viernes, 15 de febrero de 2013

Canción de la vida solitaria. Fray Luis de León (1527-1591)




Canción de la vida solitaria

¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruido
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido;
que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio Moro, en jaspes sustentado!
No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.
¿Qué presta a mí contento,
si soy del vano dedo señalado;
si, en busca deste viento,
ando desalentado,
con ansias vivas, con mortal cuidado?
¡Oh monte, oh fuente, oh río!
¡Oh secreto seguro, deleitoso!,
roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.
Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
 no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza, o el dinero.
Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves,
 de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atendido.
Vivir quiero conmigo;
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas , de recelo.
Del monte en la ladera,
por mi mano plantado, tengo un huerto,
que con la primavera,
de bella flor cubierto,
ya muestra en esperanza el fruto cierto;
y, como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura;
y, luego sosegada,
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo, de pasada,
de verdura vistiendo
y con diversas flores va esparciendo.
El aire el huerto orea
y ofrece mil olores al sentido;
los árboles menea
con un manso ruido,
que del oro y del cetro pone olvido.
Ténganse su tesoro
los que de un falso leño se confían;
no es mío ver el lloro
 de los que desconfían,
cuando el cierzo y el ábrego porfían.
La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna; al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía.
A mí una pobrecilla
mesa, de amable paz bien abastada,
me baste; y la vajilla,
de fino oro labrada,
sea de quien la mar no teme airada.
Y mientras miserable-
mente se están los otros abrasando
con sed insaciable
del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté cantando;
a la sombra tendido,
de hiedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.

                                                                   Fray Luis de León







Fray Luis de León nació en Belmonte, Cuenca en 1527, fue un humanista, religioso agustino y poeta. Sus padres Lope de León y Inés de Varela eran de ascendencia judía. Su padre abogado de la corte, a la cual seguía cada vez que se trasladaba.

 Realizó sus priemros estudios en Madrid y Valladolid y a los 14 años en la Universidad de Salamanca, ciudad que constituyó el eje de su vida intelectual. Allí ingresó en la Orden de San Agustín, probablemente en enero de 1543 y profesó el 29 de enero de 1544.





Dominó a la perfección los idiomas: griego, hebreo, latín caldeo, asirio, italiano y francés; esto le permitió leer la Biblia y otros importantes libros en su lengua original y hacer algunas traducciones como "El cantar de los cantares", hecho que sirvió a sus enemigos para acusarlo de herético y judaizante por lo que pasó cinco años en presidio.

 Declarado inocente, volvió a las aulas universitarias a continuar su labor docente, demostrando su grandeza de espíritu cuando desechando rencores, reinició su cátedra con su famosa frase "Decíamos ayer..."
 
 



El deseo de soledad y retiro en contacto con la naturaleza  y la búsqueda de paz espiritual y de conocimiento, lo lleva a escribir un gran número de odas.

 Obra en prosa

El cantar de los cantares: es traducción del libro de la Biblia hecha a petición de su prima Isabel Osorio, monja en el convento Sancti Espiritus de Salamanca. Se aparta de la interpretación propia de la época -diálogo entre Cristo y la iglesia, o entre el alma y Dios-, y basándose en el texto hebreo lo analiza como un diálogo de amor humano.

La perfecta casada: dirigida a su sobrina María Varela Osorio con motivo de su boda. inspirado en El libro de los proverbios (cap. XXXI), ofrece una reflexión sobre las virtudes que han de adornar a la mujer casada. Esta obra fue considerada el manual perfecto par la mujer cristiana. 
 




Fray Luis de León poseyó el don de la palabra. Nadie como él supo encontrar la palabra exacta par expresar sus sentimientos. Y sus traducciones para acercar a la gente a Dios y al misticismo, autores clásicos , como Horacio y Eurípides.
 


Fray Luis de León murió en Madrigal de las Altas Torres (Ávila), el año de 1591.








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