domingo, 7 de julio de 2013

Small g: un idilio de verano. Patricia Highsmith (1921 - 1995)


"Cuida de tu cuerpo, es el único lugar que tienes para vivir."
                                                                        Jim Rohn
 
 


A pesar de que las dos primeras páginas relatan pormenorizadamente un homicidio, ni el asesino ni su víctima son los personajes centrales de esta novela: el primero surge de la anónima violencia presente en las oscuras calles de algunos barrios de Zúrich; en cuanto al veinteañero Peter Ritter, salvajemente apuñalado a la salida de un cine, es apenas un nombre propio y unas cuantas fotografías colgadas del afligido recuerdo de su amante, el ya maduro Rickie Markwalder.

En Jakob's, una cafetería señalada en las guías con una "g" minúscula -lo que significa que se trata de un club no exclusivo para gays-, Rickie suele encontrar a la joven Luisa aparece siempre en compañía de su jefa, la resabiada y contrahecha Renate, que se muestra hostil a los habituales de Jakob's e intenta impedir, aunque sin éxito, que su protegida entable amistad con ellos y pase a formar parte del ambiente.

Rickie sintió que la velada había sido un éxito y había marcado un hito. ¿Su relación con Freddie llegaría a ser algo tan fuerte y estable como la de él con Gertrud? Sabía que no tenía sentido hacerse esa pregunta. Ni preguntárselo a Freddie. Lo curioso era que, íntimamente, se sentía feliz.



Hábil narradora, Patricia Highsmith, creadora de atmósferas angustiosa y de personajes ambiguos como inolvidables, sus obras han atraído no sólo a lectores sino también a cineastas como Wenders o Samuel Fuller. 


Patricia Highsmith había nacido en Tejas (Estados Unidos de América) en 1921 y falleció en Locarno (Suiza) en 1995.

 

  Autora: Patricia Highsmith
Título: Small g: a Summer I dyll

Traducción del inglés: Elsa Mateo
Ilustración: Nuria Armengol

Editorial: Anagrama S.A.
Nº Páginas: 387







Cartas a mi mismo
Ramón Gómez de la Serna


 ¿Hacia dónde va el tiempo? Ya que nos hemos vuelto tan modestos y tan cobardes que no preguntamos hacia dónde vamos nosotros, hagamos pregunas tan generalizadoras y tan neutrales. 

 Tengo la sospecha de que los adornos de la vida nos roban la vida, nos distraen.

 El vacío está en nuestro fondo provocando el vértigo y sólo la mirada al cielo nos da la esperanza de vivir agarrándonos al brocal, levantando la cabeza fuera de nosotros mismos.



 
Nos queda la soledad que es extensa como el universo y que hace su jardín en las estrellas.
Te elegí para crear un epistolario maestro en confidencias, y no acaban de salirme las que yo esperaba que nos aclarasen la vida.




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