sábado, 6 de julio de 2013

Charles Baudelaire (1821 - 1867) Las Flores del Mal.


Andrey Remnev

Al Lector

La estulticia, el error, la ruindad y el pecado
Ocupan nuestras almas y roen nuestros cuerpos,
Y nosotros nutrimos nuestros remordimientos
Igual que los mendigos sustentan su miseria.

Los pecados son tercos, los pesares son laxos;
Con creces nos hacemos pagar las confesiones,
Y volveremos alegres al camino fangoso,
           Creyendo, en viles llantos, lavar todas las manchas.         

En la almohada del mal, es Satán Trimegisto
Quien mece sin cesar nuestro hechizado espíritu,
Y el precioso metal de nuestra voluntad
Se evapora por mor de ese sabio alquimista

¡El demonio maneja los hilos que nos mueven!
En objetos inmundos  hallamos seducciones;
Cada día bajamos un paso hacia el Infierno,
Sin horror, a través de tinieblas hediondas.

Igual al libertino que besa y mordisquea  
El pecho lacerado de un vieja ramera,   
Robamos de pasada un placer clandestino
Que exprimimos a fondo como seca naranja.

Ceñido,hormigueante, tal un millón de helmintos,
Un pueblo de Demonios bulle en nuestras cabezas,
Y, cuando respiramos, la Muerte en los pulmones
Desciende, río invisible, con quejas apagadas.

Si estupro, el puñal, la ponzoña, el incendio,
No bordaron aún con sus gratos diseños
El trivial cañamazo de nuestra mala suerte,
Es porque el alma nuestra no fue bastante osada.

Mas, entre los chacales, las panteras, las hienas,
Los simios y escorpiones, los buitres y las sierpes,
Los monstruos aulladores, gruñidores, rampantes,
En la infame leonera de todos nuestros vicios,

¡Hay uno más perverso, más feo, más inmundo!
Sin hacer grandes muecas ni lanzar grandes gritos,
Él haría con gusto de la tierra un residuo
Y, con sólo un bostezo, devoraría al mundo.

¡Es el Tedio! -los ojos anegados en llanto,
Imagina patíbulos mientras fuma su pipa.
Lector, tú bien conoces al monstruo delicado,
-¡Hipócrita lector mi prójimo- mi hermano!

 


VI. - Les Phares

Rubens, fleuve d'oubli, jardin de la paresse,
Oreiller de chair fraiche oú I'on ne peut aimer,
Mais oú la vie afflue et s'agite sans cesse,
Comme l'air dans le ciel et la mer dans la mer;

Léonard de Vinci, miroir profond et sombre,
Oú des anges charmants, avec un doux souris
Tout chargé de mystére, apparaissent á l'ombre
Des glaciers et des pins qui ferment leur pays,

Rembrandt, triste hôpital tout rempli de murmures,
Et dún grand crucifix décoré seulement,
Oú la priére en pleurs s'exhale des ordures,
Et d'un rayon d'hiver traversé brusquement;

Michel Ange, lieu vague oú l'on voit des Hercules
Se mêler á des Christs, el se lever tout droits
Des fantômes puissants qui dans les crépuscules
Déchirent leur suaire en étirant leurs doigts;

Coléres de boxseur, impudences de faune,
Toi qui sus ramasser la beauté des goujats,
Grand coeur gonflé d'orgueil, homme débile et jaune,
Puget, mélancolique empereur des forçats,

Watteau, ce carnaval oú bien des coeurs illustres,
Comme des papillons, errent en flamboyant,
Décors frais et légers éclairés par des lustres
Qui versent la folie á ce bal tournoyant,

Goya, cauchemar plein de choses inconnues,
De foetus qu'on fait cuire au milieu des sabbats,
De vieilles au miroir et d'enfants toutes nues,
Pour tenter les démons ajustant bien leurs bas;

Delacroix, lac de sang hanté des mauvais anges,
Ombragé par un bois de sapins toujours vert,
Oú, sous un ciel chagrin, des fanfares étranges
Passent, comme un soupir étouffé de Weber;

Ces malédictions, ces blasphémes, ces plaintes,
Ces extases, ces cris, ces pleurs, ces Te Deum,
Sont un écho redit par mille labyrinthes,
C'est pour les coeurs mortels un divin opium!

C'est un cri répété par mille sentinelles,
Un ordre  renvoyé par mille porte-voix;
C'est un phare allumé sur mille citadelles,
Un appel de chasseurs perdus dans les grands bois!

Car cést vraiment, Seigneur, le meilleur térmoignage
Que nous puissions donner de notre dignité
Que cet ardent sanglot qui roule d'âge en âge
Et vient mourir au bord de votre éternité!


 
 
Baudelaire es un poeta de fortuna estable. Menos en su propio tiempo, en el que sólo unos pocos catadores incisivos supieron apreciarlas, sus poesías han sido leídas con constancia por todas las generaciones posteriores, hasta nuestros días.
Esto lo convierte, sin duda, en un caso único. Baudelaire vivió la pérdida del aura que había rodeado la figura del poeta, como contrapartida generó una atmósfera, tan envolvente en su significado y tan poderosa en su alcance, que cualquiera que ha tenido el propósito de habitar en la poesía moderna se ha visto obligado, a respirar en su seno.
La poesía de Baudelaire no necesita de épocas propicias, todas lo son. 


Christopher R.W. Nevison

"Si la religión desapareciera del mundo, la volveriamos a
encontrar en el corazón de un ateo".

                                                                Charles Bodelaire
 
Charles Baudelaire (1821 - 1867)
Fotógrafo: Gaspard-Félix Tournachon (Nadar) 1820 - 1910



Autor: Charles Baudelaire
Título original: Les fleurs du mal
Traducción del francés: Manuel Neila
Prólogo: Rafael Argullol
Editorial: Ediciones Jucar
Nº Páginas: 375







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