miércoles, 10 de abril de 2013

Monte Sinaí. José Luis Sampedro (1917 - 2013)



Mount Sinaí Hospital, New York
Fundado en 1852 para la comunidad judía de Manhattan
 

"¿Para que vivir? es una buena pregunta y mi respuesta es vivir para hacerse, pues hacerse es vivirse y no sólo estar vivo ni, menos aún, vegetar. Pero aún importa más otra pregunta: ¿Para quién vivir? pues ni se hace uno solo ni se vive a solas."
 

 "¿Todo esto para mí solo?"
 
Se me ocurrió de golpe al detenerse mi silla de ruedas a la entrada de la habitación y comprender que había llegado a mi destino. A la vista de cuanto me esperaba recordé esas palabras y a quién las pronuncio hace dos siglos: la marquesa de Bainvilliers, dama de la reina María Antonieta de Francia, comprometida en el escándalo del Collar de la Reina. ¿Pobre marquesa! De todos los complicados en el asunto fue la única aristócrata a quien los esbirros aplicaron el tormento del agua, valiéndose de un gran embudo ajustable a la boca de los reos para hacerles tragar grandes cubos de líquido. Fue al verlos, desde la puerta de la sala de torturas, cuando a la infeliz le salió del alma aquel grito, tanto de asombro como de terror.



 Al doctor Miguel Sáez, que me llevó al Sinaí y
al doctor Valentín Fuster y a la doctora Jill Kalman,
que me salvaron allí.
                
                                       J. L. Sampedro
 



 Fue en la otra habitación, ya fuera de la UVI, a la que me trasladaron tres días más tarde, cuando comencé a usar mi libreta habitual para algunas anotaciones pour mémoire. Y es ahora, cada día más próximo a mi normalidad (o a una nueva normalidad, un nuevo estado, aún no lo sé) cuando empiezo sistemáticamente a narrarme a mí mismo lo vivido: La ascensión y descenso del sagrado Monte Sinaí en Nueva York.
 



 La palabra "beatitud" ahora la asocio con una ascensión admirable, saboreada hace tiempo: la Subida al Monte Carmelo, pero allí San Juan de la Cruz sigue el sendero de los renunciamientos, de la purgación -es su vocablo- de los apetitos, mientras que en mi celda yo ya disfrutaba sin más del estado beato, sin necesidades ni dependencias, que se deriva de la libertad sin objetivos.
 



 No tener voluntad, no decidir, no querer nada más: ésos son los arroyos creadores del ancho río de la libertad. No el poder que nos ata al "tener que" ejercerlo, ni la riqueza que nos encadena a nuestras posesiones. Libertad máxima no es tanto la que nos pone a salvo de órdenes ajenas, sino la que nos desesclaviza de uno mismo, ese a quien no podemos engañar como a los otros.
 



 Como me tocaba el enfermero libanés , uno de los más eficaces, caí en la cuenta de que también para los musulmanes el Yebel musa, o Montes de Moisés: "¿Habré venido aquí a recibir mis personales Tablas de la Ley para la vida que me queda?".
  
 

Autor: José Luis Sampedro
Título: Monte Sinaí
Editado por: Círculo de Lectores
Nº Páginas: 84





José Luis Sampedro
1917-2013




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