sábado, 5 de enero de 2013

Tennyson (1809 - 1892). The Lady of Shalott.



Lord Alfred Tennyson primer Barón de Tennyson, nació en Somersby, en el condado de Lincolnshire, el día 6 de agosto de 1809.
 
 La reina Victoria fue una gran admiradora del trabajo de Tennyson nombrándole Barón en 1884 y otorgánlole este título sobre Aldworth en el condado de Sussex y en Freshwater en las islas Wight. Murió en octubre de 1892 y fue enterrado en la Abadia de Westminster.


John William Waterhouse. The Lady Shalott, 1888

The Lady of  Shalott

I

A ambos lados del río se despliegan
sembrados de cebada y de centeno
que visten la meseta y el cielo tocan;
y corre junto al campo la calzada
que va hasta Camelot la de las torres;
y va la gente en idas y venidas,
donde los lirios crecen contemplando,
en torno de la isla de allí abajo,
la isla de Shalott.
El sauce palidece, tiembla elálamo,
cae en sombras la brisa, y se estremece
en esa ola que corre sin cesar
a orillas de la isla por el río
que fluye descendiendo Camelot.
Cuatro muros y cuatro torres grises
dominan un lugar lleno de flores,
y en la isla silenciosa vive oculta
la dama de Shalott.
Junto al margen velado por los sauces
deslizarse tiradas las barcazas
por lentos caballos. Sin saludos,
pasa como volando la falúa,
con su vela de seda a Camelot:
más,¿quién la ha visto hacer un ademán
o la ha visto asomada a la ventana?
¿O es que es conocida en todo el reino,
la Dama de Shalott?
Sólo al amanecer, los segadores
que siegan las espigas de cebada
escuchan la canción que trae el eco
del río que serpea, transparente,
y que va a Camelot la de las torres.
Y con la luna, el segador cansado,
que apila las gavillas de la tierra,
susurra al escucharla: "Esa es el hada
la Dama de Shalott".



II


Allí está ella, que teje noche y día
una mágica tela de colores.
ha escuchado un susurro que la anuncia
que alguna horrible maldición la aguarda
si mira en dirección a Camelot.
No sabe que sera el encantamiento,
y así sigue tejiendo sin parar,
y ya solo de eso se preocupa
la Dama de Shalott.
Y moviéndose a través de un cristalino espejo
colgado todo el año ante ella,
se aparecen del mundo de las tinieblas.
Allá ve la cercana carretera
que abajo serpea hasta Camelot:
allí gira del río el remolino,
y allí los más rudos aldeanos
y las capas encarnadas de las muchachas
pasan junto a Shalott.
A veces, un tropel de damiselas,
un abad tendido en almohadones,
un zagal con el pelo ensortijado,
o un paje con vestido carmesí
van hacía Camelot la de las torres.
Y alguna vez, en el azul espejo,
cabalgan dos a dos los caballeros:
no tiene caballero que la sirva
la Dama de Shalott.
Pero aún ella goza cuando teje
las mágicas visiones del espejo:
a menudo en las noches silenciosas
un funeral con velas y penachos
con su música iba a Camelot;
o cuando estaba la luna en el cielo
 venían dos amantes ya casados.
"Harta estoy de las tinieblas", se decia
la Dama de Shalott.




III


A un tiro de flecha de su alero
cabalga el en medio de las mieses:
venía el sol brillando entre las hojas,
llameando en las broncíneas grebas
del audaz y valiente Lanzarote.
Un cruzado por siempre de rodillas
ante una dama fulgía en su escudo
por los remotos campos amarillos
cercanos a Shalott.
Lucía libre la enjoyada brida
como una rama de estrellas que se ve
 prendida de la áurea galaxia.
Sonaban los alegres cascabeles
mientras él cabalgaba a Lancelot:
y en bandolera, entre blasones,
un potente clarín todo de plata;
tintineaba, al trote, su armadura
 muy cerca de Shalott.
Bajo el azul del cielo despejado
su silla tan lujosa refulgía,
el yelmo y la alta pluma sobre el yelmo
como una sola llama ardían juntos
mientras él cabalga a Camelot.
tal sucede en la noche purpúrea
bajo constelaciones luminosas,
un veloz meteoro se aproxima
a la quieta Sharlott.
Su clara frente al sol resplandecía,
montado en su corcel de hermosos cascos,
pendían de debajo de su yelmo
sus bucles queeran negros cual tizones.
mientra él cabalgaba a Camelot.
Al pasar por la orilla, junto al río
brillaba en el espejo de cristal.
"Tiroliro", por la margen del río
cantaba Lancelote.
Ella dejó el paño, dejó el telar
a través de la estancia dio tres pasos,
vio que su lirio de agua florecía,
contempló el yelmo y contempló la pluma,
dirigió su mirada a Camelot.



IV


Al soplo huracanado del levante,
los bosques sin color languidecían;
las aguas lamentábanse en la orilla;
con un cielo plomizo y bajo, estaba
lloviendo en Camelot la de las torres.
Ella descendió y encontró una barca
bajo un sauce flotando entre las aguas,
y entorno de la proa dejó escrito
La Dama de Shalott.
Y a través de la niebla, río abajo,
cual temerario vidente en un trance
que ve todos sus propios infortunios,
vidriada la expresión de su semblante,
dirigió su mirada a Camelot.
Y luego a la caída de la tarde,
retiro la cadena y se tendio;
muy lejos la arrastró el ancho caudal,
a la Dama de Shelott.
Echada, toda de un níveo blanco
que flotaba a los lados libremente
-leves hojas cayendo sobre ella-,
a través de los ruidos de la noche
fue deslizándose hasta Camelot.
Y en tanto que la barca serpeaba
entre cerros de sauces y embrados,
cantar la oyeron su canción postrera,
la Dama de Shalott.
Oyeron un himno doliente y sacro
cantado alto, cantado quedamente,
hasta que se heló su sangre despacio
y sus ojos se nublaron del todo
vueltos a Camelot la de las torres.
Cuando llegaba ya con la corriente
a la primera casa junto al agua,
cantando su canción, ella murió
la Dama de Shalott.



V


Por debajo de torres y balcones,
junto a muros de calles y jardines,
su forma resplandeciente flotaba,
su mortal palidez entre las casas,
ya silenciosamente en Camelot.
Viniendo de los muelles se acercaron
caballero y burgués, señor y dama,
y su nombre leyeron en la proa,
la Dama de Shalott.
¿Quién es está? ¿Y qué es lo que hace aquí?
Y en el cercano palacio encendido
se extinguió la alegría cortesana,
y llenos de temor se santiguaron
en Camelot los caballeros todos.
Pero quedó pensativo Lancelote;
luego dijo: "Tiene un hermoso rostro";
que Dios se apiade de ella, en su clemencia,
la Dama de Shelott.








No hay comentarios:

Publicar un comentario