miércoles, 15 de mayo de 2013

Walter Scott (1771 - 1832) Ivanhoe.



Capitulo I

Así departían juntos. Los puercos en tanto volvían a la pocilga.
Los sirvientes encierran el ganado para que duerma en el       
establo. En breve se oye el ruido confuso de los puercos que   
se empujan bajo el techo.                                                         
Odisea, Canto XIV 
  

En el delicioso distrito de la bella Inglaterra que riega el Don, extendíase, tiempo atrás, una vasta selva que cubría la mayor parte de las pintorescas montañas y valles feraces situadas entre Sheffield y la graciosa ciudad de Doncaster. Los restos de aquellos bosques inmensos pueden verse aún en las cercanías del hermoso palacio de Wentwarth (...) 




El estado de la nación inglesa era en aquella época bastante angustioso. El rey Ricardo se hallaba ausente y a merced del duque de Austria, que le retenía prisionero; se ignoraba hasta el lugar de su cautiverio, y su destino era sólo conocido de la generalidad de sus vasallos, entregados durante aquel tiempo, a toda suerte de opresores subalternos.
El príncipe Juan, aliado con el rey de Francia Felipe-Augusto, enemigo mortal de Ricardo, apuraba toda su influencia (...) 


Dejemos a los próceres sajones continuar su comida y tomar en su apetito, a medias satisfecho, la revancha de su curiosidad burlada, para ocuparnos de Isaac de York, cuya prisión era mucho más cruel.
El pobre judío había sido brutalmente arrojado en un calabozo abovedado, muy húmedo y muy por debajo del nivel del foso. (...)


Pero era llegado el momento en que la tierra y sus goces iban a desaparecer para siempre ante sus ojos. Su corazón feroz, tan duro como una rueda de molino, se abrió al espanto cuando sus ojos extraviados hundiéronse en las tinieblas desoladas de lo desconocido. (...)



El tribunal erigido para juzgar a la inocente Rebeca ocupaba en el fondo del salón la plataforma que ya hemos descrito como puesto de honor destinado a las personas más distinguidas de la casa y a los huéspedes pertenecientes a antiguas y nobles familias.
En un elevado sillón, precisamente enfrente de la acusada, se sentaba el gran maestre del Temple, vestido de blanco (...)





Ivanhoe se distinguió en el servicio de Ricardo, el cual le colmó de favores. Hubiérase elevado más aún sin la muerte prematura de Corazón de León bajo los muros del castillo de Chalus, en el Limousin. Con este príncipe generoso, pero temerario, perecieron cuantos grandes proyectos concibiera su ambición; y se le puede aplicar (...)


Walter Scott


Nacido en Edimburgo en 1771, en el seno de una noble familia escocesa, los Scott de Harden, Walter Scott vivió el período en que la sociedad británica empezaba a padecer las consecuencias de las primeras transformaciones de la Revolución Industrial.
 
Como su padre, siguió la carrera jurídica llegando a alcanzar cierta fama por su capacidad expositiva en los juicios. pero en 1797 decidió abandonar el ejercicio de la abogacía para dedicarse plenamente a la literatura.
 
La mala salud padecida en su infancia -que le provocaría una cojera de por vida-, también le había proporcionado, durante las largas convalecencias en la granja de su abuelo, el tiempo para escuchar los pintorescos relatos, baladas y leyendas de tradición oral que le contaban pastores y agricultores -en dialecto escocés- y su madre -en inglés-.
 
Ese bagaje, junto con la formación retórica que requería ser abogado en la época, serían los fundamentos sobre los que asentaría su obra narrativa.
 
Aunque intentó dedicarse a la poesía -mejor considerada socialmente para un caballero-, y escribiría algunas obras importantes como Minstrelsy of the Scottish Border (Poemas de la frontera escocesa), prefirió dejarla a un lado ante la inesperada competencia de un joven llamado Lord Byron. Este giro hacia la prosa resultaría fundamental en su carrera literaria, pues el éxito de crítica y, sobre todo, de ventas de su obra narrativa, publicada la mayor parte bajo pseudónimo, no tuvo parangón en la época.
 
Como muchos otros autores románticos, volvió su mirada hacia un pasado idealizado, una Edad Media poblada por caballeros y princesas y regida por códigos morales -los de los clanes de su tierra natal- que, o habían desaparecido hacia siglos o estaban irremisiblemente condenados a hacerlo.



Autor: Walter Scott
Título: Ivanhoe
Traducción: Hipólito García
Editorial: editorial Planeta S.A.
Notas: Carlos Lagarriga
Ilustrado con grabados de época: Edouard Frére y Théodore lix
Nº Páginas: 478







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