viernes, 15 de marzo de 2013

Eduardo Andradas de Diego



 
Primavera en abril


Primavera de pincel,
de acuarela
de estrofa de poema
que se derrama en rosales,
hachos de textura de viento,
que se borda en los ojos
fatigados del viento, del invierno,
se dibuja en femenino,
en el azul del cielo.

Primavera que se ata,
en los susurros de brisa,
en las noches ocres de abril,
que rozas las voces quietas,
que se enredan en labios enfermos,
de besos que nacen,
en las manos del poeta.

                                 E. Andradas



 
Llueve tras el cristal horas


Horas de lluvia en el cristal,
de un amanecer mojado, desnudo de abril.
Rayos apagados, nubes de agua,
hoy quizás hasta los besos,
tengan un sabor a lluvia de invierno.

                                         E. Andradas




El otoño que se pierde


Hojarasca de otoño,
que se amarra al viento,
que borra la lluvia.

El cielo es una tela de luz,
que se desnuda en golpes de azul.

Deshabitarme en ti
en el color forestal de la tarde,
rasgar las horas
que diseminan la llovizna,
que muere fija en el atardecer,
como sombra que se desvanece,
en el ataúd de la noche.

                         E. Andradas




Tus ojos hoy no son de nadie
 

Tus ojos hoy, son tan efimeros
sin pulso, fugaces, tan distantes,
 que parece que están hachos de nada.

Tus ojos hoy son rosas de agua,
noches sin días, momentos rotos,
lunas sin luz agrietadas.

Tus ojos hoy, son nubes sin cielo,
mares de tierra y lluvia,
siluetas confusas.

Tus ojos hoy
se han abandonado así mismos.

                                              E. Andradas




Sobre Eduardo Andradas:


Podría ser un acorde
de alba de Aute,
un atardecer enrojecido,
que desaparece en la noche.

A veces creo ser,
vela en el viento,
un poema de Lorca,
un cuento de Poe,
un Matisse que pintaran,
las manos de Cezanne.

Si, quisiera ser,
la cola de algún cometa
un viaje por la Vía Láctea,
Lancelot besando a Ginebra.

Si me desnudo interiormente,
soy luz azul
y como Gil de Biedma
escribo contra mi mismo.
Pero solo soy, un retal del universo,
que siente tanto que perece en el.

                          Eduardo Andradas




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