sábado, 5 de enero de 2013

Calderón de la Barca (1600 - 1681). El alcalde de Zalamea.


Pedro Calderón de la Barca


Nadie osará decir que Calderón de la Barca no ha sido profeta en su tierra, cuando es el caso que algunos versos suyos han llegado ha proverbializarse, él mismo se ha convertido en hechura del refranero ("Cuando Calderón lo dijo, estudiado lo tendría").
 
Un concienzudo estudió reciente comprueba, por ejemplo, que "junto con Moliére, y sólo detrás de Shakespeare, Calderón ejerció más influencia directa o indirecta en el teatro alemán que cualquier otro dramaturgo extranjero, y en los decenios de 1950 y 1960 "hubo más puestas en escena profesionales de Calderón en Alemania y Austria que en España".

Ese prodigioso "don del teatro", de los supremos dramaturgos de todas las épocas que posee Calderón hacen que las representaciones de sus obras se disfruten con mucha intensidad y resulten inolvidables.




El alcalde de Zalamea

Esta obra, vista con atención, es la exposición detallada, con cada uno de sus elementos, tanto los sustanciales como los accidentales, de un caso judicial en forma dramática. Mediante una escenificación lo bastante simple y flexible para que ni el público se distraiga en las nimiedades del montaje ni la acción pierda dinamismo, el problema se revive sobre el escenario, ante los ojos del espectador.

Como si se tratara del foro de un auténtico tribunal de justicia, la presentación, remontándose a aquellos elementos que aclaran la génesis y naturaleza del caso, seguirá la ordenada lógica del raciocinio.
 
Calderón escoge como héroe trágico a un labrador rico, cuya acción, directamente alusiva a graves conflictos sociales del momento, se encamina a la defensa de sus derechos como persona.
 
 La constatación de este punto implicará asentir con el protagonista a que,  por encima de cualquier distingo que pretenda aducirse, todos somos portadores de una misma dignidad, sobre la que sólo el propio sujeto posee la potestad de disponer.



Hay reside la grandeza de la obra de Calderón, porque supo dotar a su personaje de una entidad que lo hace resistente a sus circunstancias y, por ello, se eleva desde su situación personal a motivo universal.

 




Autor: Pedro Calderón de la Barca
Prólogo: John E. Varey
Edición: Gerardo Salvadoor
Diseño: Norbert Denkel
Nº Páginas: 189








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