sábado, 6 de julio de 2013

Alexandre Dumas (1802 - 1870) Los tres mosqueteros.




D'Artagnan cuenta que, en su primera visita al señor de Tréville, capitán de los mosqueteros del rey, encontró en su antecámara a tres jóvenes que servían en el ilustre cuerpo en el que él solicitaba el honor de ser recibido, que tenían por nombres los de Athos, Porthos y Aramis.

Confesamos que estos tres nombres extranjeros nos sorprendieron, y al punto nos vino a la mente que no eran mas que seudónimos con ayuda de los cuales D'Artagnan había disimulado nombres tal vez ilustres, si es que los portadores de esos nombres prestados no los habían escogido ellos mismos el día en que, por capricho, por descontento o por falta de fortuna, se habían endosado la simple casaca de mosquetero. 




Capítulo I

Los tres presentes del señor D'Artagnan padre

El primer lunes del mes de abril de 1625, el burgo de Meung, donde nació el autor del Roman de la Rose, parecía estar en una revolución tan completa como si los hugonotes hubieran venido a hacer de ella una segunda Rochelle. Muchos burgueses, al ver huir a las mujeres por la calle Mayor, al oír gritar a los niños en el umbral de sus puertas, se apresuraban a endosarse la coraza y, respaldando su aplomo algo incierto con un mosquete o una partesana, se dirigían hacia la hostelería del Franc Meunier, ante la cual bullía, creciendo de minuto en minuto, un grupo compacto, ruidoso y lleno de curiosidad... 

En efecto, al día siguiente, habiendo salido el señor Bonacieux a las siete de la noche de su casa para dirigirse al Louvre, no volvió a aparecer más en la calle des Fossoyeurs; la opinión de quienes parecían mejor informados fue que era alimentado y alojado en algún castillo real a expensas de su generosa Eminencia.

Alexandre Dumas

Alexandre Dumas , torrencial, vitalista, romántico en su vida y en su obra, nieto de un noble francés y de una esclava negra, hijo de un general de Napoleón, amante inagotable y viajero impenitente, Alexandre Dumas  parece un personaje de ficción: su energía fue tanta, su obra tan prolífica, su fortuna -e infortunios- tan cambiante que es difícil imaginar que una biografía tal pudiera existir más allá del papel.

Nacido en Villers-Cotterêts, en 1802, recibió una educación bastante deficiente (no tendría reparos en reconocer sus lagunas en sus Memorias). Desde muy temprana edad se sintió fascinado por el teatro casi tanto como por las mujeres: en 1824, apenas instalado en París, nació su primer hijo natural -que llevaría su mismo nombre y también sería escritor-, fruto de su relación con una costurera; al año siguiente se hizo amante de la escritora Mélanie Waldor; en 1829 se representó su primer éxito teatral, Enrique III y su corte; y, a partir de ahí, se sucedieron a un ritmo vertiginoso amores y desamores, éxitos literarios y ruina económica y, sobre todo, una obra impresionante: teatro, novelas, memorias, impresiones de viajes, crónicas históricas, artículos periodísticos (llegó incluso a dirigir ocho periódicos)...

Sus primeros años como escritor los dedicó casi exclusivamente al teatro, en el que consiguió un notable reconocimiento como autor de dramas de inevitable espíritu romántico. Dumas sólo empezaría a centrarse en la escritura de novelas a partir de la década de los cuarenta; en buena medida su decisión fue una consecuencia del desarrollo de la prensa escrita y el folletín, que revolucionaron el estilo -y los ingresos- de los autores. Fue uno de los primeros en darse cuenta y en aprovecharse de la nueva situación. Empezó a adaptar sus textos a la forma del folletín (capítulos periódicos que suspendían la acción en un momento crucial con un atractivo "continuará"); y también fue uno de los primeros en explotar un género que haría furor en la Francia de mediados del XIX: la novela histórica.

Y en Le Siécle, una de aquellas nuevas publicaciones, apareció Los tres mosqueteros, entre marzo y julio de 1844. Un éxito rotundo, como también lo serían, El conde de Montecristo, La reina Margot o las novelas que continuarían el ciclo de los mosqueteros, Veinte años después y El vizconde de Bragelonne.

La fertilidad inagotable de la pluma de Dumas ha tenido, alguna sombra: una vez alcanzados la fama y el dinero, trabajó para él una especie de "oficina de escritores", redactores, anónimos casi siempre, que escribían borradores de las obras que el maestro revisaba y recomponía. A uno de ellos , Auguste Maquet, se le atribuye -y todo parece indicar que con razón- el primer borrador de Los tres mosqueteros; pero no es menos cierto que el vigor de la acción y la estructura narrativa final pertenece en exclusiva a Dumas.

Dumas moriría, enfermo y arruinado, en 1870, en casa de su hijo, dejando trás de sí una obra monumental. Había atravesado el siglo como una exhalación, había vibrado al ritmo de la inestable Francia del XIX y, como el país había disfrutado -y sufrido las consecuencias- de la ilusión de una sociedad y un tiempo que, en sus propias palabras, habían aspirado a imponer "la nobleza del talento y el imperio del genio".


Gabriel Byrne


Autor. Alexandre Dumas
Título: Les trois mousquetaires
Traducción del francés: Mauro Armiño
Ilustraciones: Maurice Leloir
Editorial: Alianza Editorial S.A.
Nº Páginas: 708 




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