domingo, 31 de marzo de 2013

El diario de Frida Kahlo (1907 - 1954)



Publicado por primera vez en su totalidad, el diario ilustrado de Frida Kahlo refleja los últimos años de una vida turbulenta. Este documento, a veces apasionado, otras sorprendente e íntimo, custodiado bajo llave durante aproximadamente cuarenta años, revela nuevos rasgos de la compleja personalidad de esta destacada artista mexicana.


A Frida Kahlo la vi una sola vez. Pero antes, la escuché. Yo asistía a un concierto en el Palacio de Bellas Artes en la ciudad de México. La construcción se inició bajo la dictadura de Porfirio Díaz en 1905 y refleja los gustos de la élite mejicana de la vuelta del siglo.(...). Cuento todo esto sólo para decir que cuando Frida Kahlo entró en su palco en el teatro, todas las distracciones musicales, arquitectónicas quedaron abolidas. El rumor,estruendo y ritmo de las joyas portadas por Frida ahogaron los de las orquesta, pero algo más que el mero sonido nos obligó a todos a mirar hacia arriba y descubrir a la aparición que se anunciaba así misma con el latido increíble de ritmos metálicos, para enseguida exhibir a la mujer, que tanto el rumor de las joyas como el magnetismo silencioso, anunciaba.



Era la entrada de una diosa azteca, quizá Coatlicue, la madre envuelta en faldas de serpientes, exhibiendo su propio cuerpo lacerado y sus manos ensangrentadas como otras mujeres exhiben sus broches. Quizá era Tlazolteotl, la diosa tanto de la pureza como de la impureza, el buitre femenino que debora la inmundicia a fin de purificar el mundo (...).



(...) Méjico es un país hecho por sus heridas. Nación esclavizada, para siempre anonadada por la fuga de sus dioses, México, triste aunque ávidamente, buscó sus nuevas divinidades y las halló en la figura paterna -Cristo, el Dios crucificado que no exigía sacrificio a los hombres sino que se sacrificaba por ellos, y Guadalupe, la virgen que le devolvió la maternidad inmaculada al indio huérfano, avergonzado de la traición de la otra madre mexicana, La Malinche, la amante y traductora de Cortés (...).



Durante el período colonial, Méjico creó una cultura mestiza, india y europea, barroca, sincrética, insatisfecha. La independencia de España. en 1821, emancipó al país en nombre de la libertad, pero no de la igualdad. Las vidas de las grandes masas de indígenas y mestizos, la mayoría campesinos, no cambió. Cambiaron las leyes, pero éstas poco tenían que ver con la vida real de la gente real (...).



Juventud: Un tranvía llamado violación

Ribera Y kahlo. Él pinta la épica de la historia de México, la repetición sin fin, a veces deprimente, de máscaras y gestos, de tragedia y comedia. En sus mejores momentos , algo brilla detrás de la plétora de figuras y eventos, y ello es una belleza humilde, una fidelidad al dolor y la forma, a la tierra y sus frutos, al sexo y sus cuerpos. Pero el equivalente interno de esta sangrienta ruptura es algo que le pertenece a Frida más que a Diego.





El elefante y la paloma, sí, pero también el toro ciego, insensible a tantas cosas, chivo suelto en cristalería, inmensamente enérgico, vaciándose hacia el mundo exterior, y casado con la mariposa frágil, sensitiva, quebradiza, que repitió sin cesar el ciclo de larva a crisálida, a hechicera de obsidiana, hada de la noche mejicana que abría las alas brillantes sólo para ser alfilereada una y otra vez, asombrosamente resistente ante el dolor, hasta que el nombre común del dolor y del fin del dolor fue la muerte (...).



Sufrimiento: matada por la vida

En su libro sobre el dolor del cuerpo, Elaine Scarry lúcidamente observa que el dolor de los demás no puede ser sino un hecho transitorio en nuestra propia conciencia.
¿Es el dolor algo que no se puede compartir?
Más aún, ¿puede siquiera decirse el dolor?
Es indescriptible, escribe Virginia Woolf. Se pueden conocer los pensamientos de Hamlet, pero no se puede realmente describir una jaqueca: el dolor destruye el lenguaje. Filoctetes, el guerrero griego mordido por una serpiente, es abandonado en la isla de Lemnos sin más compañía que sus fétidas heridas y sus horrendos gritos de dolor. Su discurso es punteado por gruñidos y aullidos animales, por los monosílabos del sufrimiento desarticulado. Conan Doyle, en uno de sus más terroríficos cuentos, envía una expedición científica al centro de la tierra: cuando tocan el corazón del planeta, lo único que reciben los exploradores es un aterrador grito que los coloca al borde de la locura.






El dolor, escribe Scarry, se resiste ha convertirse en objeto del lenguaje. Por eso el dolor es expresado mejor por quienes no lo sienten pero hablan en su nombre.
En una famosa página, Nietzsche dice que ha decidido llamar "Perro" a su dolor. "Mi dolor es tan fiel, discreto y desvergonzado como mi perro, y su compañía me divierte igual...puedo regañarlo y desatar sobre él mis malos humores...". 






Su dolor. Su cuerpo. Estas son las fuentes del arte de Frida Kahlo. Pero no bastan no son únicas. Allí está su padre, Guillermo Kahlo, fotógrafo de ascendencia judía, alemana y húngara, cuyos trabajos se aproximan a las rigideces del retrato fotográfico decimonónico. Guillermo Kahlo era muy solicitado para fotos de calendario, acaso capturado aún por el asombro de poderle dar una cara a todos.






(...) Las etapas de la pasión, los preámbulos de la inocencia, los actos del sufrimiento y, finalmente, la catarsis del conocimiento, son tan evidentes en la artista mexicana como en los autorretratistas holandeses. Pero el aura del extrañamiento, del desplazamiento, de la dislocación de la escena y de los objetos, así como la irracionalidad espontánea de todo ello, también la han asimilado, en ocasiones, al surrealismo.






Título: El diario de Frida Kahlo (Un íntimo autorretrato)
Introducción: Carlos Fuentes
Ensayo y comentarios: Sarah M. Lowe
Traducción: Mariana Díaz
Editorial: Debate S.A.
Nº Páginas: 296





No hay comentarios:

Publicar un comentario