viernes, 12 de julio de 2013

EL Pájaro y la Flor. Carlos Rubio



Mil quinientos años de poesía clásica japonesa

La poesía ha sido siempre la manifestación artística y cultural, casi religiosa, más popular y constante de la historia de Japón.Un juego sutil de luces y sombras con el cual se ha insinuado lo oculto, se ha exaltado veladamente la experiencia, se ha comprendido con sabiduría la naturaleza humana y la esencia de las cosas.




Como un florido bonsái se ofrecen en El pájaro y la flor, bellamente comprimidos, mil quinientos años de quehacer poético japonés. Desde las encantadoras canciones de la era de los dioses japoneses, en el siglo VI (recogidas en el kojiki, 712), pasando por los exquisitos tanka de la época clásica y los deslumbrantes haikus de hace trescientos años, hasta llegar a los atrevidos y apasionados versos de la poeta Akiko Yosano o las fulgurantes intuiciones de Santoka, en el siglo XX. Los 174 poemas de este florilegio, recreados en su métrica original y vertidos muchos de ellos por primera vez en español, reflejan la aguda y exquisita sensibilidad japonesa ante el mundo, la vida, la naturaleza.


Ni todo es haiku en la poesía de Japón, ni todo es Murakami o Mishima en su prosa. Pero sí que es de celebrar que la popularidad gozada actualmente en Occidente por el diminuto poema japonés y por esos dos autores haya contribuido a la curiosidad por la literatura japonesa que en nuestros días se observa.¿Representa un mundo irreal al que, por el delicado puente flotante de nuestros ensueños, deseamos llegar? Desde que el fenómeno del japonismo se instaló en Europa en la segunda mitad del siglo XIX.


El portugués Luis Frois, primer descubridor europeo de la cultura de Japón, formuló allá por el siglo XVI una meticulosa lista de diametrales oposiciones entre Japón y Occidente, que como tales, constituían en realidad inversiones de nosotros mismos, una cadena de relaciones transparentes de simetría.



Hay ocho nubes
en palacio de Izumo,
el de ocho vallas,
donde mora mi esposa
de ocho vallas guardada

Yakumo tatsu
Izumo yae gaki
Tsuma gomi ni
Yae gaki tsukuru
Sono yae gaki o

                                  (Kojiki)


Este poema, que en el relicario de la mitología japonesa, el kojiki, del año 712, aparece en labios de un dios, es tradicionalmente considerado el primero de la literatura de Japón.



¡Ah, mi Yamato!
Tus montes en cadena,
cual verdes vallas,
 te guardan como a un nido.
¡Yamato hermoso!

Yamato wa
Kuni no maoroba
Tananatsuku
Ao kaki yama gomereru
Yamato shi uruhashi

                                     (Kojiki) 


Este famoso elogio de Yamato, el corazón territorial del futuro Japón, es atribuido, al mismo Yamato Takeru, guerrero y poeta. 




El príncipe Shootoku (577-622)

Si en su casa estuviera
como almohada tendría
el brazo de su esposa
y no estas tristes hierbas...
¡Pobre caminante muerto!

Ie ni araba
Imo gate makan
Kusamakura
Tabi ni koyaseru
Kono tabito aware

                                 (Manyooshuu) 


Compuesto al hallar el cadáver de un hombre en el monte Tatsuya. "Una almohada de hierbas" (Kusamakura) será una metáfora predilecta del viaje y de la búsqueda en la posterior literatura japonesa. El príncipe Shootoku es conocido, sobre todo, como uno de los artífices del entonces recién creado Estado japonés. 



En El pájaro y la flor, el profesor Carlos Rubio, autor de esta antología bilingüe e ilustrada, ha armonizado su triple faceta de poeta, traductor de clásicos japoneses y conocedor de la cultura de Japón, para poner en nuestras manos una obra memorable.

Los poemas van precedidos de un amplio prologo en el que Carlos Rubio nos aporta los elementos estéticos y socio-culturales necesarios para apreciarlos mejor. Poemas que por su alcance universal, siguen llegando al corazón del ser humano de nuestro tiempo.







"La gente suele decir que la motivación no dura.
Bueno, tampoco lo hace el baño, por eso lo
recomendamos a diario."
                                                     Zig Ziglar



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