viernes, 12 de abril de 2013

Las aventuras de Huckleberry Finn. Mark Twain (1835 - 1910)



Aviso:

    Las personas que intenten encontrar un motivo en esta
                 narración serán procesadas; las que intenten encontrarle          
               una moraleja serán desterradas; las que intenten descu-          
        brirle una trama serán fusiladas.                                         

                                                  Por orden del autor,
                                                 Per G.G., jefe de Intendencia
 


Capítulo I

Tú no sabes nada de mí si no has leído un libro llamado Las aventuras de Tom Sawyer; pero eso no tiene importancia. Ese libro lo hizo el señor Mark Twain, y la mayor parte  de lo que contó es verdad.
 


Bueno, pues pasaron como tres o cuatro meses, y estaba ya bien entrado el invierno. Yo había asistido a la escuela casi todo ese tiempo y podía deletrear y leer y escribir sólo un poco...
 


No perdí tiempo. En un minuto estaba yo zumbando aguas abajo, suave pero rápido, pegado a las sombras de la orilla. Gané dos millas y media, y luego me lancé un cuarto de milla o más hacia el centro del río...
 

Pan de maíz frio, carne salada fría, mantequilla y leche cremosa, eso es lo que me pusieron para comer, y no hay nada mejor que yo haya encontrado hasta ahora. Buck y su mamá y todos, salvo la negra, que ya no estaba, y las dos mujeres jóvenes...
 

No dijo más que eso. Era el alma más buena y el hombre más inocente que he visto jamás. Pero no era sorprendente que fuera así, porque no era solo un granjero, era predicador también...
 

Título: Adventures of Huckleberry Finn
Autor: Mark Twain
Traducción: Doris Rolfe y Antonio Ferres
Ilustraciones: F.W. Remble
Editorial: Grupo Anaya S.A.
Nº Páginas: 348
 

El seudónimo que hizo famoso a Samuel Clemens da una idea muy ajustada de su obra y hasta de su vida: "Mark Twain" era la voz que lanzaban los marineros de los vapores que navegan por el Mississippi al sondear la profundidad de las aguas. Clemens lo adoptó en su primera narración breve, La célebre rana del distrito de Calaveras, en 1867, como si ya hubiera intuido la deriva que le llevaría de vuelta a los escenarios de su infancia y , con ellos, la posteridad como escritor.

 

  


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