viernes, 4 de enero de 2013

No hay burlas con el amor. Calderón de la Barca (1600 - 1681)




Teatro la vida es puro teatro...

Pedro Calderón de la Barca nació en Madrid en 1600, cursó estudios en el Colegio Imperial de los Jesuitas y en las universidades de Alcalá y Salamanca, instalándose en 1621 en Madrid.
En 1623 se estrena en el Palacio del Real Alcázar su primera comedia: Amor, honor y poder, iniciándose una primera etapa dedicada sobre todo a las comedias de enredo. En la década de 1630 compuso muchas de sus obras más célebres, y en reconocimiento a su labor Felipe IV le concede el hábito de caballero de Santiago.

En 1640 participa en la guerra de Cataluña hasta que, herido obtiene la licencia absoluta en 1642, reanudando su actividad literaria. En 1650 ingresa en la Orden Tercera de San Francisco y ocupa la capellanía instituida por su abuela, siendo ordenado sacerdote en 1651.

En 1653 logra una vacante como capellán de los Reyes Nuevos de Toledo. En 1663 es nombrado capellán de honor del rey y vuelve definitivamente a Madrid. Estrenó su última comedia Hado y divisa de Leónido y Marfisa en el carnaval de 1680. Falleció en Madrid en 1681.



Su extensa obra puede agruparse en comedias de capa y espada, de tramoya y de espectáculo, dramas religiosos, dramas trágicos o de honor, dramas filosóficos y una extensa y variada producción de autos sacramentales que tuvieron en Calderón de la Barca a su más eximio creador.


No hay burlas con el amor


Nada es como parece: ese podría ser el título de cualquiera de las comedias de "capa y espada" de Calderón, y si no lo es de ninguna de ellas, es quizás precisamente por ser demasiado generalizador y definitorio de todas.

Estas comedias, entre las que "No hay burlas con el amor" es verdaderamente ejemplar, ponían sobre el tablado una apariencia de la vida de todos los días. Los personajes vienen "vestidos de calle", con capa y espada, son personajes corrientes, "particulares", cosa bien distinta a lo que ocurre en las comedias palatinas, y, a diferencia de las de asunto novelesco, todo ocurre muy cerca de los espectadores y es semejante a lo que ellos viven porque siempre se trata de los "sucesos más caseros de un galanteo", de lances de duelos y celos, de galanes escondidos en los lugares más absurdos y recónditos de las casas y de damas vagando por las calles con el rostro tapado.


Teatro en el Siglo de Oro. Museo del teatro

Los espectadores de los corrales no se cansaban de ver todo esto una y otra vez. Lope y tirso habían iniciado el camino, y aunque Calderón logró la máxima perfección del género "elevando la comedia a ciencia en perfecto silogismo", como dijo un contemporáneo suyo, y aunque esto lo consiguiera muy al principio de su producción con "La dama duende", el éxito enorme de esta obra le obligó a insistir en esa fórmula ideando mil enredos diferentes para complacer al público.

Para nosotros estas comedia, también conocidas como comedias de costumbres, tienen, entre otros muchos atractivos, el encanto de lo que no hemos vivido nunca; nos sorprende la agilidad con la que se acumulan y precipitan las acciones, nos resulta difícil imaginar algo más vivaz para un mundo en el que tanto las figuras del tablado como los espectadores se movían a la velocidad máxima que podía alcanzar el caballo.

Nos cuesta trabajo creer que aquel entusiasmo de los que las vieron nacer consistiera en la mera complacencia en lo cotidiano, porque si hacemos caso a Ortega, lo cotidiano suele convertir fatalmente la boca del telón en bostezo.Algo más, mucho más, tiene que haber en el teatro que transforme su apariencia de cotidianeidad, incluso que desmienta su clasificación como teatro de costumbres.

Para empezar, escribe "La dama duende", y dos años más tarde "El astrólogo fingido". No nos lo podía decir  más claro; en las dos comedias transfigura Calderón a su antojo el escenario en un espacio mágico donde sólo cabe el misterio, para devolverlo luego a su realidad tantas veces como quiere.




Sin duda este es un procedimiento extremo, pero no es el único. Hay uno mucho más corriente que lleva en volandas a la comedia de principio a fin : la mentira. Los personajes mienten siempre y se enredan en sus propias mentiras y en las de los otros. Por eso Wardropper, tomándolo por donde quema, llega a decir que la comedia de "capa y espada" refleja "confusión del mundo" en el que el hombre es víctima de su "insuficiencia moral".

Se trata de un juego, no obstante; mentira es sinónimo de teatralidad. Cuando Angela, la mismísima dama duende, escucha a su hermano todo lo que le ha pasado en la calle con una "tapada" que es ella misma, comenta con toda desfachatez: "¡Miren la mala mujer/ en qué ocasión te había puesto!7 Que hay mujeres tramoyeras". La mentira es la tramoya, la máquina teatral que crea la misma comedia.

Calderón es el gran creador de trampantojos, de apariencias engañosas que dislocan la realidad, como esos jardines o esas puertas que se pintan en los muros. En "No hay burlas con el amor", Calderón pone en juego los mecanismos del género y centrar en el amor toda la trama. El titulo que parece contener una advertencia, esconde la intención de hacer burla de todo. Para empezar del honor, haciendo el mundo al revés de sus dramas, como cuando el gracioso moscatel adopta el tono de los maridos que se ceen engañados,

¡Qué mal descansa un celoso!
¡Qué mal un triste descansa!

y llega a decir como D. Gutierre en el monólogo más tenso de "El médico en su honra",
Bien podéis, ojos, llorar,
no lo dejéis de vergüenza.
tan solo porque le ha despedido Inés.
                                              


Arremete Calderón también contra el lenguaje rebuscado que él mismo práctica, y hace de Beatriz, lectora empedernida de Ovidio, una parodia viviente del gongorismo; y cuando insiste en los recursos propios de la comedia de enredo, el galán protesta:

¿Es comedia de Don Pedro
Calderón, donde ha de haber
por fuerza amante escondido,
o rebozada mujer?




Para que la advertencia del título se convierta en moraleja, hay que burlarse o intentar burlarse del amor, del corazón que hace palpitar este teatro; eso es lo vamos a ver en una de las comedias más perfectas de Calderón, y, sin duda, la más hilarante de todas las que escribió. Aquí las "gracias" no están reservadas al gracioso, porque todos, y sobre todo las mujeres, participan de la comicidad de las situaciones y de la comicidad verbal; quizás por eso mismo Calderón, contraviniendo las normas del Arte Nuevo que prohiben que el lacayo "trate cosas altas", y para compensarle, presenta un criado enamorado, una sorpresa más, sino para nosotros ya, si para los espectadores de capa y espada...
¡Perdón!, y para las espectadoras de manto y guardainfante. R.P.S.

                                                                                                   
Hay cosas en la vida que son universales como el amor y la risa, principales ingredientes de esta maravillosa comedia de Calderón. La acción transcurre en Madrid, aunque podría ocurrir en cualquier lugar del mundo.

No quería perder la profundidad de sentimientos, la humanidad de la que Calderón hace gala; arañas el texto y salen personajes reales. Esta no es solamente una comedia de situaciones; tras la "capa y espada" hay personajes que existieron hace cientos de años.El amor no tiene una sola cara; sus facetas son múltiples y, antes o después, la tristeza le acompaña.
hay celos, desengaños, esperanza. Si no vemos el sentimiento real de Beatriz, no sentiremos su felicidad cuando escuchamos las espléndidas décimas de "no hay burlas con el amor" que D. Alonso le dice, finalizando la comedia.

La vida es un circo, un teatro ambulante, un vodevil. Todos somos payasos. Este no es un Calderón a través del circo, sino el circo a través de calderón. La obra es leve y alegre. Vuela.




El Teatro de la Comedia esta situado en un barrio de gran tradición teatral en que ya existían  corrales de comedias - el de la Cruz y el del Príncipe (hoy Teatro Español) en los siglos XVI y XVII. El teatro de la comedia se construyó en 1874 en un solar propiedad de D. Silverio López de Larrainza, empresario de salas de juego que quiso dejar constancia de su actividad en la decoración del teatro.
Fue construido por el arquitecto Agustín Ortiz de Villajos. El 18 de septiembre de 1875 fue inaugurado por el rey Alfonso XII y su hermana la príncesa Isabel.



Reparto(Por orden de diálogo)

Don alonso de Luna

Moscatel

Don Juan de Mendoza

Don Luis Osorio

Don Diego

Doña Leonor

Inés

Doña Beatriz

Don Pedro Enríquez







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