sábado, 30 de marzo de 2013

Bizancio en España. De la Antigüedad tardía a El Greco


Museo Arqueológico Nacional (MAN)




Estambul, Turquía

La exposición que lleva el título Bizancio en España. De la Antigüedad a El Greco, está dedicada a las obras bizantinas conservadas en España. Durante más de mil años, desde los comienzos dela Antigüedad tardía al umbral de la Edad Moderna, el Imperio Bizantino, heredero de Roma pero también de la antigua Grecia, asentó sus dominios sobre las tierras de buena parte del Mediterráneo.



Su capital, Constantinopla, jugó un papel mundial; fue una ciudad espléndida, la mejor de Europa, pero, sobre todo, brilló como centro espiritual y artístico. Al haber sido capaces de dar forma a la síntesis de las enseñanzas griegas, romanas y cristianas, sus talleres lograron productos tan sofisticados que se convirtieron para Occidente en objetos permanentes de deseo y motivo de inspiración para sus artistas.

La exposición está dividida en seis grandes secciones que siguen un orden temático. La Sección I trata de ofrecer una panorámica de El descubrimiento del arte bizantino en España. Un proceso lento que necesitó del esfuerzo de viajeros, diplomáticos, eruditos y profesionales de la Historia del Arte y se extendió a lo largo del siglo XIX y entrado el XX. El viaje de la fragata Arapiles y el testimonio que nos ha legado D. Juan de Dios de La Rada y Delgado son bien reveladores en este sentido.




La Sección II se ocupa de las "Imágenes del poder", del gran arte oficial y aristocrático, fiel a las técnicas del lujo, que tuvo como misión ensalzar la figura del emperador, convertido en el elegido de Dios y su representante en la tierra, en la cabeza visible del Imperio cristiano. El Disco de Teodosio anuncia una tendencia que se consolidará con el tiempo; la numismática ratifica esta evolución.

 La Sección III acoge distintos objetos que ilustran "La vida cotidiana" en Bizancio y, por extensión, en otras áreas del Mediterráneo oriental. Objetos que fueron exportados a España y que distintas excavaciones han rescatado. Además permite admirar los resultados de las realizadas en el barrio comercial de Cartago Spartaria, posible capital bizantina, y abundantes testimonios de este intenso tráfico comercial de los siglos VI y VII.


 
La Sección IV ofrece una selección de la extraordinaria colección de "Manuscritos bizantinos" que se conservan tanto en la Biblioteca Nacional de Madrid como en la Biblioteca de El Escorial. Son un excelente testimonio de la afición del arte bizantino por las materias ricas que manifiestan la busqueda del esplendor, del color que se revela también en el empleo de los fondos de oro. El Sacramentario de Juan Escilitzes y el que contiene el himno Acathistos han gozado, desde antiguo, de merecido reconocimiento.

 


La Sección V agrupa un significativo y variado muestrario de "El arte para la liturgia", de la importancia concedida al arte por la iglesia. De espíritu monástico, de inspiración oriental, que quiso fijar desde el siglo IX, para siempre y en función del dogma, el arte religioso. Iconos como el de la catedral de Toledo, incensarios como el perteneciente a una colección particular y distintas cruces ilustran adecuadamente este propósito.

La última sección: "Bizancio después de Bizancio": El Greco, se hace eco de las manifestaciones  artísticas que perduraron tras la caída de Constantinopla. Las obras que se hicieron, fundamentalmente iconos, se mantuvieron fieles a la tradición paleóloga aunque no desdeñaron las novedades occidentales.




El Greco se formó en ese ambiente y hoy está admitida por parte de la crítica su deuda permanente con el arte bizantino. Rusia, Bulgaria o Rumania vieron prolongarse esta influencia hasta el siglo XIX.


Breves introducciones a cada sección, mapas y planos o la explicación del proceso seguido en la elaboración de un icono permiten enriquecer la visita a la exposición.





El Greco
El Redentor 1608-14
                                                      
 





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