viernes, 17 de mayo de 2013

"Los habitantes de la casa deshabitada". Enrique Jardiel Poncela (1901-1952)



Dos Géneros en una sola Obra

La intriga de "los habitantes de la casa deshabitada" empieza en el título. No es ninguna exageración decir que Jardiel amaba la intriga hasta el punto de intrigarse así mismo; porque ni su vida ni su teatro se desarrollaron jamás de forma prevista. 
Al utilizar osadamente el misterio como recurso humorístico produce una hilaridad inquietante, entre el desasosiego y la gracia irresistible. Lejos de resolverse, cada situación plantea una nueva, sin dar respiro a la capacidad de asombro del espectador, ni aun a la suya propia.
Este peculiar género requiere un talento especial, diría que antisilogístico: los volcanes echan humo , mi marido fuma, luego mi marido es un imbécil; deducción aceptable, pero no por pura lógica.
Sabía Jardiel que el humor y la intriga han de ser progresivos y que un solo momento de tregua congela el clímax de una obra ambiciosa; hasta los entreactos han de servir para que el público haga cábalas sobre la situación abierta al concluir el acto anterior. El Teatro y el infierno están llenos de primeros actos buenos, porque los segundos y terceros eran malísimos.
"Los habitantes" es el paradigma de la mezcla de dos géneros muy difíciles de congeniar; porque la risa puede distender el ánimo del público, y la intriga impedirle desahogos humorísticos que propone el autor.
Jardiel inventa esta complicada simbiosis con la que los éxitos o los fracasos son estrepitosos. Nadie como él nos obliga a reír tan deprisa para no perder el hilo de la trama que nos tiene enganchados.
Tanto los "buenos" como los "malos" de Jardiel viven circunstancias inesperadas y, en consecuencia, divertidas; pero es imposible aventurar quienes de ellos ganarán la partida, porque a todos los quiere lo mismo y su propósito no es trascendente ni aleccionador."El Tearto -dijo- es un gran medio para educar al público pero el que hace un teatro educativo se encuentra siempre sin público al que educar".
Si el propio autor desconocía el rumbo que tomarían sus obras cuando comenzaba a escribirlas, es inútil que apliquemos la lógica elemental para anticipar el desenlace. Utiliza tal cúmulo de situaciones sorprendente que a veces, como en este caso, agota toda su feraz ingenio en hacer verosímil lo increíble.
El ritmo trepidante del teatro de Jardiel, culmina en "Los habitantes de la casa deshabitada" con persecuciones a todo correr, en las que se desvanece el misterio pendiente con voces jadeantes.
Pero aún añadirá un último gag impensable, porque para Jardiel cualquier desenlace medianamente convencional no merecía el arduo esfuerzo de escribir una comedia. Miguel Martín

                                     





Enrique Jardiel Poncela
                                                                              
Enrique Jardiel Poncela nace en Madrid el 15 de octubre de 1901; periodista aficionado al teatro, a las tertulias y a la vida bohemia, forma con Mihura, López Rubio, Edgar Neville y Tono la "otra generación del 27". 

Su vida corta (murió a los 50 años, el 18 de febrero de 1952), pero intensísima le lleva a colaborar en revistas de humor, dar conferencias, trabajar en Hollywood como guionista durante varios años, escribe cuatro novelas antológicas: "Amor se escribe sin hache", "Espérame en Siberia vida mía", "Pero ¿hubo alguna vez 11.000 vírgenes?", "La tournée de Dios", y más de treinta comedias de éxito desigual, puesto que su estilo, que rompe junto a sus compañeros de generación todos los moldes conocidos hasta entonces, crea en el público y en la crítica una enorme confusión.
 








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