viernes, 14 de diciembre de 2012

La Sombra.






Una antigua fábula de Plinio el Viejo (+79 d.C.) sitúa el origen de la pintura en Corinto, donde una joven muchacha, hija del alfarero Butades de Sición, habría trazado el contorno de su amante sobre una pared, a la luz de una vela.

"La sombra" como termino artístico ha estado indivisiblemente unida a la historia del arte occidental. Su intencionalidad ha sido fundamentalmente naturalista, al subrayar la verosimilitud de lo representado. pero cada época la ha dotado de connotaciones diferentes. La presente exposición -lejos del formato monográfico al uso- se propone llamar la atención del visitante sobre el amplio espectro de implicaciones, problemas y soluciones suscitado por la representación de la sombra en el arte desde el Renacimiento hasta nuestros días.
 
Algunos de los objetivos de esta exposición son poner de relieve la existencia de caminos transversales y mostrar los hilos, a veces ocultos, que unen, pese a la distancia cronológica, las épocas y los artistas.

Como en otras ocasiones la exposición se divide en dos sedes: en el Museo Thyssen-Bornemisza se reúnen las obras que van desde el siglo XV hasta finales del siglo XIX; el siglo XX centra el contenido de las salas de exposición de la Fundación Caja de Madrid, donde además de pintura pueden contemplarse destacados ejemplos de fotografía y cine.

Museo Thyssen-Bornemisza

La invención de la pintura
 
La primera sala concebida a modo de introducción, está dedicada a ilustrar el mito de Butades antes referido a través de la obra de artistas como Joseph Wright of Derby, David Allan y Joseph Benoît Suvée.

 También se incluyen pinturas de Matías de Arteaga y Karl Friedrich Schinkel que se basan en Quintiliano (+c. 96 d.C.) al derivar el origen de la pintura a la circunscripción de las sombras solares sobre la pared.

La sala se cierra con una obra de los pintores contemporáneos Vitaly Komar y Alexander Melamid, que retoma el mito de Butades para ironizar sobre los fundamentos clasicistas del Realismo Socialista.


  Vitaly Komar y Alexander Melamid
Los orígenes del Realismo Socialista,
de la serie Realismo Socialista Nostálgico

Renacimiento

Aunque las primeras sombras en el arte datan del siglo IV a.C -vinculadas todavía a escenografías teatrales y al sombreado de objetos en relieve-, la sombra proyectada hace su verdadera aparición en el Renacimiento. Durante el siglo XV se produce un acercamiento empírico a la sombra, mientras que un siglo después ésta se vincula estrechamente con la perspectiva.

La sombra, como resultado de la interposición de un cuerpo sólido y opaco entre una fuente de luz y una superficie de proyección, fue objeto de experimentación temprana por parte de artistas como Gentile da Fabriano, Giovanni di Paolo, Pier María Pennacchi, Lorenzo Lotto o el Maestro de la Leyenda de la Magdalena. Se observa también la connotación simbólica positiva que la sombra adquiere al vincularse el tema de la Anunciación. Así, en las obras de Jan van Eyck, Lorenzo di Credi y Ludovico Carracci, el reflejo opaco del Ángel o de la Virgen alude a la "sombra del Todopoderoso", bajo cuyo poder se produce el milagro de la Encarnación.


Heinrich Wilhelm Tischbein. La gran sombra, 1805

Barroco

A partir del Renacimiento, al tiempo que se asiste a una profundización en el conocimiento de la representación de las sombras -que llegará a formar parte de la enseñanza de las academias-, se limita su uso por la propensión a ensuciar o emborronar la composición, en detrimento de la claridad visual.

Sin embargo, los "tenebristas" del Barroco supieron como nunca antes explotar sus espectaculares posibilidades. En las escenas religiosas de Jean Leclerc, Matthias Stom, Gerrit van Honthorst, Hendrick ter Brugghen, Georges de La Tour, Matthia Preti y el llamado Maestro de la Luz de la Vela, la sombra sirve para enfatizar la presencia sagrada y su incardinación en la vida cotidiana.

 En Rembrandt y Pieter de Hooch, la luz y la sombra construyen espacialmente la composición y sugieren la temporalidad de la escena. Por último, la obra de Jacob I van Oost es un ejemplo singular en el que la sombra aparece proyectada sobre el lienzo representado.


William Holman Hunt. La sombra de la muerte, 1870-73

Romanticismo

Con el Siglo de las Luces, la sombra alcanza un nuevo protagonismo de la mano de Johann Caspar Lavater y sus Fragmentos fisiognómicos (1775-1778), con los que pretende sentar las bases para el estudio de la personalidad humana a partir de la proyección del perfil del rostro sobre una pantalla. Pero el siglo XVIII fue también el del nacimiento del concepto estético de lo "sublime", y la sombra comienza a ser valorada por sus cualidades narrativas eminentemente negativas.

 Poco a poco se asiste a la aparición de una verdadera "estética de lo siniestro", algunos de cuyos ejemplos más destacados se encuentran en la obra de Goya, Heinrich Wilhelm Tischbein, Joseph Wright of Derby, Adolph von Menzel, Jean-Paul Laurens, Guioacchino Toma y Émile Friant.


Édouard Vuillard. La cantante 1891-92


Édouard Vuillard. Bajo los árboles, 1897-99

Simbolismo y fin de siglo
 
El simbolismo, al apartarse de la representación naturalista de la realidad, encumbró la visión subjetiva como eje de la representación plástica. Lo misterioso y lo sombrío despertaron la creatividad de escritores ya artistas.

 En la escenas de interior de Monet, en la que varios personajes de una misma familia se concentran bajo la luz de una lámpara, resuenan todavía ecos del tardo-Romanticismo francés, aunque con un mayor énfasis sobre el estudio de la luz y la sombra como fenómeno plástico.

Su ejemplo fue seguido por los artistas nabis Édouard Vuillard y Félix Vallotton, en cuyos interiores la atmósfera se adensa y las formas tienden a aplanarse. Desde una óptica más literaria,la sombra centrará también buena parte de la producción de artistas como León Spilliaert, Xavier Mellery.


Santiago Rusiñol. Cruz de término, 1891-92

Impresionismo

La exposición se cierra en las salas del Museo Thyssen-Bornemisza con una sección dedicada al impresionismo. En ella se observa un giro importante en el tratamiento de la sombra, que por primera vez abandona su carga narrativa para convertirse en sujeto de investigación exclusivamente plástica.
 
La sombras de los árboles ocupan un lugar destacado en la obra temprana de Monet, pero es en Camille Pissarro y Alfred Sisley donde mejor se observa cómo las sombras coloreadas dejan atrás el tradicional empleo del negro y, con él, la carga peyorativa de la sombra. Otros artistas que completan la sala son Childe Hassam, Joaquín Sorolla, Santiago Rusiñol y Darío Regoyos.


Camille Pissarro. Camino de Versalles, 1870




Fundación Caja Madrid 

Realismos modernos
 
En la pintura del siglo XX, las sombras fueron  prácticamente desechadas por el primer cubismo y los movimientos abstractos subsiguientes, fieles a la bidimensionalidad del cuadro. Hubo que esperara a Giorgio de Chirico y al "retorno al orden" de los años veinte para que la sombra alcanzase un nuevo protagonismo. En De Chirico las sombras, al tiempo que denotan una verosimilitud ficticia, confieren a la escena un aire de pesadilla.
 
Tal antinomia es propia de buena parte de los realismos del siglo XX, en los que lo siniestro convive con la falsa apariencia de un orden estable.
 
 Así ocurre,con diferentes matices, en la obra de Edward Hopper, Rockwell Kent, Christian Schad, Felix Nussbaum, Dick Ket, Carel Willink, Pyke koch, Alfonso Ponce de León y Gregorio Prieto. En Picasso, de manera singular, la sombra del propio artista inunda el lienzo al tiempo que posee a la mujer desnuda en él representada.


Giorgio de Chirico


Giorgio de Chirico. La mañana angustiosa, 1912

Surrealismo

Si algún movimiento de la pintura contemporánea dedicó una especial atención al tratamiento de la sombra, éste fue el surrealismo, principalmente en su vertiente vinculada a la representación de sueños.
 
Artistas como Salvador Dalí, Yves Tanguy, René Magritte, paul Delvaux y Esteve Francés dotaron a la representación de los sueños de una verosimilitud aún más acusada que la de la propia realidad contemplada por nuestros ojos, recurriendo para ello a una técnica minuciosa y al empleo masivo de las sombras.
 
 En Dalí, además, las sombras ayudan a recomponer las imágenes contradictorias, dentro de lo que se ha denominado el método "paranoico-crítico". Completan la sala las obras siempre intrigantes de Max Ernst y Joseph Cornell.


Pablo Picasso. La sombra sobre la mujer, 1953

Del Pop Art a nuestros días

 
La sombra también ha jugado un papel importante en la pintura de la segunda mitad del siglo XX, a raíz del triunfo del pop art en el panorama artístico internacional de los años sesenta. Andy Warhol y Roy Lichtenstein en su empleo de motivos y medios artísticos vinculados a la publicidad, dieron cabida a la sombra como un elemento más de la vida cotidiana.


Andy Warhol. La sombra, 1981

Fotografía

La fotografía ha sido descrita como el arte de la luz y la sombra. El protagonismo de la sombra en la fotografía del siglo XX ha marcado con su impronta a otras artes como en el caso de la pintura ya referida.


Sam Taylor-Wood. Silla de Bram Stoker II, 2005

Cine

Incluso antes que en la fotografía, la sombra alcanzó un desarrollo temprano en el cine expresionista alemán como prolongación siniestra del hombre.








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