lunes, 15 de julio de 2013

Fazal Sheikh, fotógrafo.




Ramadan moon-Holanda (2000)

Nací en Mogadiscio en 1959. Mi padre trabajaba para el Gobierno del presidente Siad Barre como conductor. Vivía bien con mis padres; teníamos pocos problemas. En Mogadiscio, siempre pudimos ver la luna al comienzo del Ramadán. De pequeños subíamos a las colinas que rodean la ciudad, mientras la gente se aglomeraba sobre los tejados y muchos de ellos se aventuraban hasta el mar; todos nosotros esperábamos ver la primera aparición de la luna en cuarto creciente que marca el comienzo del Ramadan. Era el mes más feliz del año.

Durante los días del Ramadán, las mujeres preparaban la comida para el atardecer y daban la bienvenida a sus maridos cuando regresaban por la noche, y toda la familia se reunía para romper el ayuno. Mi madre preparaba dulces, samosas, kebabs, bajía (tortas) y dátiles, las comidas con los aromas más deliciosos de todo el año. En todo el vecindario sucedía lo mismo, porque los padres de los otros niños eran como los nuestros -una familia de verdad-, y si alguien pasaba por delante de una casa, la gente de dentro le invitaba a compartir  su comida. Entonces, cuando rompíamos el ayuno, caminábamos por la orilla del mar y tomábamos el aire del atardecer antes de seguir a la luna hacia la mezquita y rezar las últimas oraciones del día...



En el mes del Ramadán, el noveno mes del calendario islámico, fue revelado el Corán, una Guía para la humanidad con indicaciones claras para distinguir el Bien y el Mal.
Aquel de vosotros que vea la luna nueva de la primera noche de Ramadán deberá observar Saum (ayuno) ese mes, y aquel que esté enfermo o de viaje deberá completar el mismo número de días de ayuno en los que no respetó los otros días. Allah quiere que sea fácil para vosotros. No desea para vosotros que sea difícil.
(Corán 2:185) 



Un camello para el hijo - Somalia (1992-2000)

En 1990, los primeros somalíes cruzaron la frontera de Kenia para huir de la guerra civíl que se había iniciado en su país. Más de una década después, se estima que los enfrentamientos en Somalia han causado la muerte de unos 350.000somalies y más de un millón de exiliados. En la actualidad el número de refugiados somalies en campos de Kenia en Ifo, Dagahaley y Hagadera, cerca de la ciudad de Dadaab, supera los 120.000, el 80% de los cuales son mujeres y niños. Fazal Sheikh
                                                                         

En nuestra cultura, los hombres y las mujeres no son iguales: Cuando una madre da a luz un niño, a él le regalan un camello con la esperanza de que, para cuando el niño llegue a adulto, el camello haya engendrado todo un rebaño y le permita al hombre empezar a ganarse la vida. Cuando el hijo se casa, su madre pasa a formar parte de su familia y recibe su ayuda en cualquier problema que puede tener en el futuro.
 Cuando nace una niña, no hay nada para ella. No tendrá herencia alguna con la que iniciarse en la vida y permanecerá en casa encargándose del trabajo doméstico, mientras sus hermanos van a la escuela y a la madraza (la escuela coránica)...

Hadija y su padre

India - (2003-2005)

Secuencias de sueños
Tengo este sueño recurrente en el que me despierto de frío en las primeras horas de la mañana, justo antes del amanecer. Las otras viudas están dormidas y yo salgo de mi habitación en el ashram y me dirijo, caminando por los callejones desiertos, hasta el río. Cuando llego a los bancos del Yamuna y miro hacia la otra orilla, veo a mi marido de pie sobre el agua en mitad de la corriente. De pronto, veo a Krishna, con un sari puesto, detrás de él. Aunque mi marido parece muy apuesto, Krishna me pide que lo ignore y corra hacia él. Sin pensarlo, estiro la mano y agarro el final del sari de Krishna, que me arrastra con él hacia los cielos. Al principio todo está oscuro, pero luego, después de mucho tiempo, de pronto todo es brillante, como los rayos del sol. Cuando vuelvo a ver a Krishna está sentado en su trono y yo estoy sentada a sus pies.






India - (2007)



Kumkum
La madre de Kumkum, Neesha Sharma, fue expulsada de la casa de la familia de su marido cuando éste la dejó por no darle un hijo varón.

Mi hija pequeña sólo tenía unos días cuando nos echaron. A los pocos meses volví a la casa a ver si había vuelto mi marido. Como no había rastro de él, su familia me dijo que yo no tenía ningún derecho a estar en esa casa. Por eso decidí que la única oportunidad que tenía de sobrevivir era venirme aquí, al refugio...


Kalawati
Vamos al mercado y compramos manojos de rosas por quinientas o seiscientas rupias. Si tenemos cuidado de regarlas y cubrirlas con trapos, duran hasta un par de días. Luego, las dividimos y las mezclamos con hojas verdes para hacer ramos que las niñas más jóvenes venden en medio del tráfico. Un ramo cuesta diez rupias y, si tenemos suerte y los vendemos todos, al cabo de dos días habremos ganado unas doscientas rupias...







Fazal IIahi Sheikh nació en 1965 en la ciudad de Nueva York. Se graduó en la Universidad de Princeton con una licenciatura en 1987.

Desde entonces ha trabajado como fotógrafo documental de la vida en la frontera de las comunidades desplazadas en India, Pakistan Afganistan, Brasil y Cuba.





No hay comentarios:

Publicar un comentario