lunes, 12 de noviembre de 2012

Polonia Tesoros y Colecciones Artísticas.


Palacio Real de Madrid









Leonardo de Vinci. La dama del armiño


 Por primera vez en España se presenta una exposición dedicada al patrimonio histórico-artístico de Polonia. En ella se recorren distintos períodos de la convulsa historia del país, con especial atención a los siglos XVI al XVIII.
 
 Históricamente Polonia ocupó un territorio muy extenso, que iba desde el Báltico por el norte hasta el mar Negro por el sur. El Reino de Polonia y el Gran Ducado de Lituania formaban una sola entidad política, la Mancomunidad Polaco-Lituana, también denominada República de las Dos Naciones.

 El siglo XVIII estuvo marcado por sucesivas pérdidas territoriales en beneficio de las potencias vecinas - Rusia, Prusia y Austria - y finalmente, en 1795, por la trágica pérdida de la independencia.

 El arte polaco está muy condicionado por la situación geográfica del país, frontera del mundo cristiano por el este. Revela por ello una tensión constante entre la influencia de las corrientes dominantes en las monarquías occidentales y la atracción de la estética oriental.

 Amenazante siempre en su expansión militar, el gran Imperio Otomano dejó su impronta en todas las manifestaciones artísticas de Polonia, y muy especialmente en sus artes decorativas.

 Como en otros reinos occidentales, el mecenazgo de la Corona y de la alta nobleza desempeñó un papel esencial en la producción artística y cultural de Polonia. Desde los reyes de la dinastía Jagellón (1386-1572), introductores del Renacimiento en el país, hasta el ilustrado Estanislao II Augusto Poniatowski (1764-1795), los monarcas impulsaron la creación artística.

 Por su parte, los grandes nobles terratenientes - los llamados magnates - contribuyeron de manera decisiva a configurar una identidad nacional que tuvo un importante reflejo en el arte.


Rembrandt. La niña en un marco


 En las dos primeras salas se hace un recorrido por la Polonia medieval y renacentista. La capital era entonces Cracovia, en la que florecieron la pintura, la escultura y las artes decorativas y en especial la imaginería religiosa - de la que se expone un tipo muy singular, la Virgen abridera portátil.

 La nueva mentalidad del Renacimiento y los crecientes contactos culturales con Italia y los Países Bajos se reflejan en el tapiz El Diluvio, perteneciente a la serie sobre la historia de Noé que el rey Segismundo II Augusto encargó en Bruselas, entonces el mejor centro tapicero del mundo.


El Diluvio tapiz de la serie Historia de Noé


 La Sala III está dedicada al desarrollo de la ciencia. En 1364 se fundó la Universidad de Cracovia, la segunda mas antigua de Centroeuropa tras la de Praga. En ella se formó el gran Nicolás Copérnico se expone la primera edición de su obra fundamental, De revolutionibus orbium coelestium.

 Figuran también obras relativas a las relaciones diplomáticas entre España y Polonia, como el retrato de Juan Dantisco, embajador en la corte de Carlos V, y libros del impresor polaco establecido en Sevilla conocido como Estanislao Polono.

 Con la dinastía Vasa (1587-1668) se configura en Polonia una nueva identidad nacional, de la que forma parte el sarmatísmo, singular fenómeno cultural basado en la creencia de que los polacos, sobre todo los nobles, procedían de los sármatas, una belicosas tribu que poblaba esta región en la Antigüedad.

 A este período corresponden las obras que se exponen en las Salas IV y V. Se desarrolla entonces un gusto artístico genuinamente polaco, de fuerte influencia oriental, que se refleja sobre todo en la rica decoración de las residencias nobiliarias con textiles persas y turcos. Elemento esencial de la apariencia del noble sarmatista era el sable de parada, del que aquí figuran bellos ejemplos.


Nuestra Señora de Klonówka


 En la cultura sarmatista tenían gran importancia los rituales funerarios. A ellos está dedicada la Sala VI, con obras como los Retratos de ataúd, manifestación artística exclusiva de la Polonia de los siglos XVII y XVIII. Destaca también un lienzo de grandes dimensiones, Danza de la Muerte, que es una excelente versión de un tema habitual en la época, la inevitabilidad de la muerte.

 En las Salas VII y VIII se rememora un hecho glorioso de la historia de Polonia, que contribuyó decisivamente a frenar la expansión turca en Occidente: la victoria sobre los turcos que sitiaban la ciudad de Viena en 1683.

 El rey Juan III Sobieski, que dirigió la campaña, cobró en toda Europa una dimensión heroica que se refleja aquí en sus retratos y en diversos grabados. Ademas de una pieza evocadora de aquel episodio, un estribo que según la tradición perdió en su huida el gran visir otomano Kara Mustafá, también se expone una llamativa armadura de húsar, considerada entonces "la caballeria más bella de Europa".
 
 La convicción de que la victoria de Viena se había debido a la intercesión de la Virgen dio lugar a una rica producción artística de la que es ejemplo la imagen de Nuestra Señora de Czestochowa, la "Virgen negra", con su característico manto de plata.





No hay palabras solo admiración sin límite por el Gran Leonardo. Hay cuadros de los que cuesta alejarse se pierde la noción del tiempo contemplándolos.


 A Juan III Sobieski le sucedieron en el trono de Polonia dos príncipes sajones de la Casa de Wettin (1709-1763). Por la intervención de la nueva dinastía el arte de este período está dominado por la influencia de Francia y de Alemania, aunque es también en este momento cuando se implanta la vestimenta masculina típicamente polaca, de marcada influencia oriental, que constaba de dos prendas largas (kontusz y zupan) y de un suntuoso fajín de seda bordada con hilo de oro y plata.

La Sala X está dedicada al último rey de Polonia previo a la pérdida de la independencia, Estanislao II Augusto Poniatowski (1732-1798), gran protector de las ciencias y de las artes, y destacado coleccionista. De mentalidad ilustrada, alentó la redacción de la Constitución del 3 de mayo de 1791, la primera Carta Magna moderna de Europa y la segunda del mundo tras la estadounidense. Junto a retratos del monarca se exponen obras que reflejan aquel período del arte polaco, más sintonizado que nunca con las corrientes de Europa Occidental.


Encuadernación de Ana Jagellón


 Por último en la Sala XI, se exponen piezas que desvelan la riqueza del arte europeo occidental en el coleccionismo polaco. Estanislao II Augusto Poniatowski fue un gran coleccionista de arte, faceta en la que le emularon muchos miembros de la aristocracia polaca.
 
 Llegó a poseer unas 2300 pinturas, entre las que figuraban numerosas obras de los grandes maestros, como la Niña en un marco de Rembrandt, magistralmente representada, que con la mano apoyada en el marco, logra traspasar el espacio pictórico.
 
 La pieza estrella de la exposición es, la Dama del armiño de Leonardo da Vinci. Por primera vez se exhibe en España una de las escasas pinturas indiscutidas del gran maestro italiano. Representa a Cecilia Gallerani, amante de Ludovico el Moro, duque de Milán, que tendría aquí 17 años.
 
 Por su profundidad psicológica, este cuadro está considerado uno de los primeros retratos modernos de la historia de la pintura. La enigmática expresión, la delicadeza de la mano y la magistral anatomía del armiño llevan el sello inconfundible del maestro.









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