lunes, 24 de diciembre de 2012

El Retrato en el Siglo de Picasso. El Espejo y la Máscara.



Museo Thyssen-Bornemisza
 Paseo del Prado, 8.


Van Gogh. Joseph Roulin, abril 1888

El espejo y la máscara. El retrato en el siglo de Picasso trata de la supervivencia  y transformación del retrato en el arte de vanguardia entre 1890 y1990, un período que protagonizó un cambio radical en la concepción del arte.La crisis de identidad del hombre moderno y la crisis de confianza del arte en la verdad de sus imágenes influyeron de forma especial en el desarrollo del retrato.

Por otra parte , dado que la fotografía asumió el papel de captar el fiel parecido de sus modelos y, forma simultánea, los artistas pusieron en entredicho la continuidad de las antiguas relaciones con sus patronos, podríamos pensar que el retrato era un género con los días contados. Pero, sin embargo, ha sido (y todavía continúa siendo) una fuerza vital para el arte moderno. No sólo comprobamos que prácticamente todos los artistas fundamentales del siglo XX experimentaron con el retrato, sino que muchos de ellos lo convirtieron en el tema primordial de su obra.




Museo Thyssen-Bornemisza

Ante el espejo

El recorrido de la exposición comienza en el cambio del siglo XIX al XX con los autorretratos de Van Gogh, Munch o Picasso, en los que el gesto narcisista de autoexploración frente al espejo se convierte en un medio esencial de experimentación. Estos creadores se presentan ante nosotros como verdaderas efigies del artista moderno, al tiempo que nos dan a conocer sus aspiraciones intelectuales y estéticas.

En el trascurso del siglo XX los autorretratos se multiplican al tiempo que se vuelven más imprecisos y menos íntimos. El artista, en ocasiones, exterioriza abiertamente sus emociones, pero la mayoría de las veces se disfraza adoptando todo tipo de identidades que responden a un doble deseo de definir y ocultar su propio yo.

Pablo Picasso. Gertrude Stein 1906


Gesto y expresión

Aunque desde siempre se sabía  que un gesto, una postura o un determinado movimiento o actitud poseían el potencial de comunicar un mensaje o un sentimiento individual, la necesidad de representar la psicología del retrato motivó un cambio radical en la expresión visual.

En la Viena de los primeros años del siglo, en los retratos introspectivos de Oskar Kokoschka y Egon Schiele. La distorsión de las formas y la exageración de los gestos se convierten en elementos esenciales para manifestar la convulsión interior a través del éxtasis expresionista.

Oskar Kokoschka. El caballero errante, 1915


Colores modernos

La utilización antinaturalista y simbólica del color como elemento expresivo del retrato, que llevo a cabo Van Gogh, influyó de manera decisiva en la transformación de este género por parte de los protagonistas de las tendencias expresionistas de los primeros años del siglo XX. Los retratos de Henri Matisse, Maurice de Vlaminck, Alexej von Jawlensky, Ernest Ludwig Kichner o Joan Miró proponen una solución innovadora para evocar la identidad del modelo a través de la simplificación formal y la violencia expresiva de los colores puros.

Edvard Munch. Entre el reloj y la cama, 1840-42

Máscaras de lo primitivo

Los retratos que realizó Paul Cézanne de su mujer Hortense y de los campesinos de su Aix natal, en los que el ser humano es despojado de toda elocuencia expresiva hasta convertirse en arquetipo, junto al sintetismo de Paul Guaguin, el primitivismo de Henri Rousseau y el arte primitivo influyeron de manera decisiva en la configuración del retrato de vanguardia. Durante los primeros años del siglo, el gesto iconoclasta de Picasso o Matisse, Modigliani o Derain, de sustituir premeditadamente los rasgos individuales de los rostros de los retratados por una máscara de facciones abstractas, abrió definitivamente el camino hacia la consolidación del retrato moderno.

Paul Cézanne. Madame Cézanne en un sillón amarillo, 1888-1890

Madame Cézanne en un sillón rojo

Picasso. Jersey amarillo, Dora Maar

Max Beckmann. Quappi con suéter rosa, 1932-34

Pablo Picasso. Arlequin con espejo, 1923
Sueño y pesadilla

El surrealismo experimentó distintas fórmulas para el género del retrato con las que pretendía sacar a la luz los impulsos interiores del ser humano que la civilización había reprimido. A través de algunos ejemplos de Joan Miró . pablo Picasso, Salvador Dalí, Giorgio de Chirico y Frida Kahlo nos aproximamos a unos personajes cargados de símbolos y metáforas.

Fundación Caja de Madrid. Pza. San Martín,1


Apartir de los retratos de Dora Maar, que marcaron el punto de máxima violencia en la obra de Picasso, da comienzo un nuevo capítulo de belleza trágica y monstruosa como metáfora de la nueva conciencia moderna.

Este paradigma seria esencial en una serie de artistas de la generación de la segunda mitad del siglo, marcados por el sentimiento generalizado de pesimismo y ansiedad.



Pablo Picasso. Cabeza de mujer, 1924
Gestos

En esta sala, un conjunto de cabezas de Frank Auerbach, Leon Kossoff y Antonio Saura, con una misma preocupación por la representación de la figura humana a través de la materialidad de la pintura, se ponen en relación con la convulsión gestual y expresiva de Lovis Corinth.

Pablo Picasso. Mujer desnuda en un sillón rojo, 1932

Pablo Picasso. Weeping Woman, 1937

Lucian Freud. Muchacha con perro blanco, 1950-51

Picasso. Circus artist and child, 1905











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