viernes, 12 de abril de 2013

Las aventuras de Huckleberry Finn. Mark Twain (1835 - 1910)



Aviso:

    Las personas que intenten encontrar un motivo en esta
                 narración serán procesadas; las que intenten encontrarle          
               una moraleja serán desterradas; las que intenten descu-          
        brirle una trama serán fusiladas.                                         

                                                  Por orden del autor,
                                                 Per G.G., jefe de Intendencia
 


Mark Twain (Samuel Langhorne Clemens)

El seudónimo que hizo famoso a Samuel Clemens da una idea muy ajustada de su obra y hasta de su vida. "Mark Twain" era la voz que lanzaban los marineros delos vapores que navegaban por el Mississippi al sondear la profundidad de las aguas. Clemens lo adoptó en su primera narración breve, La célebre rana del distrito de Cálaveras, en 1867, como si ya hubiera intuido la deriva que le llevaría de vuelta a los escenarios de su infancia y, con ellos, a la posteridad comoescritor.
 Porque el Mississippi fue uno de los referentes fundamentales de us vida y su obra. Aunque nació en Florida, en 1835, su familia se trasladó, cuando tenía cuatro años, al pueblo Hannibal, no muy lejos de la populosa San Luis, en el estado de Missouri, a orillas del caudaloso río. Allí transcurrió su niñez, impregnada de la vitalidad de aquella tierra en la que se mezclaban honestos de firmes convicciones religiosas -como su madre-, con aventureros de toda calaña, negreros despiadados, jugadores siempre dispuestos a apretar el gatillo y sufridos esclavos. No fue buen estudiante, y la muerte de su padre le  obligó a trabajar desde muy joven. A los doce años entró como linotipista en el diario local, empleo éste que se acabaría convirtiendo en la auténtica universidad del pequeño Sam. Leyendo su obra, no resulta difícil imaginarse al Twain niño y adolescente recorriendo las calles de Hannibal, con sus amigos cometiendo tropelías -travesuras o gamberradas, dependiendo de que el que las califique sea autor, víctima o testigo- y presenciando el abigarrado palpitar de la vida con el omnipresente Mississippi como fondo. 

 

Capítulo 4

  Bueno, pues pasaron como tres o cuatro meses, y estaba ya bien entrado el invierno.Yo había asistido a la escuela casi todo ese tiempo y podía deletrear y leer yescribir sólo un poco, y podía recitar la tabla de multiplicar hasta seis por siete que son treinta y cinco, y yo creo que nunca podría seguir más allá aunque viviera siempre. En cualquier caso, no tengo ninguna confianza en las matemáticas. (Pág. 29)
 




Capítulo 12
  
 Sería cerca de la una de la mañana cuando por fin dejamos atrás la isla, y nos parecía que la balsa iba terriblemente lenta. Si veíamos venir un barco, pensábamos en la canoa y lanzarnos hacia la orilla de Illinois; y fue una suerte que no pasara un barco, porque no se nos había ocurrido poner en la canoa la escopeta, ni un sedal de pescar, ni nada de comer. Estabámos en demasiados apuros como para pensar en tantas cosas. No mostraba buen juicio haber puesto todo en la balsa. (Pág. 80)

 


 

Título: Adventures of Huckleberry Finn
Autor: Mark Twain
Traducción: Doris Rolfe y Antonio Ferres
Ilustraciones: F.W. Remble
Editorial: Grupo Anaya S.A.
Nº Páginas: 348
 

 Capítulo 42

Tom ya se encuentra casi bien, y tiene su bala colgada del cuello en una cadena de reloj, y siempre está mirándola haber qué hora es;y así ya no hay nada más de qué escribir, y de veras estoy contento, porque si yo hubiera sabido qué fastidioso era esto de hacer un libro no lo habría intentado, y no voy a intentarlo nuca más. Pero creo que tendré que escapar hacia el territorio antes que los otros, porque la tía Sally va a adoptarme y civilizarme, y no puedo aguantarlo. Ya he pasado por eso, ya me lo sé. (Pág. 338)




 

  


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