martes, 9 de abril de 2013

Jorge Oteiza (1908 - 2003).



Centro de Arte Reina Sofía



 Oteiza es, sin duda, uno de los creadores vascos más relevantes del siglo XX, sin embargo su obra se ha expuesto sólo en contadas ocasiones. Aunque retrospectivamente en sus etapas finales se le podría relacionar con el minimalismo americano -movimiento surgido con posterioridad al período creativo del artista- las esculturas de Oteiza se enraízan en las vanguardias artísticas de principios del siglo XX: cubismo, expresionismo, surrealismo y, muy especialmente, neoplasticismo y constructivismo, al tiempo que comparte con otros artistas posteriores a la Segunda Guerra Mundial una particular sensibilidad hacia lo abstracto, espiritual y humanista.
 


 Jorge Oteiza nació en Orio, Guipúzcoa, en 1908. Durante tres años cursa estudios de medicina en Madrid y posteriormente asiste a la Escuela de Artes y Oficios, época en la que realiza sus primeras esculturas influidas por la obra de Jacob Epstein, Dimitry Tsaplin y Alberto Sánchez que se exponen en Madrid. 




 En 1950, Unidad triple y liviana supone el inicio de una constante experimentación en la obra de Jorge Oteiza de "la naturaleza estética de la Estatua como organismo puramente espacial". Es también este año cuando aborda el importante encargo de la estatuaria de la basílica de Aránzazu, un enorme conjunto que proyectó en 1953 y ejecutó entre 1968 y 1969 en el que los motivos religiosos se despersonalizan, las figuras se vacían y al abrirse al espacio se cargan de contenido espiritual.

 En 1955 comienza a trabajar en el tratamiento de la luz practicando, primero en relieves y más tarde en las formas exentas, unos pequeños orificios y perforaciones, completas o incompletas, que denomina "condensadores de luz".



 En 1956 Oteiza necesita un lenguaje nuevo que le permita abordar lo experimental en la escultura con la máxima radicalidad; para ello define una serie de unidades formales abiertas que, al ser relacionadas entre sí, vayan articulando todo un nuevo vocabulario. Durante los años 1956 y 1957 desarrolla sus series experimentales a partir de estos elementos. Las primeras creaciones de estas series son algunas de sus esculturas más importantes como Homenaje a Malevich o su conocida serie de maclas.
 


  En 1957 recibe el Premio Internacional de Escultura en la IV Bienal de Sâo Paulo con 28 esculturas presentadas en familias experimentales; también edita un catálogo con el texto Propósito experimental, 1956-57, en el que fundamenta los principios teóricos de su obra. Tras Sâo Paulo, Oteiza reflexiona sobre el progresivo papel del vacío y el silencio que encuentra su escultura. Formula en esta época la Ley de cambios, según la cual a una etapa de aumento de la expresión sucede otra de apagamiento de la misma:"...siempre se parte de una nada para llegar a una Nada que lo es todo".
 


  En un rápido proceso que apenas dura dos años (1958-59) realiza sus obras conclusivas en las que plasma sus formulaciones anteriores. De ellas, las dedicadas a la desocupación del cubo, particularmente las Cajas vacías, son las que más fielmente representan las conclusiones de su experimentación. A partir de ellas desarrolla nuevos ensayos que culminan en sus obras más radicalmente preminimalistas como el Homenaje a Velázquez, de 1959. En estos años, al relacionar el vacío que progresivamente se encontraba en su obra con el de los cromiechs de la prehistoria vasca, Oteiza llega a "la conclusión experimental de que ya no se puede agregar escultura, como expresión, al hombre ni a la ciudad" y abandona la producción escultórica.
 


 A lo largo de los años sesenta, Jorge Oteiza se entrega a la investigación estética y lingüistica, particularmente en el ámbito de la cultura vasca, y se implica activamente en la causa política y social del pueblo vasco, temas sobre los que publicó extensamente en libros como Quousque tandem...!, 1963, o Ejercicios espirituales en un túnel, 1965. Entre 1972 y 1975 retorna a la escultura, completando algunas de sus series experimentales.



 Organizada de acuerdo con un criterio que sigue de cerca su proceso experimental a fin de plasmar la evolución formal y conceptual del artista, la exposición Oteiza: mito y modernidad reúne aproximadamente doscientas obras procedentes de museos y colecciones particulares.
 












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