sábado, 26 de enero de 2013

Breakfast at Tiffany's (1961) Audrey Hepburn



Paramount Pictures  presenta a

Audrey Hepburn  y George Peppard
en 
"Breakfast  At  Tiffany's"


Audrey Hepburn






Directed  by:  Blake Edwards

Fotografía: Franz Planer

Productora: Paramount Pictures

Género: Comedia romántica

Reparto: Patricia Neal, Buddy Ebsen, Martín Balsam y Mickey Rooney



Basada en la novela de Truman Capote

Guión: George Axelro

Música: Enry Mancini






Una comedia romántica ganadora de un Oscar, con una música maravillosa y ella Audrey (Holly Golightly), y él George Peppar, el joven, "mantenido" escritor que se ve arrastrado por el nada convencional estilo de Holly.


Audrey Hepburn y George Peppard






Holly Golightly es una bella joven neoyorquina que, aparentemente, lleva una vida fácil y alegre. Un día se muda a su mismo edificio Paul Varjak, un escritor que espera el éxito.



Premios

1961. 2 Oscar: Mejor canción. Mejor Banda Sonora. (5 Nominaciones)

1961. Globos de Oro: Nominada Mejor Película. Mejor Actriz  Comedia (Hepburn)

1961. Premios David di Donatello: Mejor Actriz Extranjera (Hepburn)






El icono del estilo.



Con su éxito, el planeta se inundó de modelos y actrices
delgadísimas, aunque ninguna como ella.



Tras el estilo Audrey Hepburn se agazapaba un duro pasado.



La elegancia sin esfuerzo, Audrey y Givenchy hicieron maravillas con su colaboración



A Hubert de Givenchy, un joven modisto aristócrata parisino, la avisaron de que la señorita Hepburn estaba en la tienda. El couturier salió apresuradamente de su taller y se dio cuenta de que era "la otra Hepburn". Había creido que se trataba de la mucho más famosa Katharine.



Corría 1952, y Audrey estaba allí para comprar su vestuario para Sabrina. Demostró a Givenchy que sabía cuatro o cinco cosas de alta costura y nació una amistad de por vida.



Ella colocaría al modisto en el mapa, luciría sus creaciones en otras cinco películas y sería la imagen de su perfume, Interdit, sin cobrarle un franco. Él mostró su gratitud siempre que pudo.



La colaboración más inmortal del dúo fue el vestido que Audrey lleva al inicio de Desayuno con Diamantes. Ella iba tocada con una tiara de bisutería pasada de moda, kilos de quincalla al cuello, unas gigantescas gafas de sol y una pasta danesa en la mano.En realidad tenía que ser una parodia de una mujer estilosa.
 
Sin embargo, involuntariamente, Audrey convirtió el conjunto en la cima del estilo de toda la historia del cine.



 Holanda. El conocido como "el invierno del hambre". Entre noviembre de 1944 y mayo de 1945, el país ocupado por los nazis sobre vivió sin casi alimentos ni apenas combustible para calentarse. Unas dieciocho mil personas fallecieron. Muchas más arrastraron las secuelas de la desnutrición de por vida.


La baronesa Ella van Heemstra y su hija adolescente, Edda, pasaron aquel terrible período en una casa de campo de la familia en Velp, en el corazón del país. "Vivíamos bajo una campana, sin nada que hacer, sin noticias, sin libros ni jabón...
 
Durante bastante tiempo lo único que teníamos para comer eran bulbos de tulipán, recordaría la joven veinte años después, Irónicamente, la escuálida figura que le quedó como resultado la convertiría en un inmortal icono del estilo.
 
"Antes de la Segunda Guerra Mundial nadie presumía de un aspecto como el suyo...Ahora han surgido miles de imitadoras", escribiría en Vogue en 1954 Cecil Beaton, el fotógrafo y diseñador británico que años después la vestiría en My Fair Lady. El verdadero nombre de aquella joven era Audrey Kathleen Ruston. Su posterior nombre artístico : Audrey Hepburn.



El padre de Audrey  se llamaba Joseph Ruston, un apuesto y educado inglés que se dedicaba a eso, a ser un apuesto y educado inglés. Conoció a la baronesa holandesa Ella Van Heemstra en 1926 en Batavia, el evocador nombre con que se denominaba la colonia neerlandesa de la isla de Java.



Se enamoraron, se casaron y se tiraron los platos a la cabeza, en rápida sucesión. El nulo interés de él por ganarse el sustento era el motivo de las broncas. A través de los contactos de la familia de ella, Joseph consiguió un empleo en la sede bruselense de una compañía de seguros británica.



En la capital de Bélgica nació Audrey el 4 de mayo de 1929. La pequeña adoraba a Joseph, pero éste carecía de cualquier instinto paternal. Un mal día se marchó. Los biógrafos lo han tenido fácil para jugar a psicólogos y atribuirle a Audrey una perpetua búsqueda de la figura paterna en sus futuras relaciones románticas con hombre mucho más mayores.



Tras estudiar cuatro años en un internado en la campiña inglesa de Kent, el estallido de la Segunda Guerra Mundial la sorprendió instalada en la idílica y bucólica Arnhem, a 70 km al sur de Ámsterdam, el hogar de la familia aristocrática de su madre. Los nazis invadieron el país en mayo de 1940, y a los Van Heemstra les fueron confiscadas las joyas y las cuentas bancarias.



Audrey corría un grave peligro. Lucía un nombre y un apellido ingleses, y su pasaporte era británico, como el de su padre. Si a los alemanes se les antojaba, podían deportarla en cualquier momento. La baronesa matriculó a su hija en el colegio local bajo el nombre de Edda van Heemstra, que llevó hasta el final del conflicto, y la obligó a aprender rápidamente holandés.



Con 12 años, bajo la ocupación nazi y en medio de la peor guerra que conocería la humanidad, Audrey debutó  en el mundo del espectáculo. Su madre empezó a colaborar con la resistencia holandesa, y ella le fue a la zaga. Montaron espectáculos de danza en casas particulares con el fin de recaudar fondos para la resistencia. Audrey, que estudiaba ballet, era la coreógrafa. La baronesa se encargaba del vestuario.

Las llamaban "funciones negras", pues, para no alertar a las fuerzas de ocupación, se celebraban con las cortinas corridas y sin que los asistentes pudieran aplaudir. "El mejor público que he tenido no emitía el más leve sonido al final de mi actuación", recordaría.



Durante la guerra Audrey se convirtió en un esqueleto de 1,70m de altura y apenas 45 kg de peso.



Una desastrosa contraofensiva de los aliados - la Operación Market Garden- dejó Holanda como un destripado campo de batalla poblado por fantasmas muertos de hambre. Llegaba el infernal invierno de 1944 y Audrey y su madre se refugiaron en la casita de campo de Velp. Allí moribundas y famélicas, las encontraron las tropas de liberación británicas el mismo día en que la futura estrella cumplía 16 años.



Tras el conflicto recupero peso hasta 55 kg, un peso pluma que mantuvo toda su vida. Las penurias, sin embargo, le dejaron unos huesudos brazos y cuello y una cadera de 50 cm. Podría pensarse que aquella esbeltez sería idónea para su carrera de bailarina, pero ni Ella ni la joven , que se mudaron a Londres con sueños de tutús en el Covent Garden, contaban con un impedimento: Audrey era considerada demasiado alta para ser una prima ballerina. Colgó las zapatillas de puntas para siempre.

La posguerra en Londres fue durísima.La baronesa trabajó de portera, florista o niñera para respaldar los esfuerzos de su hija. Audrey debutó como corista en los espectáculos musicales a los 19 años, y redondeaba sus ganancias contrabajos de modelo para anuncios. Poco a poco, empezó a hacerse un nombre. Relata una de sus biografías: "Su físico era tan adorable que la gente contenía la respiración cuando sonreía y agitaba las pestañas". Era cuestión de tiempo que el cine llamara a su puerta.



Audrey -que ya había adoptado el apellido de su abuela paterna, Herburn- encadenó papeles de creciente importancia en una productora británica y se convirtió en una starlet digna de acudir a fiestas en los salones de los elegantes barrios de Mayfair y Belgravia.



En una de esas veladas conocería  a james Hanson. Alto rubio y guapo, amigo de Ava Gardner y Joan Collins, a sus 28 años, siete más que ella, el playboy era heredero de un imperio petrolero y naviero. El flechazo entre ambos fue de los que ponen ipso facto a los tortolitos a planear la boda. La baronesa an Heemstra estaba encantada...



Aceptó ser Holly Golightly, la prostituta protagonista de Desayuno con Diamantes (1961), aunque el filme de Blake Edwards escondió esa profesión bajo capas de eufemismos y endulzó el sombrío relato escrito por Truman Capote. El escritor siempre quiso a Marilyn Monroe en el papel, y consideró el filme "una empalagosa postal de Nueva York".



Desayuno con diamantes, que le cosechó una cuarta mención a los Oscars, es la cima de la sofisticación en el cine. ¿Quién podría imaginar que Audrey se dedicaba a tricotar con pasión durante los descansos? La actriz tenía muchos patucos y gorritos que tejer. Tres meses antes de empezar el rodaje -su cuerpo no se resintió lo más mínimo- había dado a luz a su primer hijo, Sean. A pesar de que el matrimonio hacía aguas por todas partes, Mel la había dado lo que más deseaba en el mundo, un hijo, algo que parecían no poder darla otros hombres.



Durante el rodaje de Historia de una monja había mantenido un serio romance con el guionista, Robert Anderson, doce años mayor, hasta que él la confesó que era estéril. Ser madre era un ansiado sueño para ella. El camino fue realmente tortuoso. Sus dos abortos anteriores llegaron a convertirla en un manojo de nervios que fumaba tres paquetes de cigarrillos diarios y pesaba 40 kilos.


Los períodos de descanso, además de su exigencia a la hora de seleccionar los papeles, explicaban su nada polífacetica carrera. La actriz sorprendió a sus más allegados al seguir trabajando tras dar a luz a Sean. Siempre había manifestado que su carrera quedaría en un segundo plano cuando formara una familia.



Pero, por un lado, necesitaba compensar de algún modo el vacío de su matrimonio. Y, por otro, debía ganar dinero. La carrera de Mel estaba en horas bajas, y Audrey, entre otros gastos, pasaba una paga a su madre y otra a su padre. A este último, con quien había perdido el contacto, lo localizó a finales de los cincuenta en Dublín. R.B.
                                                                                                                                
























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