domingo, 4 de noviembre de 2012

El último Rafael (1483 - 1520).



Rafael en el Prado
   


Al fondo la estatua de Francisco de Goya

Francisco de Goya, al fondo el famoso Hotel Ritz

Vírgenes y Sagradas Familias

Retratos

Dibujos preparatorios para su última pintura La Transfiguración




 El último Rafael propone un recorrido por la actividad de Rafael (Urbino, 1483-Roma,1520) en sus últimos siete años de vida, por la de sus principales discípulos: Gianfrancesco Penni (h. 1496-1528) y Giulio Romano (h. 1499-1546), entre 1520 y 1525.
 
 Durante el pontificado de León X (1513-1521), Rafael desplegó una actividad ingente como pintor de frescos, diseñador de cartones para tapices y también como arquitecto y arqueólogo.

 La exposición, organizada en colaboración el Museo del Louvre se centra en su pintura de caballete: cuadros de altar, obras devocionales y retratos, e ilustra a través de 6 secciones su constante transformación estilística al contacto con Miguel Ángel, Sebastiano del Piombo y el anciano Leonardo, así como el funcionamiento de su obrador, delimitando la responsabilidad del maestro y la de sus colaboradores.
 
 A fin de satisfacer una enorme demanda, Rafael, al frente del mayor taller pictórico de la época, enfatizó la importancia de la invención sobre la ejecución y transformó para siempre la forma de pensar y practicar la pintura.
 
 Los cuadros de altar  realizados por Rafael en esos años fueron concebidos para su exportación a Nápoles, Bolonia, Palermo o la corte francesa de Francisco I, y fueron decisivos para diseminar su arte por Italia y Europa.
 
 A excepción de la Virgen del pez y Santa Cecilia, la mayoría de estos cuadros de altar son narrativos y adoptan soluciones ensayadas en las decoraciones al fresco o el diseño de tapices. Testigo de este trasvase de de recursos es la Visión de Ezequiel, composición representada a través de una pintura y de un tapiz casi desconocido hasta ahora. 


Rafael. Sagrada Familia con San Juanito
 (conocida como La Perla, 1519-20 )
Museo Nacional del Prado. Madrid


Rafael, autorretrato con Giulio Romano (1519 - 20)
Musée du Louvre. París


Rafael, Baldassare Castiglione, (1519)
París, Musée du Louvre


Rafael, Santa Cecilia, 1515-16.
Bolonia, Pinacoteca Nacionale.


 Aunque algunas de estas obras pudieron concebirse como cuadros de altar, otras se pintaron para ámbitos domésticos, Rafael culminó en ellas años de reflexión sobre un problema que había preocupado ya a Leonardo: el de ensamblar formal y psicológicamente varias figuras en un grupo compacto. Aunque en algunas se aprecie el concurso de Penni y Giulio, su calidad es alta y homogénea como consecuencia del férreo control ejercido por Rafael.
 
 Estas obras de menor formato e importancia delatan un menor involucración  de Rafael y son propicias para constatar y contrastar las personalidades de Penni y Giulio. Algunas fueron pintadas por estos en nombre de Rafael; otras las ejecutaron de manera independiente, aunque reutilizando sus composiciones y  ensamblando figuras de distinta procedencia.
 
 Giulio Romano fue el ayudante de Rafael de mayor talento. En secciones previas lo hemos visto trabajar a sus órdenes o siguiendo sus diseños, pero mostrando rasgos propios: querencia por lo anecdótico, una forma de componer más acumulativa que sintética, y un gusto en la recreación de las texturas.
 
 En las situadas en la exposición bajo este epígrafe lo encontramos, libre de la tutela del maestro, desarrollando esas tendencias en obras tan ambiciosas como la Lapidación de San Esteban.
 
 Rafael renovó el retrato con soluciones compositivas y estrategias comunicativas inéditas hasta entonces. Sus retratos se dividen en oficiales y de amigos. Los primeros eran obras de encargo que pintaba compremura, lo que explica que, aunque tipológicamente novedosos y de enorme influencia en la evolución del retrato cortesano, a menudo delaten la intervención de ayudantes. No sucede así en los de sus amigos, que figuran entre lo mejor de su producción.
 
 Libres de corsés y al tanto de las innovaciones de los pintores venecianos, Rafael se recrea en ellos en la materia pictórica y explota las propiedades del lienzo. Su autorretrato con Giulio Romano puede considerarse un testamento vital y estético, la celebración de su talento y el simbólico paso del testigo a su discípulo predilecto.
 
 La transfiguración. En 1516 Giuliano de Médicis, futuro Papa Clemente VII, encargó para la catedral de  Narbona la Transfiguración a Rafael y la resurrección de Lázaro a Sebastiano (Londres, National Gallery).
 
 Espoleado por la rivalidad, Rafael pintó una obra maestra de enorme complejidad compositiva e intenso dramatismo que invita a imaginar el devenir de la pintura si hubiera vivido mas tiempo. El Prado posee una copia de la Transfiguración pintada por Penni y Giulio Romano, en torno a la cual y en su habitual localización (sala 49), se incluyen los dibujos preparativos de Rafael y se analiza con profundidad su proceso creativo.


La Vírgen del Pez



Retrato de Cardenal (1510)
 Rafael de Urbino
Museo del Prado. Madrid






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