sábado, 20 de julio de 2013

R. L. Stevenson (1850 - 1894) Dr. Jekyll & Mr. Hyde.



A el extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde le cabe el dudoso honor de haber pasado a formar parte de la más popular cultura literatia.

Eso quiere decir, sin necesidad de haber leído el libro, cualquiera sabe de su argumento, y que la sola mención del título vale para aludir, en cualquier contexto, al tema de la doble personalidad que en él se plantea. De este modo, los valores literarios y los más complejos contenidos de la obra han quedado con frecuencia desplazados por el lugar común tejido sobre ella.

Y hasta la directa lectura del texto se ha visto condicionada o prejuiciada por ello.


Esta obra, un apasionante relato de misterio, una obra maestra de la literatura fantástica. E insistir que más allá del tema del doble, en él tiene lugar una ambigua reflexión sobre el Mal.

Por su parte, ya Navokov -entre muchos- destacó la extraordinaria virtud de su estilo, y conforme a ello señaló este "relato espectral" (según calificó el propio Stevenson a la pesadilla que -decía- le inspiró la obra) como una fábula que se sitúa más cerca de la poesía que de la ordinaria ficción en prosa, y por lo tanto pertenece al mismo orden artístico que, por ejemplo, "Madame Bovary o Las almas muertas".

A lo largo de su carrera literaria, el tema de la doble personalidad, complicado siempre con una sutil exploración de carácter moral, preocupó reiteradamente a Stevenson. El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde (1886) la pieza en que esta obsesión se resolvió de una forma más rotunda y ejemplar, consiguiendo maravillosamente lo que el mismo Stevenson declaraba como objetivo principal de toda escritura artística: "interesar, decepcionar, sorprender y, al mismo tiempo, deleitar".

Jorge Luis Borges resumía así los datos principales de la vida de Stevenson:"Robert Louis Stevenson nació en Edimburgo a principios de 1850. Sus padres fueron ingenieros constructores de faros; una línea famosa rememora las torres que fundaron y las lámparas que encendieron. Su vida fue dura y valerosa. Guardó hasta el fin, como él mismo escribió de un amigo suyo, la voluntad de sonreír. La tuberculosis  lo llevó de Inglaterra al Mediterráneo, del Mediterráneo a California, de California, definitivamente, a Samoa, en el otro hemisferio. Murió en 1894. Los nativos lo llamaban Tusitala, narrador de cuentos; Stevenson abordó todos los géneros, incluso la plegaria, la fábula y la poesía, pero la posteridad prefiere recordarlo como narrador. Adjuró del calvinismo, pero creía, como los hindúes, que el universo está regido por una ley moral y que un rufián, un tigre o una hormiga saben que hay cosas que no deben hacer". 
 


Epílogo: La puerta lateral

No puede decirse que la Muerte como tema haya resultado precisamente indiferente a los escritores. Lo que todavía no se sabe es lo que piensa la Muerte de lo que se ha dicho sobre ella. Si yo fuera la Muerte tal vez elegiría, de entre todo lo escrito sobre mí, estas palabras del gran Stendhal: "¿Habéis pasado alguna vez en los pequeños barcos bajo el puente del Santo Espíritu, navegando por el Rodano, cerca de Aviñón? Se habla de él, os ponéis nerviosos, lo veis ya muy próximo, al fin os acercáis; la corriente arrastra el barquichuelo con más fuerza; un instante solamente, y ya el puente quedó atrás. Eso es todo".

Pero es ridículo pensar que la Muerte elegiría estas palabras y apartaría otras. Porque como muy bien sabemos, la Muerte lo elige todo. Tanto es así que hasta sería capaz de quedarse con las más lúcidas y envenenadas palabras que sobre ella se han pronunciado. Su autor Céline: "En el juego del hombre, el instinto de muerte, el instinto silencioso está colocado en el centro junto al egoísmo. Ocupa el lugar del cero en la ruleta. El casino gana siempre. La muerte también".

Robert Louis Stevenson aportó esta modesta pero encantadora colaboración al tema de la Muerte: "Vivimos el tiempo que luce una cerilla. Hacemos saltar el corcho de una botella de cerveza de jengibre y al momento nos traga el terremoto. ¿No es extraño, no es incongruente, no es -en el más alto sentido de la palabra en el lenguaje humano-, no es increíble que pensemos tanto en la cerveza de jengibre y tan poco en el devorador terremoto?".

Los escritores escriben frases que a veces terminan por ser premonitorias. Es como si la maldita Muerte espiara sus palabras cuando se dedican a escribir sobre ella. A veces el destino de los autores sigue al de sus mejores frases sobre la Muerte. Es conocido el caso del viejo Tolstoi, que abandonó en 1910 a su familia para vagar y morir en la habitación de un jefe de estación en medio del estrépito de los trenes que mataron a Anna Karenina. Enrique Vilas-Matas

                                                                                       
 Snowy evening 
Georges Lemmen (1865 - 1916)




Autor: Robert L. Stevenson
Título: Dr. Jekyll and Mr. Hyde

Traducción del inglés: Carmen Criado
Ilustraciones: Willi Glasauer

Editorial: Alianza Editorial S.A.
Nº Páginas: 165





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