lunes, 13 de mayo de 2013

El último mohicano. James Fenimore Cooper ( 1789 - 1851 )



El último mohicano
James Fenimore Cooper




 Capítulo I

Mi oído está alerta y mi corazón preparado. Puedes anunciarme la mayor y peor pérdida del mundo. Dime, ¿he perdido mi reino? Shakespeare, Ricardo III
                                            



 Considerado por muchos críticos el primer novelista norteamericano de importancia, James Fenimore Cooper tenía todos los antecedentes familiares necesarios para hacerse acreedor de tal honor.
 Nació en 1789, en Burlington; su madre pertenecía a una respetable familia cuáquera de Nueva Jersey; y su padre, William Cooper, un acaudalado colono que llegaría a fundar una ciudad (Cooperstown) en las fuentes del río Susquehanna, fue congresista durante las administraciones de George Washington y John Adams.
 Nuando James Fenimore tenía un año, William Cooper inició la aventura colonizadora y el pequeño, undécimo de doce hermanos, pudo disfrutar durante su infancia de las fascinantes posibilidades que ofrece a un niño la vida de la frontera, sin sufrir los inconvenientes inevitables de aquella situación.
 Recibió una educación esmerada, aunque, según parece, su talante no se adaptó demasiado bien a la disciplina escolar y fue expulsado de Yale en 1806.
 Su sed de aventuras le llevaría a enrolarse en la Marina, donde permanecería cinco años. La muerte de su padre en 1809 le permitió independizarse económicamente y, dos años después, se casó con Susan De Lancy y abandonó la Marina.




 Con unos considerables ingresos asegurados, durante diez años llevó una vida delirante, interesándose superficialmente por la política, la agricultura y...la literatura. De este modo tan inesperado escribió una novela, Precaución (1820), que recordaba las obras de Jane Austen y pasó sin pena ni gloria. Sin embargo, su segundo intento, El espía (1821), que también partía de un modelo literario británico, Walter Scott, le proporcionó fama y dinero inmediatos.
 El éxito de El espía se debía en buena medida a que era una de las primeras novelas que situaba una historia de amor y aventura en plena Guerra de Independencia norteamericana. La narración estaba inspirada en parte en la familia de su esposa y Cooper volvió a recuperar las historias de su propia familia -orales y vividas por él mismo- para la siguiente novela, Los pioneros (1823). Y nuevamente, el escritor abrió un camino prácticamente inexplorado en la todavía balbuciente literatura norteamericana: la narración de la vida de la frontera.



 
 Cooper exploraría esa veta en un conjunto de obras que conforman un grandioso fresco de aquellos parajes feraces y aquella época de horizontes abiertos: El último mohicano (1826), La pradera (1827), El trampero (1840) y El cazador de gamos (1841).
 Las novelas describen con intención a veces realista, a veces romántica, las costumbres, los habitantes y el paisaje. bosques impenetrables, lagos inexplorados, colonos, granjeros, leñadores, indios norteamericanos, franceses e ingleses luchando en tierra ajena, guerras lejanas... Cooper emplea un tono épico, elegíaco, que se complementa a la perfección con una acción trpidante y un exotismo que hacen olvidar que sus personajes resulten en ocasiones demasiado convencionales.
 A la par que sus novelas de la frontera, escribió también una serie de narraciones de tema marítimo, entre las que destaca la primera, El piloto (1823), que en su tiempo le proporcionaron tanta fama como las primeras.
 Entre 1826 y 1833, se trasladó a Europa para educar a sus cinco hijos. Tras esa prolongada estancia Cooper escribió novelas de tono satírico y escritos de cariz político que no tuvieron una buena acogida. 
 Al regresar a Estados Unidos se estableció en Nueva York y, poco después se retiró a Cooperstown, la ciudad que había fundado su padre, donde muió en 1851. 



Capítulo VI

Aquellos cánticos, en otro tiempo tan queridos en Sión, retumban en otro templo.
Él levanta una pequeña ofrenda con juicioso cuidado.
Mientras en tono solemne dice. "Adoremos al señor"
                               Burns, "El sábado noche de un granjero" 






Capítulo VII

No duermen, permanecen ahí sobre el acantilado, formando un grupo que llena de espanto. Yo los veo a todos sentados. Gray, "El bardo"


Capítulo XXV
Snug: ¿Tenéis escrito el papel del león? os ruego que si así, es me lo deis pronto, ya que soy lento estudiando.
Quince. Podéis representarlo improvisando, porque sólo tenéis que rugir.
                                   Shakespeare, Sueño deuna noche de verano




Cada tribu tenía su propio idioma o dialecto, de modo que también daban diferentes nombres a los mismos lugares. Generalmente esos nombres pretendían ser una descripción del lugar; así, una traducción literal del nombre que daba a ese hermoso lago la tribu que habitaba en sus orillas sería "la cola del lago". Si se mira un mapa, el lago George, que es como ahora se llama, parece la cola del lago Champlain.
 







Durante mucho tiempo hubo entre las tribus indias una confederación que ocupaba la zona noroeste de Nueva York. En un principio era conocida con el nombre de Cinco Naciones, pero más adelante se llamaría Seis Naciones, cuando fue admitida una nueva tribu. 
La confederación original la formaban las tribus de los mohawks, los oneidas, los senecas, los cayugas y los onondagoes; la sexta tribu era la de los tuscaroras.
Hoy en día aún quedan descendientes de esas tribus viviendo en las tierras que les asegura el estado, pero están desapareciendo rápidamente, bien por la alta mortalidad, bien porque se les traslada a territorios más apropiados a sus costumbres. Pronto no quedarán sino sus nombres.
En el estado de Nueva York hay condados con cada uno de los nombres de estas tribus ( a excepción de los mohawks y tuscaroras).
El segundo río del estado se llama Mohawk.





La costumbre de los indios norteamericanos que consiste en arrancar la "cabellera", el cabello y la piel que cubren el cráneo del enemigo ya derrotado. La decalvación se practicaba también entre los pueblos de origen germánico, que en el siglo V d. C. invadieron los dominios del Imperio Romano.



No, no -interrumpió Ojo de Halcón, que hasta entonces había permanecido callado, observando fijamente el rostro de su admirado compañero-. No, sagamore, no estás solo, nuestro color puede ser diferente, pero Dios nos ha puesto en el mismo camino para que hagamos juntos el viaje. Yo no tengo parientes y también puedo decir que no tengo pueblo, como tú...Uncas era tu hijo; era un piel roja, tu sangre corría por sus venas, pero si yo llego a olvidar al joven que peleó a mi lado en los momentos difíciles y descansó a mi lado en tiempos de paz, que el Ser que nos ha creado a todos se olvide también de mí en el último día. Cierto es que tu hijo nos ha abandonado por algún tiempo, , pero, sagamore, créeme, no estás solo...(Pág.395)






-¡Ya basta! Marchad, hijos de los lenapes -dijo-. La cólera de Manitú no se ha aplacado aún. ¿Por qué vive aún Tamenund? Los rostros pálidos son dueños de la tierra y aún no ha sonado la hora de los pieles rojas. El día de mi vida dura ya demasiado; por la mañana vi a los hijos de Unâmis, la Gran Tortuga, fuertes y felices, pero antes de que cayera sobre mí la noche, he asistido al fin del último guerrero de la sabia raza de los mohicanos. (Pág. 396)
  





(...)La misma naturaleza ofrecía unas ventajas que los combatientes no desaprovecharon: el lago Champlain unía las fronteras de Canadá con los confines de la provincia de Nueva York, formando un paso natural que facilitaba enormente los propósitos de los franceses, ya que...




(...) La brisa no traía ya al campamento el rumor, sordo y distante, de los pasos del destacamento; sin embargo, seguían apreciándose preparativos de marcha junto a una cabaña de madera, mayor de lo normal, en cuya puerta montaban guardia dos centinelas para proteger la persona del general inglés....





Capítulo XXX

En una noche como ésta                
Tisbe dejó sus huellas en el rocío        
     y vio antes que al mismo león, su sombra.     

Shakespeare           
El mercader de venecia       







Autor: James Fenimore Cooper
Título: The Last of the Moicans
Ilustraciones: H.M.Brock
Editorial: Círculo de Lectores
Nº Páginas: 404






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