martes, 7 de mayo de 2013

Voltaire (1697 - 1778) Cándido o el optimismo.




François-Marie Arouet nació en París en 1694. A los nueve años el futuro escritor empezó a estudiar con los jesuitas, lo que pronto combinó con la asistencia a la elegante y libertina Sociedad del Templo, en la que fue introducido por su padrino, el abate de Chateaunef, tras la temprana muerte de su madre.

Después de una estancia en La Haya, regresa a París y en contra de su voluntad entra a trabajar en un despacho de abogados. Por esta época empieza a firmar con el seudónimo de Voltaire.

En 1716, se une a los que intrigan contra el Regente, quien no tarda en desterrarlo, primero, y encarcelarlo después durante once meses.

En 1718 da un giro a su vida y escribe una tragedia, El triunfo de Edipo, que dedica al Regente y le vale una pensión y el ser admitido en todos los hogares de los grandes aristócratas franceses. Esta vida de éxitos sociales se ve interrumpida por el enfrentamiento a finales de 1725 con un aristócrata, lo que le llevará primero unos meses a la Bastilla y, más tarde, de nuevo al exilio, en esa ocasión a Inglaterra.

En Inglaterra Voltaire descubre la ciencia y se transforma en un filósofo. De vuelta a París en 1728, publica numerosas piezas teatrales de clamoroso éxito y un libro, Las Cartas Filósoficas o Cartas Inglesas, una de sus obras maestras más estudiadas. En 1745 es nombrado historiógrafo de Francia , académico y gentilhombre ordinario del rey. 

En 1755 empieza la segunda gran época de su vida, el reino del filósofo y la apoteosis del patriarca. En 1756 publica El Ensayo sobre las Costumbres y el Discurso sobre la Religión Natural y, tres años más tarde, Cándido.

En los últimos años de su vida fue objeto de una verdadera idolatría sentimental, y en 1778, tras la muerte del rey Luis XV, pudo regresar a París, donde fue agasajado por la Academia francesa, la Comedia y la aristocracia. 

Voltaire murió el 31 de mayo de 1778.


Jardines de Versalles. Fuente



Vivía en Westfalia, en el castillo del señor barón de Thunder-ten-tronckh, un joven a quien la naturaleza había dotado del más amable de los temperamentos. Su fisonomía anunciaba su alma. Era de conciencia muy exigente, y de ingenio muy simple; y creo que por esta razón se le llama Cándido.
 



También los optimistas se descorazonan y reniegan de su optimismo, y los filósofos echan mano de la imaginación, de la novela, cuando ya no pueden más porque la realidad contradice todos sus sueños; son momentos muy amargos que,para ser tolerables para uno mismo, han de expresarse en forma de parábola, es decir, por medio de la literatura. Quien cultiva la filosofía no puede renunciar a sus ideas, pero por encima de todo está la lucidez, la lucha por saber qué es lo que pasa, aunque eso nos desmienta dramáticamente.




Tal es la situación de Monsieur de Voltaire en torno a esos años en los que alcanza la sesentena, en mil setecientos cincuenta y tantos. Ha vivido mucho y con intensidad desde que, muy joven aún, rompió con sus maestros jesuitas y quiso olvidar hasta su propio apellido, Arouet, el de su padre el notario, inventándose un seudónimo que es la contracción de volontaire, o sea, "testarudo". Y testarudo lo fue siempre, en perpetua lucha con las circunstancias hostiles, hasta conseguir que su tiempo pasara a la Historia como "el siglo de Voltaire".


Versalles

Él acepta un cupo de adulaciones, pero es que quieren mucho más. ¿Puede aún confiar en alguien? ?Hay algún lugar en la tierra donde pueda seguir siendo Voltaire?



Se instala a la puertas de Ginebra, en una propiedad que denomina el Ródano y el lago, Saint-Jean, que rebautiza laicamente como  Les Délices. Las delicias de la soledad y de la independencia, aunque efímeras delicias una vez más, porque los ginebrinos resultan tan fanáticos, intolerantes y amenazadores como cualquier otro.



Título: Cándido
Autor: Voltaire
Ilustraciones: Robert Llimós
Traducción: Carlos Pujol
Epílogo: Carlos Pujol
Editado por: Cŕculo de Lectores
Nº Páginas. 172







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