sábado, 4 de mayo de 2013

El fantasma de Canterville. Oscar Wilde (1854 - 1900)



Cuando el señor Hiram B. Otis, el ministro americano, adquirió la mansión de Canterville, todo el mundo le dijo que había cometido una tontería, pues no había duda de que el lugar estaba embrujado. Incluso el propio lord Canterville, honorable caballero dotado de un gran sentido de la integridad, se sintió en el deber de comentarle (...)

 

La tormenta descargó con fuerza durante toda la noche, pero no sucedió nada extraordinario. Sin embargo a la mañana siguiente, al bajar a desayunar, encontraron de nuevo en el suelo la terrible mancha de sangre.



Cuando una niña de bucles de oro
arranque una oración de labios del pecado,
cuando el almendro estéril dé fruto,
y una pequeña derrame sus lágrimas para otro,
la mansión podrá entonces recobrar la calma
y Canterville alcanzará la paz.



Cuando en 1887, como joven poeta e ingenioso ensayista, se marchó a América, donde se le celebró como dandy divertido de la vieja Europa, quedo consternado por el mercantilismo desenfrenado de los americanos, su riqueza y su despreocupación, pero encontró a las hijas del país "encantadoramente incomprensibles" y "graciosamente descaradas". Decía de los niños americanos que se pasaban la mayor parte del tiempo "corrigiendo los errores de su padre y de su madre" -una inversión del principio de autoridad no imaginable por aquél entonces en la tradicional Inglaterra-.



Título de la edición original: The Canterville
Autor: Oscar Wilde
 
Traducción del inglés: José maría Courel y M.I. Villarino
Diseño e Ilustraciones: Albert Schindehütte
 
Nº Páginas: 57 



Cuando cinco años más tarde escribió su primer relato, se valió tanto de las impresiones americanas como también de los dolorosos recuerdos de su adorada hermana menor, muerta en edad temprana.






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