sábado, 27 de julio de 2013

W. Shakespeare (1564 - 1616) Un sueño de la noche de San Juan.



"El amor no mira con los ojos, sino con el alma", o, como también podría traducirse, "con la imaginación" dice Shakespeare por obra de uno de sus personajes; lo que cuenta no es, pues, lo que se ve, sino lo que se imagina, lo que se sueña, el enamoramiento, más que como realidad verificable por los sentidos, fruto de una rara fantasía que surge de lo más hondo y misterioso de nosotros. Nada más adecuado, según eso, que un cuento de hadas lleno de enredos y burlón para este juego teatral sobre el amor como quimera.


Un sueño de la noche de San Juan, o, en el título que tiene ya una larga tradición, El sueño de una noche de verano, se presenta como una parábola galante, un entretenimiento en forma de comedia; no parece querer comunicarnos nada de suma gravedad -aunque nunca se sabe, porque ya verá el lector que las apariencias son muy engañosas-, por así decirlo es una obra de diversión perfectamente gratuita, con una brillante envoltura de magia y ensueño.

Aunque lo de la gratuidad hay que entenderlo de manera metafórica -Shakespeare vivió siempre de su trabajo; es decir, de su pluma y de su compañía-, porque ésta fue una comedia pagada y sin duda bien pagada, más aún, de encargo, para amenizar una fiesta nupcial. No sabemos quién se casó en aquella ocasión, pero tuvo que ser alguien de campanillas, quizá la madre del conde Derby con Lady Elizabeth Vere, a quien el mismo Southampton había rechazado...

 Lo cierto es que se estrenó en un palacio -probablemente en un patio al aire libre abierto a unos jardines- en los últimos años del siglo XVI, hacia 1595, cuando Shakespeare está más o menos en la treintena y empieza a ser rico y famoso. Luego, con algún retoque, la comedia se adaptó para el público en general, disimulando que en su origen era una obra de circunstancias, y después de representarse varias temporadas, se publicó en el año 1600.

Junto con la última comedia de Shakespeare, La tempestad, tiene una característica que la distingue de todo su teatro: la magia. No por contener elementos prodigiosos, sino porque se funda en la magia y se justifica por ella. La tempestad es una meditación otoñal, a modo de despedida, que lo abarca todo, pero este sueño de San Juan tiene un aire más juvenil y travieso; habla del amor como de una fábula que enseña por medios oníricos.

Como no podía ser menos, se empieza con una boda, nada más adecuado para fundir realidad y ficción: el duque de Atenas, Teseo, se va a casar con Hipólita, pero estos nombres ya nos meten de lleno en la mitología contada por Plutarco; una pareja, de rompe y rasga: él es el héroe de mil aventuras, por ejemplo, la del Minotauro, ella, la reina de las amazonas, las mujeres guerreras.

La comedia acumula más variaciones festivas del tema del amor en discordia, tal vez equivocado, violento. Oberón, rey de los duendes, riñe con la reina Titania, disputan por un raro pajecillo que se supone era una alusión maliciosa que debían de entender los convidados. Y también salen a relucir celos. Oberón tuvo amores con Hipólita ("la intrépida amazona, tu señora con botas, tu amor guerrero"), según le reprocha la reina, y ésta a su vez sintió debilidad por Teseo, como le replica su marido.

Tampoco en las altas esferas de los reyes (de los duendes y las hadas) y los duques (de una mítica Atenas) -nadie se puede dar por aludido, lo cual sería muy peligroso- faltan sombras en el pasado, y dimes y diretes; pero los novios principales de ahora, los duques, quedan bastante al margen de estas complicaciones, ya que por su condición representaban a los protagonistas de la fiesta, y Shakespeare no iba a ofenderles ni a provocar sus suspicacias.



Mitología y costumbrismo cómico, intrigas de comedia de amor, y alguien que va a enmarañarlo todo, un duendecillo llamado Puck, el Berto Pillín de la traducción de Valverde; es un espíritu enredador que sale del folclore y de las antiguas leyendas nórdicas, en las que tenía un perfil mucho más siniestro, de diablo maligno, aquí convenientemente suavizado.

Las desavenencias entre Titania y Oberón mueven a éste a requerir los ervicios de Puck para una venganza que tiene que crear un simulacro de amor fatal: el jugo de cierta flor "puesto en párpados dormidos, hacen que el hombre o la mujer enloquezcan de amor por el primer ser vivo que vean". La magia causará artificialmente los mismos efectos que la imaginación, sin magia alguna, ya se basta para crear, aumentando así el desorden y el engaño, la locura natural del enamoramiento.

Sin renunciar a la jovialidad y las fastuosas parrafadas poéticas como Shakespeare nos tiene acostumbrados, la comedia se va adentrando en un clima un poco alarmante; ese bosque, poblado de bichos asquerosos y amenazadores, "sierpes de doble lengua", erizos, lagartijas, gusanos, arañas y "negros insectos", ademas de las fieras a las que se alude, no es un sitio muy acogedor...




Autor: William Shakespeare
Título: A midsummer's night dream
 
Traducción del inglés: José María Valverde
Ilustraciones: Gerhard Hofmann
 
Prólogo: Carlos Pujol
Editorial: Planeta
Nº Páginas: 223








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