martes, 19 de marzo de 2013

El Tartufo. Moliére (1622 - 1673)


Teatro Albéniz



Tartufo de Moliére


José Luis Pellicena                                             
                                                                       María Fernanda D'Ocón
  

 Pliego de disculpas
                     

Yo, pecador, me confieso a Moliére... Esa sería buena manera de iniciar estas disculpas, si el terrible fluir de los acontecimientos no le hubiera hecho a uno olvidar las oraciones. De cualquier modo, al dios de la escena Moliére hemos de confesarnos y otro sí pedir disculpas cuantos nos atrevemos a modificar, alterar, ampliar o abreviar -en resumidas cuentas, remendar-, su obra.

¿Por qué he cometido yo este posible desafuero? En parte, por agradecimiento a los méritos que en mí suponía el empresario Seoane al proponerme el encargo; en parte, por admiración -quizás mal entendida- a la obra del genio. Pero también porque al leer Tartufo no ya como simple lector o como actor, sino como posible traidor, se me ocurrieron dos bromas: una llevar la obra al punto de los cómicos, -como ya hizo el propio Moliére en otra comedia- donde también hay Tartufos; otra, la de lo "políticamente correcto", tan de moda. Y ya no supe detenerme, como quizás habría sido mi obligación.

En mi andadura, aparte del original francés -recibido por internet- he utilizado las muletas de las varias traducciones -casi ninguna "versión libre", sino traducción literal -que he encontrado, y que son pocas. Sin duda sus autores, si tiene curiosidad, descubrirán fácilmente las huellas de este ladrón. Confieso mis hurtos, aunque no creo mi deber señalarlos.

De los muchísimos juicios sobre Moliére he preferido atenerme al que considera que en sus comedias intentaba divertir al auditorio sin olvidar nunca un fondo claramente satírico. Este moderno amanuense ha intentado con esta irrespetuosa, aunque políticamente correcta, adaptación, que el público de hoy pueda divertirse y perciba también ese fondo satírico que, por desgracia, es ahora tan válido como hace trescientos años, en el tiempo del azaroso estreno de Tartufo.

Si no lo consiguiera, también se daría por satisfecho con despertar en el espectador de esta versión el deseo de conocer la obra auténtica, la que salió de la pluma del genial autor y comediante Moliére. Fernando Fernán Gómez
                                                                          


 "La hipocresía es un vicio de moda y todos los vicios
de moda pasan por virtudes". "Don Juan".
Moliére  

 


Siendo el Tartufo de Moliére una de las grandes obras maestras de la comedia, es habitual que una vez tras otra se recurra a ella con el fin de reflejar sobre el escenario un mal que a través de los tiempos sigue enquistado en la sociedad: la hipocresía. Muchos han sido los creadores que han presentado su Tartufo con el fin de desenmascarar, en cada momento, la falsedad.

Vivimos en una época en que proliferan los Tartufos. Importantes personajes públicos ejercen de Tartufos. Algunos han sido descubiertos y su sonrojo y castigos están ahí. Otros, bien parapetados, viven del tartufismo como apasionada profesión. Incluso no tendríamos dificultades en ponerles nombres y apellidos, siempre dependiendo, claro está, de nuestras afinidades, ideología o intenciones.

Fernando Fernán-Gómez, como excelente comediógrafo, ha entrado en el "Tartufo" para presentarnos una personal y brillante lectura de esta gran obra. una versión que huye de "poner nombres" porque hubiera resultado demasiado fácil y evidente. Y nos presenta un magnífico Tartufo que sin perder su concepción clásica llega hasta la actualidad, porque lo hace correr a través del tiempo. Un Tartufo intemporal y eterno. El Tartufo de Moliére es un devoto. El de Fernando Fernán-Gómez un politólogo. Pero politólogo en paro. Alfonso Zurro

                                                                                               


Fernando Fernán-Gómez

María Fernanda D'Ocón

José luis Pellicena










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