jueves, 8 de noviembre de 2012

La rosaleda del Retiro de Madrid

                                                      
 
La rosa es la flor consagrada a la diosa del amor y de la belleza Afrodita



Homero cuenta en La Iliada que Afrodita perfumó con aceite de rosas el cadáver de Héctor, hijo del rey Príamo de Troya, muerto en la lucha con Aquiles.
 
 

Midas, rey de Macedonia, había creado sus famosos jardines de rosas en honor de Afrodita

 

La famosa corona que Dionisios dió como regalo de boda a Ariadna, estaba hecha por Hefesto, el Vulcano romano, con oro y gemas rojas de la India colocadas en forma diadema de rosas.
 
 

Apuleyo, en su obra "El asno de oro", relata que el mercader de Corinto Lucio, convertido en asno, recobró su figura humana comiéndose una girnalda de frescas rosas.
 


En los grandes banquetes griegos, los comensales llevaban coronas de rosas, ya que existía la creencia de que con ellas se protegía de la embriaguez.
 
                                             

La rosa es para los helenos el símbolo de la luz, del amor y de la voluptuosidad.



Quiero, para escribir castamente mis églogas,
Dormir cerca del cielo, igual que los astrólogos,
Y escuchar entre sueños, cercano a las campanas,



Esos himnos solemnes que propagan los vientos.
El mentón en las manos, desde mi alta buhardilla,
Observaré el taller que canta y que platica;



Chimeneas y torres, esos mástiles cívicos,
Y los cielos que invitan a soñar con lo eterno.
Es dulce ver surgir, a través de la bruma,



La estrella en el azul, la luz en la ventana,
Los ríos de carbón que se elevan al cielo
Y la luna que vierte sus pálidos hechizos.



Veré las primaveras, los veranos y otoños,
Y al llegar el invierno de monótonas nieves,
Cerraré por doquiera postigos y mamparas,



Para alzar en la noche mis feéricos palacios.
Entonces soñaré horizontes azules,
Jardines, surtidores llorando en alabastros,



Con besos y con pájaros que cantan noche y día,
Y todo lo que tiene de infantil el Idilio.
El Motín, que golpea en vano mis cristales,



No hará que se levante mi frente del pupitre;
Pues estaré sumido en la inmensa delicia
De evocar a capricho la propia Primavera,



De extraer de mi pecho un sol, y de crear
Con ardientes ideas una atmósfera tibia.

                                                                               Paisaje. Charles Baudelaire                   




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