sábado, 19 de enero de 2013

Vida de Teresa de Jesús. Eduardo T. Gil de Muro.



Debajo de los Pies

Vida de Santa Teresa de Jesús (1515-1582)




Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.
Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor,
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí;
cuando el corazón le di
puso en mí este letrero:
"Que muero porque no muero".
Esta divina unión,
y el amor con que yo vivo,
hace a mi Dios mi cautivo
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
 ver a mí Dios prisionero,
que muero porque no muero.
¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel y estos hierros
en que está el alma metida!
Sólo esperar la salida
me causa un dolor tan fiero,
que muero porque no muero.
Acaba ya de dejarme,
vida,no me seas molesta;
porque muriendo,¿qué resta,
sino vivir y gozarme?
No dejes de consolarme,
muerte, que ansí te requiero:
que muero porque no muero.
                                         Teresa de Jesús



Santa Teresa de Jesús, joven intrépida e inquieta, mujer excepcional, fundadora incansable y gran mística y escritora, supo afrontar y superar los obstáculos que la vida le iba presentando para seguir su llamada. Teresa, nacida en 1515, sufre las dificultades de sus orígenes y del siglo; nieta de un judío converso, la Inquisición controlará sus acciones tanto como sus escritos.
A pesar de los impedimentos, la Madre Teresa, con la ayuda de Juan de la Cruz y Gracián, consigue fundar numerosos conventos de carmelitas descalzos a lo largo de la geografía española.




(...) Pero le quedaba aún el último resuello. Un resuello lleno de esperanza, lleno de ternura y poesía. Pocas gentes habrán muerto con palabras tan hondas en los labios:

"Señor y esposo mío: ya es llegada la hora tan deseada. Tiempo es ya de que nos veamos, amado y Señor mío. Ya es tiempo de caminar. Vayamos muy enhorabuena. Cúmplase vuestra voluntad. Ya es llegada la hora en que yo salga de este destierro y mi alma goce en uno de Vos, que tanto he deseado." (Era el 4 de octubre de 1582)



"Aquí está mi vida, 
aquí está mi honra
y mi voluntad.
Todo os lo he dado."
                                     Teresa de Jesús
                                                  

Eduardo T. Gil Muro (La Rioja 1927), carmelita descalzo y periodista, cursó estudios sacerdotales en Burgos, Humanidades en Salamanca y periodismo en Madrid.






Santa Ana

Hace dos días que estoy en este convento de Santa Ana. Está rodeado de extensos pinares; los frailes son buenos; se respira un dulce sosiego. Yo no hago nada; apenas escribo de cuando en cuando seis u ocho cuartillas...
 



 Hoy el Padre Fulgencio...: el Padre Fulgencio es un hombre joven, alto, de larga barba, de ojos inteligentes, de ademanes afables. Hoy ha venido a mi celda y me ha alargado un libro pequeño, que me ha dicho que era La Pasión. Yo lo he tomado sonriendo ligeramente (con una sonrisa de quien ha leido a Strauss y a Renan).
 



Luego he principiado a leerlo y poco a poco he ido experimentando una de las más intensas, de las más enormes sensaciones estéticas de mi vida de lector. Se trata del libro de Catalina Emmerich, y es un libro de una extraordinaria fuerza emotiva, e una sugestión avasalladora.
 



Aparte de La educación sentimental de Flaubert, y de las Poesías de Leopardi, que son los que encajan más en mi temperamento, yo no recuerdo otro que me haya producido esta impresión.
 



La autora cuenta simplemente el drama del Calvario como si lo hubiese presenciado, como si fuese una de las Marías. A cada paso se encuentran frases en que atestiguan su presencia, frases de una ingenuidad deliciosa.




"Yo vi los dos apóstoles subir a Jerusalén, siguiendo un barranco, al mediodía del Templo", "yo vi al Señor hablar solo con su Madre", "mientras que Jesús decía estas palabras yo le vi resplandeciente..."
 



Y luego, ¡qué dolor, que intensa pasión, qué minuciosidad en los detalles cuando relata la escena culminante! Hay en ella una frase que me ha producido escalofrío, que me ha hecho sonreír y sollozar a un mismo tiempo. Dice la autora hablando de la crucifixión:
 



"En seguida lo extendieron sobre la cruz, y habiendo estirado su brazo derecho sobre el brazo de la cruz, lo ataron fuertemente; uno de ellos...(Pág.175) Obras selectas de Azorín. La voluntad.






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