jueves, 6 de diciembre de 2012

El Belén de Palacio.



La exposición pública delos conjuntos de figuras que denominamos Nacimientos o Belenes se incorporó a las tradiciones de la Navidad de Madrid hacia la segunda del siglo XVIII, cuando Carlos III importó desde Nápoles las complejas instalaciones que tanto auge tenían en la capital partenopea. Antes de esa época, la belenística estaba limitada a los monasterios de clausura y a reducidos conjuntos de imágenes que eran propiedad de algunas de las familias nobles de Madrid.
 
 Sin embargo, los nacimientos de origen napolitano, con su característica multitud de figuritas, no tardaron en atraer la atención de monarcas y nobles, y sobre todo en incorporarse como elemento imprescindible al imaginario colectivo del pueblo madrileño para celebrar la Navidad.



Las figuras más antiguas del llamado Belén del Príncipe se remontan al siglo XVIII: son las que el propio Carlos III llevó consigo desde Nápoles o las que encargó comprar allí, y representan por ello el núcleo que más y mejor caracteriza el conjunto.
 
Un conjunto que por otro lado casi todos los sucesores de Carlos III quisieron mejorar adquiriendo otras figuras o al menos reparando las vestimentas que se iban desgastando por el uso, teniendo siempre como referencia las características propias de lo que cabría denominar la estética del Belén napolitano.



Entre las figuras más antiguas destaca el conjunto del Misterio compuesto por el Niño Jesús, la Virgen María y San José, en el que conviven la estructura básica de origen napolitano con preciosas vestimentas de seda plateada que en cambio parecen más próximas al estilo de la manufactura española.
 
 Por otro lado, las indumentarias y guarniciones de las figuras que componen las comitivas de los Reyes Magos revelan la importancia que tenían en la composición del Belén los elementos exóticos y extravagantes, de origen oriental, con presencia de algunos animales como el elefante.



Mas completa parece la identificación de estas piezas, que fueron adquiridas por el Príncipe Carlos en otras ciudades italianas: en Genova, por ejemplo, como indican los rasgos formales de los caballos en corveta de los Reyes.



La importancia social y estética que fue adquiriendo la instalación del Belén del Príncipe en el Palacio Real de Madrid hizo después que, por encargo de Carlos IV, los escultores José Esteve y José Ginés se dedicaran de forma exclusiva a realizar más piezas -parece que en algunos momentos el conjunto llegó a tener nada menos 5.950- o que en 1845 un pintor del prestigio de Vicente López se encargara de la disposición escenográfica del Belén, contando para ello con la colaboración de todos los oficiales de palacio.







Pero el Belén no tuvo un emplazamiento fijo en los espacios palaciegos, variando según las necesidades de los diferentes monarcas. Así fueron modificándose en las distintas épocas las condiciones de acceso al conjunto para los ciudadanos madrileños: por ejemplo, a mediados del siglo XIX era necesario presentar una petición previa, llamada boleto.
 
 En el llamado Belén de Palacio se pueden contemplar, además de las figuras históricas procedentes del Belén del Príncipe, diversos elementos napolitanos de reciente factura.





 




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