martes, 13 de noviembre de 2012

Van Gogh. Los últimos paisajes.


Frente al Museo Thyssen

Palacio de Villahermosa sede del Museo Thyssen-Bornemisza


Vincent van Gogh. Dos figuras en el bosque, 1890
Cincinnati Art Museum. Legado de Mary E. Johnston


 El 20 de mayo de 1890, Vincent van Gogh se bajó del tren en Auvers-sur-Oise, un pueblo a treinta y cinco kilómetros de París. Recién salido del manicomio de Saint-Rémy, llega a Auvers en busca de salud y de calma, con la esperanza de comenzar una nueva vida y un nuevo ciclo en su trabajo como pintor.

 Pero sólo dos meses después, el 27 de julio, en los campos cercanos al château de Lévy, se disparó un tiro de revólver que le causaría la muerte, tras una larga agonía, en la madrugada del 29de julio.

 Desde la época en que Vincent se encontraba internado en Saint-Rémy, Theo había estado buscando un lugar tranquilo en el campo pero no muy lejos de París, donde su hermano pudiera llevar una vida independiente pero sometido a la vigilancia amistosa de alguien de confianza.

 Fue el pintor Camille Pissarro quien sugirió el nombre de Paul-Ferdinand Gachet, médico y artísta aficionado, viejo amigo de algunos pintores impresionistas, como el propio Pissarro, Cézanne y otros. Gachet vivía en Auvers-sur-Oise, a una hora en tren de la capital.

La etapa en Auvers fue breve pero increíblemente fecunda: en sólo setenta días Van Gogh produjo más de setenta cuadros y una treintena de dibujos. Este ritmo frenético sugiere un combate furioso contra el tiempo, como si el artísta presintiera que tenía los días contados.

 Antes de llegar a Auvers, Vincent había pasado tres días en París, en casa de su hermano, donde pudo contemplar sus cuadros, que cubrían literalmente las paredes del apartamento y se acumulaban incluso debajo de la cama, el sofá y los armarios.

La experiencia de ver por primera vez toda su obra reunida afectó profundamente al pintor y determinaría su trabajo en las semanas siguientes, las últimas de su vida, que serían una recapitulación , una serie de epílogo al conjunto de su carrera.


Casas en Auvers, 1890. Vincent van Gogh
Museum of Fine Arts, Boston. Legado de John T. Spaulding


Una tradición de paisajistas
 
 Desde mediados del siglo, Auvers había atraído a grandes pintores del paisaje, como Daubigny, Pissarro y Cézanne. Daubigny, el gran exponente de la escuela de Barbizon, se construyó un barco-atelier para recorrer el río Oise y pintar sus orillas, y hacia 1860 adquirió una casa  en Auvers donde recibía a menudo a sus amigos artistas de París. cuando Van Gogh llegó a Auvers, Daubigny había muerto tiempo atrás, pero Vincent le rindió homenaje pintando un estudio y dos cuadros de su casa y su jardín.

 Pissarro había residido por primera vez en Pontoise, muy cerca de Auvers, en 1866, aunque sólo se instalaría allí de manera más o menos permanente en 1872. Fue el quien convenció para que viniera a la región a Paul Cézanne, que trabajó en Auvers entre 1872 y 1874, evolucionando desde su primer estilo oscuro y empastado hacia el pleno impresionismo. en casa del doctor Gachet, Van Gogh tuvo ocasión de contemplar algunas obras de Pissarro y Cézanne, como la Vista de Auvers de Cézanne. La primera sección de la exposición está dedicada a esos precursores.


Chozas y casas nuevas
 
Al día siguiente de su llegada, Vincent escribía a Theo: "Auvers es muy bello, entre otras cosas hay muchas viejas chozas, lo que va siendo cada vez más raro.(...) Es el verdadero campo característico y pintoresco". En la época en que Vincent llegó a Auvers, las techumbres de paja, caña o ramas iban desapareciendo, sustituidas por la pizarra y las tejas de vivos colores. "Las villas modernas y las casas de campo burguesas-escribía en otra carta- me parecen casi tan bonitas como esas viejas chozas que se caen en ruinas".

El contraste entre las chozas y las nuevas casas de colores vivos será precisamente el tema central de los cuadros pintados entre mayo y junio. Este contraste no se refiere solamente a un hecho histórico-social, la modernización del paisaje francés, sino que refleja además para Van Gogh, su propia evolución como pintor. Las chozas encarnan para él lo pintoresco cultivado por los paisajistas de Barbizon y la Escuela de La Haya, que habían inspirado la formación de Van Gogh en Holanda.

Los chalets modernos y coloristas, por su parte, corresponderían al impresionismo, que Van Gogh había descubierto a su llegada a París. Así la fisonomía de Auvers aparece a lo lejos del artista como una imagen de su propia carrera, con sus etapas opuestas y complementarias.


Campo de trigo con acianos, 1890. Vincent van Gogh
Fondation Beyeler, Riehen/Basilea.
 

En campo abierto
 
 Si Vincent había dedicado sus primeras semanas en Auvers a pintar las casas y calles del pueblo, a lo largo del mes de junio se volvió hacia un escenario muy diferente: los campos de trigo cercanos. En sus vistas de campo abierto se advierte la influencia de Daubigny y antes aun del paisajismo holandés del siglo XVII. Pero los nuevos paisajes de Auvers, a diferencia de esos modelos, presentan un horizonte muy alto. El horizonte elevado centra la atención en la factura pictórica, que sugiere la textura y el movimiento de las espigas.

 En los campos pintados por Vincent en Auvers no aparecen ya las figuras de sembradores o segadores de otras etapas de su carrera.Los campos se vacían de figuras, de casas y de cualquier anécdota. Si en las imágenes del pueblo dominaba lo pintoresco, ahora se trata más bien de lo sublime, vinculado a la expresión de lo infinito.

 En una carta escribe Van Gogh: "Estoy absorto en la inmensa planicie con campos de trigo contra las colinas, ilimitada como un mar". Y lo sublime es un valor estético cercano a lo trágico: "Son inmensas extensiones de trigales bajo cielos turbulentos y no he tenido que forzarme para tratar de expresar la tristeza, la soledad extrema".


Granjas en Cordeville, Auvers, mayo 1890. Vincent van Gogh
París, Musée d'Orsay


La última serie
 
A finales de junio de 1890, Van Gogh comenzó a usar un nuevo formato de lienzo 50 x 100 cm. Sobre soportes de estas medidas pintaría, entre junio y julio, un ciclo de trece pinturas (doce paisajes y un retrato) dedicado en buena parte a los campos de Auvers, pero que incluye otros aspectos del paisaje rural, como las viejas chozas y las casas nuevas, un jardín y un bosque, un camino al crepúsculo y unas colinas bajo la lluvia, desplegando toda una panorámica de al vida campestre. En esta exposición se han incluido tres cuadros de esta serie, Paisaje al atardecer, El jardín de Daubygny y Dos figuras en el bosque, especialmente cargados de resonancias simbólicas.





Van Gogh



























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