viernes, 5 de abril de 2013

Antonio Machado (1875 - 1936) Donde las rocas sueñan.




 Antología esencial

(1903 - 1939)




Antonio Machado
 

        Donde las rocas sueñan       

Misterioso y silencioso     
Iba una y otra vez.          
     Su mirada era tan profunda
Que apenas se podía ver.
        Cuando hablaba tenía un dejo 
 De timidez y de altivez.    
     Y la luz de sus pensamientos
   Casi siempre se veía arder 
Era luminoso y profundo
            Como era hombre de buena fe. 
   
                                                     Rubén Darío




Soledades (1899 - 1907)

Ya Rafael Ferreres (1968) advertía en la obra machadiana cuatro períodos íntimamente trabados e interrelacionados por la personalidad del poeta.

 He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares,
 y atracado en cien riberas.   

En todas partes he visto       
caravanas de tristeza,          
    soberbios y melancólicos         
           borrachos de sombra negra,          
y pedantones al paño          
que miran, callan, y piensan
 que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.        

Mala gente que camina       
y va apestando la tierra...   

Y en todas partes he visto   
 gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran   
sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a su sitio,    
preguntan adónde llegan.   
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,        
y no conocen la prisa          
ni aún en los días de fiesta. 

Donde hay vino, beben vino;
      donde no hay vino, agua fresca.
  Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,     
y en un día como tantos,      
descansan bajo la tierra.      

                                               Antonio Machado




III


La plaza de los naranjos encendidos
con sus frutas redondas y risueñas.
Tumulto de pequeños colegiales
que, al salir en desorden de la escuela,
llenan el aire de la plaza en sombra
con la algazara de sus voces nuevas.
¡Alegría infantil en los rincones
de las ciudades muertas!...
¡Y algo nuestro de ayer, que todavía
vemos vagar por estas calles viejas!

 



XVII


En una tarde clara y amplia como el hastío, 
cuando su lanza blande el tórrido verano,
copiaban el fantasma de un grave sueño mio
mil sombras en teoría, enhiestas sobre el llanto.

La gloria del ocaso era un purpúreo espejo,
era un cristal de llamas, que al infinito viejo
iba arrojando el grave soñar en la llanura...

Y yo sentí la espuela sonora de mi paso
repercutir lejana en el sangriento ocaso,
y más allá, la alegre canción de un alba pura.

                                                Antonio Machado




XXIV


El sol es un globo de fuego,
la luna es un disco morado.
Una blanca paloma se posa
en el alto ciprés centenario.
Los cuadros de mirtos parecen
de marchito velludo empolvado.
¡El jardín y la tarde tranquila!...
Suena el agua en la fuente de mármol.

                                                  A.Machado



XXXII


Las ascuas de un crepúsculo morado
detrás del negro ciprestal humean...
En la gloria en sombra está la fuente
con su alado y desnudo Amor de piedra,
que sueña mudo. En la marmórea taza
reposa el agua muerta.                    

                                              Antonio Machado




XXXV


Al borde del sendero un día nos sentamos.
Ya nuestra vida es tiempo, y nuestra sola cuita
son las desesperantes posturas que tomamos
para guardar...Mas Ella no faltará a la cita. 

                                            Antonio Machado



LI


El jardín

Lejos de tu jardín quema la tarde
inciensos de oro en purpurinas llamas,
tras el bosque de cobre y de ceniza.
En tu jardín hay dalias.
¡Malhaya tu jardín!...Hoy me parece
la obra de un peluquero,
con esa pobre palmerilla enana,
y ese cuadro de mirtos recortados...
y el naranjito en su tonel...El agua
de la fuente de piedra
no esa de reír sobre la concha blanca.

                           Antonio Machado
 


LVII

Consejos

 I

Este amor que quiere ser
acaso pronto será;
pero ¿cuándo ha de volver
lo que acaba de pasar?
Hoy dista mucho de ayer.
¡Ayer es Nunca jamás!

II

Moneda que está en la mano
quizá se deba guardar;
la monedita del alma
se pierde si no se da.

                                         A.Machado
 


Campos de Castilla

CXIX 

Señor, ya me arrancaste lo que más quería.
Oye, otra vez, Dios mio, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.
  
                                               A.Machado




CXX


Dice la esperanza: un día
la verás, si bien esperas.
Dice la esperanza:
sólo tu amargura es ella.
Late, corazón... No todo
se lo ha tragado la tierra.
                              
                                                       A.M.




Nuevas canciones

V

Huye del triste amor, amor pecato,
sin peligro, sin venda ni aventura,
que espera del amor prenda segura,
porque en amor locura es lo sensato...





Antonio Machado nació en Sevilla, el 26 de julio de 1875, en el seno de una familia liberal progresista. En 1883 se traslada a Madrid y estudia en la Institución Libre de Enseñanza hasta 1889. El espíritu de la Institución, presente ya en el propio entorno familiar del poeta, y el liberalismo humanista de Don Francisco Giner de los Ríos, le influyó decisivamente y fue un ejemplo que le acompañó toda su vida. Su formación posterior será básicamente autodidacta.

En su primer viaje a París, en 1899, conoce de cerca a los poetas simbolistas, y en el segundo, en 1902, a Rubén Darío, que marcará decisivamente el desarrollo de su poesía.

Ya en Madrid, en 1903, Machado publica Soledades, que revisa y amplia en 1907 bajo el titulo Soledades. Galerías. Otros poemas; ese mismo año aprueba oposiciones de profesor de francés y se traslada a un instituto de Soria.

En 1909 se casa con Leonor Izquierdo y dos años después, en 1911, gracias a una beca de estudios, el matrimonio viaja París, donde Machado asiste a las clases de Bédier, y a un curso de filosofía de Henri Bergson. En 1912, a su regreso a España, publica Campos de Castilla y poco después muere Leonor.

El dolor por la muerte de su mujer no le permite seguir en Soria y se traslada a Baeza.





Título: Donde las rocas sueñan
Autor: Antonio Machado
Selección y Prólogo: Joaquín Marco
Ilustración de sobrecubierta: Detalle de marinero "del moreno", F.G.Lorca, 1934
Editorial: Círculo de Lectores
Nº Páginas: 457








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