martes, 14 de mayo de 2013

Edward S. Curtis y los Indios de América del Norte


S. Curtis


El Museo de América presenta esta magnifica exposición sobre "Edward S. Curtis y los indios de América del Norte", compuesta por una selección de fotografías de la amplia colección de Christopher G. Cardozo, de Minneapolis.

Gracias a estas imágenes podemos entrar en contacto con las poblaciones que habitaban otrora las zonas de las Grandes Llanuras, el Sudeste, el Altiplano y los Bosques, la Costa Noroeste y California. Pueblos como los Crow, los Nampeyo, los Apache, los Navajo, los Hopi o los Apsaroke, entre otros, están representados en esta muestra. Se muestra, con un enfoque antropológico, la compleja realidad americana.


 Jicarilla Maiden



Indio Crow


A través de la mirada de Curtis es posible acercarnos a algunos de los temas que nos ayudan a descubrir la verdadera imagen de aquellos "indios" que, de un modo u otro, han ocupado nuestro imaginario en algún momento.

El legado de Curtis tiene un valor etnológico indudable e incomparable: nadie como el fue capad de recopilar tanta información a cerca de los nativos norteamericanos. Además de sus famosas fotografías, Curtis realizó registros sonoros y documentales, compendios léxicos, recogió usos ceremoniales y buena parte de la tradición oral; todo lo que creyó necesario para que una valiosa cultura no se perdiera irremediablemente con la desaparición de las diferentes tribus.





Mosa - Mohave


Algunos antropólogos, como Franz Boas (1858-1942), lo acusaron de usar métodos anticientíficos y de querer mostrar a sus sujetos en un estado primitivo, impregnado de romanticismo e imágenes casi idílicas. Otros le han reprochado que su visión nostálgica contenía en sí misma la evidencia de la desaparición de unas tradiciones, pero no una denuncia.

Se dijo que Curtis había realizado puestas en escena, composiciones teatrales que quedaban lejos de la realidad social del momento fotografiado. Sin embargo, la antropología contemporánea, consciente de la dificultad de presentar el objeto estudiado de forma objetiva y sin modificarlo ante el "espectador", ha valorado con justicia la gran empresa de Curtis: un archivo de imágenes que nos permiten vislumbrar situaciones culturales que de otro modo no se hubieran podido documentar.

Imágenes que, además, han podido ser utilizadas, décadas más tarde, por los descendientes de dichas tribus para recomponer su imaginario cultural desgraciadamente desaparecido. 

 


Edward Sheriff Curtis ( 1868-1952 ), el "captador de sombras", como le llamaron los propios indios, es un personaje complejo y controvertido. De formación autodidacta, su temprana pasión por la fotografía lo llevó a convertirse en un pionero documentalista y un artista visionario.




Entre 1900 y 1930, Curtis viajó desde México hasta el Ártico, desde las Rocosas hasta el Pacífico, para fotografiar más de ochenta tribus de indígenas norteamericanos.

En esos treinta años consiguió retratar a un gran número de comunidades que corrían peligro de desaparecer, pero también el paisaje en el que vivían, sus costumbres, su forma de vida, sus ritos y las manifestaciones de su espiritualidad.

Dos momentos fueron para él especialmente transfiguradores: contemplar la danza del sol de los indios "pies negros" en 1900, y participar en la "Sociedad de la Serpiente" de los hopi en 1906, fragmentos de un universo mítico a los que sólo tenían acceso algunos iniciados. 




El monumental trabajo de Curtis se plasmó en la ambiciosa obra The North American Indian, compuesta por veinte volúmenes con más de dos mil doscientas imágenes (seleccionadas entre el total de los cincuenta mil negativos que genero su labor), acompañadas por textos de diversa índole, fotograbados, escritos, películas... una obra que combina la erudición antropológica con una gran belleza plástica, y que con los años se convertiría en un referente de la memoria histórica de Norteamérica.


Madre Hopi, 1921

 
Nacido en 1868 cerca de Whitewater (Wisconsin), Edward fue el segundo de los cuatro hijos del reverendo Johnson Sheriff Curtis y de su esposa Hellen. El reverendo Curtis, que regresó de la guerra civil arruinado y demasiado débil para convertirse en granjero, decidió mudarse con su familia a Dardova (Minnesota), donde a menudo visitaba a sus feligreses en canoa, acompañado por Edward, que tenía por aquel entonces cinco años de edad.




Edward finalizó su educación escolar en sexto curso. Poco después, con una lente estereóptica que su padre había traído de la guerra, y siguiendo las instrucciones del libro de Edward Wilson sobre la nueva y popular tecnología fotográfica,Wilson Photographics, Curtis construyó su propia cámara y, de forma autodidacta, aprendió a hacer fotos y revelar copias fotográficas. Hacia los diecisiete años Edward ya trabajaba como aprendiz de fotógrafo en St. Paul. Según cuenta Harold, el hijo de Edward, su padre bromeaba diciendo que había escogido la fotografía porque era un trabajo más fácil que cortar leña.




En 1887 la salud del reverendo Curtis se había deteriorado tanto que la familia se vio obligada a instalarse en Puget Sound, cerca de Seattle (Washington), donde el clima era un poco más benigno. Bastante debilitado por la mudanza, el reverendo murió poco después, de su llegada.


Edward y su hermano menor, Asahel, mantuvieron a la familia recolectando frutas y verduras, cultivando almejas y haciendo trabajos para varios vecinos. A pesar de estas dificultades, hacia 1890 Curtis consiguió comprar una segunda cámara.

Entonces hipotecó una parte importante de la casa familiar para adquirir el cincuenta por ciento de un estudio fotográfico que había en Seattle. En 1892 Curtis se casó con Clara Phillips. La pareja tuvo cuatro hijos: Harold en 1893, Beth en 1896, Florence en 1899 y Catherine en 1909.



Fue en el área de Seattle donde por primera vez Curtis entró en contacto con indios cuya cultura permanecía relativamente intacta. En 1897, Curtis amplió el negocio e incluyó la venta de fotografías de estas tribus. Para dedicarse a su nuevo propósito delegó cada vez más en sus familiares la gestión de lo que ya para entonces era el primer estudio de fotografía y fotograbado de Seattle.



En 1898 un acontecimiento imprevisto cambió radicalmente la vida de Curtis. Durante una prolongada sesión fotográfica en Mount Rainier, Curtis rescató a un grupo de montañeros que se habían perdido. Varios miembros del grupo habían sido premiados a nivel nacional por su trabajo en campos de la conservación, la etnografía indígena y la edición de libros; entre ellos figuraban el director del Patrimonio Forestal, Gifford Pinchot, el responsable del Servicio Norteamericano de Estudios Biológicos, C.Hart Merriman, y el naturalista, conservador y renombrada autoridad en temas indios, George Bird Grinnell.



Además de agradecer el rescate, estas personas se interesaron por el trabajo fotográfico de Curtis. Los contactos se concretaron en dos importantes expediciones fotográficas.

En la segunda de estas expediciones, que tuvo lugar en 1900, Grinnell invitó a Curtis a vivir entre tribus indias en Montana para fotografiarlas y le enseñó los métodos para registrar científicamente la información que podía recopilar.

Semanas después de sus experiencias con Grinnell, Curtis inició su propia expedición para fotografiar las tribus indias del sudeste.



 Sobre el terreno Curtis estableció su propia metodología, "los veinticinco puntos cardinales", para acumular información sobre todas las áreas de la vida indígena, incluyendo el léxico, la organización política y social, las costumbres religiosas, la vivienda, la recolección y preparación de los alimentos, los juegos, la música y el baile, la indumentaria, los pesos y medidas, así como las costumbres  relacionadas con el matrimonio, la muerte y el nacimiento. (...)

 Exposición organizada con la colaboración de la
Embajada de Estados Unidos en España











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