sábado, 11 de mayo de 2013

Crimen y Castigo. Fiódor Dostoyevski (1821-1881)




Crimen y castigo es la primera novela filosófica de Dostoyevski basada en un crimen. Pero es, a la vez, mucho más que esto. Es también una novela psicológica, y una novela policíaca, una novela de aventuras y una novela social.

La aparición de Crimen y castigo causó una honda impresión, y pronto se la reconoció como una de las mejores novelas de la literatura rusa y, es tal vez la obra que más unanimidades ha suscitado en cuanto a ese valor literario, pero también es una de las novelas que ha provocado mayor disparidad en sus intérpretes, especialmente en lo que se refiere a los motivos del crimen y a la actitud del propio autor hacia su personaje, Raskólnikov.


Claude Monet

El propio Dostoyevski escribía: "No basta con establecer la moralidad a partir de la certeza de tus convicciones. Nunca hay que dejarse de hacer la pregunta: y mis convicciones, ¿son ciertas?". Tal es el desasosiego que genera esta constante pregunta que se podría pensar que el autor primero se dejó llevar por los fantasmas de su imaginación y luego, ya acabada la obra, llegó a comprenderla.




 Dostoyevski, tras su condena y los largos años de presidio, de expiación, llega a la conclusión de que sus ideas de juventud no eran ciertas. De ahí el autobiografismo anímico de la obra.
 
La consciencia de su error y la posterior actividad como escritor e ideólogo, se refleja ya en la obra y tiene un denominador común que Crimen y castigo recoge: la razón no basta para explicar nuestra vida, a la que sólo Dios puede dar sentido; sólo la fe da al hombre su auténtica dimensión espiritual y moral; la razón puede crear monstruos que sólo la fe y el amor pueden destruir.



Nacido en Moscú en 1821, hijo de un médico, Fiódor Dostoyevski se sintió pronto atraído por una poderosa vocación literaria.

Su profundo sentimiento religioso lo llevó a interesarse por los"humillados y ofendidos" y por las reformas sociales, actitud que le valió largos años de condena y deportación en Siberia. Vuelto a San Petersburgo en 1860 reinicia su carrera literaria, que prosiguió hasta el final de su vida en 1881.



La idea de escribir la historia de un hombre extraordinario y capaz de infringir la ley era ya vieja en Dostoyevski.
Se le había ocurrido cuando se hallaba aún en el penal, sorprendido ante el insólito temple y la coherencia del mundo interior de algunos criminales. Poco a poco la concepción inicial se va enriqueciendo. "Flotan en el aire" ideas "imprecisas", materialistas y ateas.



Un autor alemán, Stirner, que sostenía que el hombre está "legítimamente autorizado" para hacer "todo aquello de que sea capad". Dostoyevski conocía el libro en que se defiende este principio, El Único y su propiedad. Había tenido ocasión de leerlo durante su época petrashevista. Y Napoleón, ¿cuánta sangre no había hecho verter? Sin embargo , se le rendían todos los honores que se reservan a los genios inmortales. Hay hombres que, como él, se consideran con derecho a hacerse poderosos, ricos, de un solo golpe, sin reparar en medios.




Dostoyevski sigue interesado en el tema. En el número 2 de su revista El Tiempo (en 1861) publica un largo trabajo sobre Pierre- François Lassener, "criminal-filósofo", que dió mucho que hablar en su tiempo. Lassener era hijo de un mercader de Lyon. En 1820 mató en duelo a un sobrino de Benjamin Constant. En la cárcel se relacionó con personas "extraordinarias". 
Terminada su condena, se dedicó a la poesía, pero acuciado por el hambre, la sed de dinero y de placeres, se unió a un grupo de delincuentes y asesinó para robar.
De nuevo en la cárcel, publicó un volumen de poesías. Escritores, juristas y médicos a quienes Lassener expuso sus ideas sobre literatura, moral, poítica y religión, no salían de su asombro ante el ingenio y la prodigiosa memoria del criminal.



Nuevo plan de obra, Dostoyevski, trabaja con entusiasmo y confía que su novela será "lo mejor" de cuanto haya escrito. Pero a finales de noviembre de 1865, muy avanzado ya su trabajo, creyó que debía dar otra estructura a la obra y quemó cuanto había hecho.
El 18 de febrero de 1866 comunicaba a su amigo, el barón de Vránguel: "Lo he quemado todo...No me gustaba. Me ha seducido una nueva forma, un nuevo plan, he vuelto a empezar desde el principio. Trabajo día y noche y, pese a todo, trabajo poco...". Inicialmente, eligió Dostoyevski la forma de numerosas correcciones estilísticas y cortó sensiblemente algunos pasajes










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