domingo, 14 de julio de 2013

Zorba el griego. Nikos Kazantzakis (1883 - 1957)



A menudo he querido narrar los hechos y hazañas de Alexis Zorba, un viejo jornalero al que he querido mucho.

El el curso de la vida, mis mayores benefactores han sido los viajes y los sueños. los hombre, muertos o vivos, me han ayudado poco en mi lucha. Sin embargo, si yo quisiera distinguir a los hombres que han dejado una huella más profunda en mi alma, quizá me decidiera por Homero, Buda, Bergson, Nietzsche y Zorba.

El primero ha sido para mi el ojo apacible y resplandeciente, como el disco solar, que ilumina el universo con su disco redentor. Buda, la pupila tenebrosa e inaccesible en la que el mundo se ahoga y se libera. Bergson me ha liberado de determinadas preguntas filosóficas sin respuesta, que me atormentaron en mi primera juventud. Nietzsche me ha enriquecido con nuevas angustias y me ha enseñado a transustanciar la desdicha y la amargura en orgullo. Y Zorba me ha enseñado a amar la vida y no temer a la muerte.




Si en mi existencia tuviera que elegir un guía espiritual,  un gurú, como dicen los hindúes, o un Viejo, como dicen los monjes del monte Athos, seguramente elegiría a Zorba.




Porque precisamente el tenía lo que un emborrona cuartillas necesita para salvarse: la mirada primitiva que otea, como una flecha, a su presa; la ingenuidad creadora, renovada cada mañana, que permite ver incesantemente el universo por primera vez he imprime virginidad a los elementos eternos y cotidianos -el viento, el mar, el fuego, la mujer, el pan-; una mano firme , un corazón fresco el valor de burlarse de su propia alma y, finalmente, la risa sonora y salvaje, surgida de una fuente profunda, más profunda que las entrañas  del hombre,  que brota redentora del viejo pecho de Zorba en los momentos críticos; y cuando brotaba, podía derribar, y de hecho derribaba todos los muros -moral, religión, patria- que el hombre miserable y pecato ha levantado en su torno para andar despacito y con seguridad a lo largo de su vida.




"¿Acaso no puede el hombre, a fin de cuentas, hacer algo sin un porqué?".




Me encontré con él por primera vez en El Pireo. Había bajado yo al puerto para embarcarme con destino a Creta. Era un amanecer lluvioso.




Nikos kazantzakis nace en Heraklion (Creta) en 1883. Se licencia en derecho, en Atenas (1906). Es alumno de Bergson en París. Atraído por la filosofía oriental, viaja a Asía y a África.Traduce verso a verso La divina comedia (1933) y alcanza su cima poética con La odisea (1938).

Pero el reconocimiento literario le llegará a través de la novela, especialmente con Zorba el griego (1946) que narra la trayectoria aventurera e un hombre apasionado, amante de la vida y de la libertad, que habla con palabras pero también danzando, riendo y tañendo un instrumento, el santurí; temperamento, voz, baile, risa y melodía con los que establece una comunicación y una sintonía  inmediatas y profundas.

Otras obras seguirían: Cristo de nuevo crucificado (1948), Libertad o muerte (1953), La última tentación (1954) y Carta al greco, ésta de publicación póstuma (1961), pues moriría en 1957 en Friburgo (Alemania).



Autor: Nikos Kazantzakis
Título: O Alexis Zorbás

Traducción: Roberto Guiboug
Editorial: Círculo de Lectores
Nº Páginas: 362







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