sábado, 24 de noviembre de 2012

Monet y la Abstracción.



Museo Thyssen-Bornemisza
 




Monet y la abstracción propone contemplar de otro modo la obra del impresionista Claude Monet haciendo hincapié en su papel esencial en el desarrollo de la abstracción más pictoricista durante las primeras décadas de la segunda mitad del siglo XX.




Monet supo transformar la observación de la naturaleza del impresionismo en una nueva experiencia plástica y la manera de expresar esa experiencia personal por medios meramente pictóricos le llevó a las puertas de la abstracción.


Claude Monet. Nenúfares, 1916-19


Mientras que durante los años en que se impusieron los lenguajes rompedores de las vanguardias, basadas principalmente en el concepto de "construcción", su obra quedó sumida en el más absoluto olvido, a partir de los años cincuenta se produjo un verdadero revival de Monet.
 
Los jóvenes artistas del triunfante expresionismo abstracto norteamericano y los seguidores de los informalismos europeos le encumbraron como el nuevo padre de la modernidad.


Claude Monet. Nenúfares


El recorrido de la exposición se articula en las dos sedes en varios apartados temáticos en los que se propone un cruce de miradas entre las pinturas de Monet y las de sus sucesores abstractos para mostrar los posibles paralelismos y coincidencias que enriquezcan la experiencia del espectador.
 
El propósito de este enfoque transversal permitirá no sólo descubrir algo más sobre Monet a través de los pintores abstractos, sino también algo más sobre la abstracción a través de Monet.


Claude Monet. Nenúfares. Musée Marmottan, París

1. Brumas y variaciones
 

El primer apartado está dedicado a la influencia de la instantaneidad de William Turner y la evocación poética de James Whistler en la evolución artística de Monet. En las numerosas variaciones del río Támesis bajo la bruma que realizó en sus tres viajes a Londres, entre septiembre de 1899 y abril de 1901, Monet se acerca por primera vez a una atmósfera casi abstracta.
 
La introducción de una pintura de Gerhard Richter nos permite establecer una conexión con la abstracción más contemporánea.


Claude Monet. Nenúfares. Musée Marmottan (París)

2. Efectos de luz
 

El interés de Monet por la representación efímera y cambiante de los efectos de luz le llevaría a formular una profunda reflexión sobre la propia naturaleza de la pintura a través del estudio de la vibración del color.
 
La forma en que transforma los ritmos de la naturaleza en expresión de sus propios sentimientos a través de una técnica suelta y libre, en la que el estudio del color se convierte en el verdadero protagonista, anticipa las abstracciones cromáticas de artistas posteriores como Hans Hofmann, Mark Rothko, Adolf Gottieb y Esteban Vicente.


Claude Monet. Nenúfares.
Musée Marmottan (París)


3. Reflejos y transparencias
 

En las últimas décadas de su vida Monet trabajó de forma obsesiva en su serie más ambiciosa y experimental centrada en los Nenúfares del estanque de su jardín, todo un homenaje del viejo impresionista al acto de mirar.

Estos grandes lienzos, en los que tradujo los reflejos cambiantes de la superficie del agua con trazos abocetados, repetitivos, sinuosos, de una espontaneidad sin precedentes, establecen aquí un diálogo visual con la abstracción impresionista del francés Adré Masson, uno de los primeros en reivindicar a Monet, y con las sutiles transparencias de la pintura americana de Helen Frankenthaler.



Claude Monet. Nenúfares

4. Contrastes de formas

 
Las pinturas acuáticas de Monet, al reducir los valores tradicionales de contrastes de luces y sombras para crear una ilusión de profundidad, supusieron un anticipo de abstractos posteriores.

Los artistas norteamericanos Clyfford Still y Barnett Newman aplanaría todavía más la imagen para concentrarse en las cualidades formales y en los medios propiamente pictóricos.


Claude Monet. Nenúfares. Musée Marmottan.

5. Pincelada y gesto
 
 
La innovadora técnica de la pincelada convertida en mancha y el efecto de desorientación espacial que desarrolló Monet en las series dedicadas al Puente japonés o a los Nenúfares de su jardín le aproximan a la abstracción más expresiva y gestual.

En las últimas salas del Museo Thyssen-Bornemisza las pinturas del periodo final de Monet dialogan con la nueva pintura de acción de Jackson Pollock y Lee Krasner, las formas caligráficas flotantes y entrelazadas de Mark Tobey, la gestualidad expresiva y empastada de Willem de Kooning, la planaridad envolvente de Phillip Guston y las manchas en suspensión de las composiciones de Cy Twombly.

A todas ellas les une un mismo dinamismo visual logrado por el contraste entre la plasticidad del empaste y la delicada fluidez gestual.


Musée d'Orsay. París


Puente japonés, jardín de Claude Monet





Claude Monet en su jardín de Giverny, 1915







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