953, Premios BAFTA : Mejor actriz británica (Audrey Hepburn) 4 nominaciones



Audrey Hepburn feliz con su Oscar a la Mejor Actriz
 







La princesa Anna (Audrey Hepburn) se encuentra en Roma en visita oficial. Cansada de sus obligaciones y de la soledad de su cargo, decide escaparse durante la noche y vivir la vida de un ser común y corriente, sin formalismos.



Se queda dormida en la calle y es recogida por un americano que resulta ser un periodista llamado Joe Bradley (Gregory Peck) quién se ofrece para hacer de guía de ella en Roma.



En un principio, el interés de Bradley al reconocerla como princesa, es conseguir una exclusiva de 5000 dólares sobre sus vivencias, sin que ella se de cuenta hace que su amigo y fotógrafo le saque fotos a escondidas para después publicarlas y hacerse famoso.





Ella está encantada, conocer la ciudad como una persona más. Durante el día que pasan juntos, se divierten, surge algo entre ellos y descubren que se han enamorado.


Cuando la ausencia de la princesa ya no se puede prolongar surge el conficto entre el deber y los sentimientos.



Y la princesa tiene que tomar una difícil decisión...

 
 


 


 







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