martes, 16 de octubre de 2012

Poesía amorosa. Francisco de Quevedo (1580 - 1645)

D.Francisco Gómez de Quevedo y Villegas y Santibáñez Ceballos.
Nació en Madrid el día 14 de septiembre de 1580 y falleció el
día 8 de septiembre de 1645 en Villanueva de los Infantes
(Ciudad Real). Escritor español del Siglo de Oro.


Francisco de Quevedo máximo representante del llamado conceptismo barroco español, nació en el seno de una familia noble. Salvo las composiciones poéticas
incluidas por Pedro Espinosa en su Flores de Poetas Ilustres (1605),la poesía de Quevedo no fue reunida para la imprenta hasta después de su muerte. La primera edición con el titulo de El Parnaso español, monte en dos cumbres dividido, con las nueve musas (1648), corrió a cargo de J. González de Salas, cuya labor prosiguió P. Adrete y Villegas en Las tres musas ultimas castellanas. Segunda parte del Parnaso español (1670). De acuerdo con los temas tratados, su obra poética suele dividirse en poesía amorosa, poesía moralizante y poesía satírico-burlesca. Entre su obra en prosa destacan la Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos (1626), novela picaresca, Los sueños (1627), obra alegórico-satírica.



Amante ausente del sujeto amado
después de larga navegación
 
Soneto

Fuego a quien tanto mar ha respetado
y que, en desprecio de las ondas frías,
pasó abrigado en las entrañas mías,
después de haber mis ojos navegado.

merece ser al cielo trasladado,
nuevo esfuerzo del sol y de los días;
y entre las siempre amantes jerarquías,
en el pueblo de luz, arder clavado.

Dividir y apartar puede el camino;
mas cualquier paso del perdido amante
es quilate al amor puro y divino.

Yo dejo la alma atrás; llevo adelante,
desierto y solo, el cuerpo peregrino,
y a mí no traigo cosa semejante.
 
                                     (Parnaso)



Compara el curso de su amor
con el de un arroyo

Soneto

Torcido, desigual, blando y sonoro,
te resbalas secreto entre las flores,
hurtando la corriente a los calores,
cano en la espuma y rubio con el oro.

En cristales dispensas tu tesoro,
líquido plectro a rústicos amores;
y templando por cuerdas ruiseñores,
te ríes de crecer con lo que lloro.

De vidrio, en las lisonjas, divertido,
gozoso vas al monte; y, despeñado,
espumoso encaneces con gemido.

No de otro modo el corazón cuitado,
a la prisión, al llanto se ha venido
alegre, inadvertido y confiado.

                                     (Parnaso)



Ardor disimulado de amante

Soneto

Salamandra, frondosa y bien poblada
te vio la antigüedad, columna ardiente,
¡oh Vesubio, gigante el mas valiente
que al cielo amenazó con diestra osada!

Después, de varias flores esmaltada,
jardín piramidal fuiste, y luciente
mariposa, en tus llamas inclemente,
y en quien toda pomona fue abrasada.

Ya, fénix cultivada, te renuevas,
en eternos incendios repetidos,
y noche al sol y al cielo luces llevas.

¡Oh monte, emulación de mis gemidos:
pues yo en el corazón, y tú en las cuevas,
callamos los volcanes floridos!

                                          (Parnaso).



Venganza en figura de consejo
a la hermosura pasada

Soneto

Ya, Laura, que descansa tu ventana
en en sueño que otra edad tuvo despierta,
y, atentos los umbrales de tu puerta,
ya no escuchan de amante queja insana;

pues cerca de la noche, a la mañana
de tu niñez sucede tarde yerta,
mustia la primavera, la luz muerta,
despoblada la voz, la frente cana:

cuelga el espejo a Venus, donde miras
y lloras la que fuiste en la que hoy eres;
pues, suspirada entonces, hoy suspiras.

Y ansí, lo no quieren ni tú quieres
ver, no verán los ojos, ni tus iras,
cuando vives vejez y niñez mueres.

                                         (Parnaso)


Dificultad el retratar  una grande hermosura,
que se lo había mandado, y enseña el modo
que sólo alcanza para que fuese posible


Soneto

Si quien ha de pintaros ha de veros,
y no es posible sin cegar miraros,
¿ quién será poderoso a retrataros,
sin ofender su vista y ofenderos?

En nieve y rosas quise floreceros;
mas fuera honrar las rosas y agraviaros;
dos luceros por ojos quise daros;
mas ¿ cuándo lo soñaron los luceros?

Conocí el imposible en el bosquejo;
mas vuestro espejo a vuestra lumbre propia
aseguró el acierto en su reflejo.

Podráos él retratar sin luz impropia,
siendo vos de vos propia, en el espejo,
original, pintor, pincel y copia.

                                          ( Parnaso )



Ceniza en la frente de Aminta,
el miércoles de ella

Soneto

Aminta, para mí cualquier día
 es de ceniza, si merezco verte;
que la luz de tus ojos es de suerte,
que aun encender podrá la nieve fría.

Arde, dichosamente, la alma mía;
y aunque amor en ceniza me convierte,
es de fénix ceniza, cuya muerte
parto es vital, y nueva fénix cría.

Puesta en mis ojos dice eficazmente
que soy mortal, y vanos mis despojos,
sombra obscura y delgada, polvo ciego.

Mas la que miro en tu espaciosa frente
advierte las hazañas de tus ojos:
pues quien los ve es ceniza, y ellos fuego.

                                     ( Parnaso )



Descripción del ardor canicular,
que respeta al llanto enamorado y no le enjuga

Soneto

Ya la insana Canícula, ladrando
llamas, cuece las mieses, y, en hervores
de frenética luz, los labradores
ven a Proción los campos abrasando.

El piélago encendido está exhalando
al sol humos en traje de vapores;
y, en el cuerpo, la sangre y los humores
discurren sediciosos fulminando.

Bébese sin piedad la sed del día
en als fuentes y arroyos, y en los ríos
la risa y el cristal y la armonía.

Sólo del llanto los ojos míos
no tiene el Can Mayor hidropesía,
respetando el tributo a tus desvíos.

                                     ( Parnaso )



A una dama tuerta y muy hermosa

Soneto

Para agotar sus luces la hermosura
en un ojo no mas de vuestra cara,
grande ejemplar y de belleza rara
tuvo en el sol, que en una luz se apura.

Imitáis, pues, aquella arquitectura
de la vista del cielo, hermosa y clara;
que muchos ojos, y de luz avara,
sola la noche los ostenta obscura.

Si en un ojo no más, que en vos es día,
tienen cuantos le ven muerte y prisiones,
al otro le faltara monarquía.

Aun faltan a sus rayos corazones,
victorias a su ardiente valentía
y al triunfo de sus luces aun naciones.

                                             ( Parnaso )



Llanto, Presunción, Culto y tristeza Amorosa

Soneto

Esforzaron mis ojos la corriente
de este, si fértil, apacible río;
y cantando frené su curso y brío:
¡ tanto puede el dolor en un instante !

Miréme incendio en esta clara fuente
antes que la prendiese yelo frío,
y vi que no es tan fiero el rostro mío
que manche, ardiendo, el oro de tu frente.

Cubrió nube de incienso tus altares,
coronélos de espigas en manojos,
sequé, crecí con llanto y fuego a Henares.

Hoy me fuerzan mi pena y tus enojos
( tal es por ti mi llanto ) a ver dos mares
en un arroyo, viendo mis dos ojos.

                                ( Parnaso )



A Amarili, que tenía unos pedazos de un búcaro
en l a boca y estaba muy al cabo de comerlos

Soneto

Amarili, en tu boca soberana
su tez el barro de carmín colora;
ya de coral mentido se mejora,
ya aprende de tus labios a ser grana.

Apenas el clavel, que a la mañana
guarda en rubí las lágrimas que llora,
se atreverá con él, cuando atesora
la sangre en sí de Venus y Dïana.

Para engarzar tu púrpura rompida,
el sol quisiera repartir en lazos
tierra, por portuguesa, enternecida.

Tú de sus labios mereciste abrazos:
presume ya de aurora, el barro olvida;
pues se muere, mi bien, por tus pedazos.

                                                                                     ( Parnaso )



Quejarse en las penas de amor debe ser permitido
y no profana el secreto

Soneto

Arder sin voz de estrépito doliente
no puede el tronco duro inanimado;
el robre se lamenta, y, abrasado,
el pino gime al fuego, que no siente.

¿Y ordenas, Floris, que en tu llama ardiente
quede en muda ceniza desatado
mi corazón sensible y animado,
víctima de tus aras obediente?

Concédame tu fuego lo que al pino
y al robre les concede voraz llama:
piedad cabe en incendio que es divino.

Del volcán que en mis venas se derrama,
diga su ardor el llanto que fulmino;
mas no le sepa de mi voz la Fama.

                                         (Parnaso)


 
Majestuosa hermosura de semblante disimulado

Soneto

Esa benigna llama y elegante,
que inspira amor, hermosa y elocuente,
la entiende l'alma, el corazón la siente,
aquélla docta y éste vigilante.

Los misterios del ceño y del semblante
y la voz del silencio que, prudente,
pronuncia majestad honestamente,
bien los descifra mi respeto amante.

Si supe conoceros y estimaros,
y al cielo merecí dicha de veros,
no os ofenda, señora, ya el miraros.

Yo ni os puedo olvidar ni mereceros;
pero si e de ofenderos con amaros,
no os pretendo obligar con no ofenderos.

                                  (Parnaso)



Soneto Amoroso

Si en el loco jamás hubo esperanza,
ni desesperación hubo en el cuerdo,
¿ de qué accidentes hoy la vida pierdo?
¿Qué sentimiento mi corazón alcanza?

¿Quién hace en mi memoria tal mudanza,
que de aquello que busco no me acuerdo?
Velo soñando, y sin dormir, recuerdo:
el mal pesa y el bien igual balanza.

Escucho sordo y reconozco ciego;
descanso trabajando y hablo mudo;
humilde guardo y con soberbia pido.

Si no es amor mi gran desasosiego,
de conocer lo que me acaba dudo:
que no hay de sí quien viva más rendido.

                                                    (Las tres Musas)




Soneto Amoroso

Aguarda, riguroso pensamiento,
no pierdas el respeto a cuyo eres.
Imagen, sol o sombra, ¿qué me quieres?
Déjame sosegar en mi aposento.

Divina Tirsis, abrasarme siento:
sé blanda como hermosa entre mujeres;
mira que ausente, como estás, me hieres;
afloja ya las cuerdas al tormento.

Hablándote a mis solas me anochece:
contigo anda cansada el alma mía;
contigo razonando me amanece.

Tú la noche me ocupas y tú el día:
sin ti todo me aflige y entristece,
y en ti mismo mal me da alegría.


                         (Las Tres Musas)



Con el ejemplo del fuego enseña a Alexi, pastor,
cómo se ha de resistir al amor en su principio

Soneto


¿No ves, piramidal y sin sosiego,
en esta vela arder inquieta llama,
y cuán pequeño soplo la derrama
en cadáver de luz, en humo ciego?

¿No ves, sonoro y animoso, el fuego
arder en una y otra rama,
a quien, ya poderoso, el soplo inflama
que a la centella dio la muerte luego?

Ansí pequeño amor recién nacido
muere, Alexi, con poca resistencia,
y le apaga una ausencia y un olvido;

mas si crece en las venas su dolencía,
vence con lo que pudo ser vencido
y vuelve en alimento la violencia.

                                                 (Las tres musas)



A Fili, que suelto el caballo, lloraba
ausencias de su pastor

Soneto

Ondea el oro en hebras proceloso,
corre el humor en perlas hilo a hilo;
juntó la pena al Tajo con el Nilo,
éste creciente, cuando aquél precioso.

Tal el cabello, tal el rostro hermoso
asiste en Fili al doloroso estio,
cuando por las ausencias de Batilo,
uno derrama rico, otro lloroso.

Oyó gemir con músico lamento
y mustia y ronca voz tórtola amante,
amancillando querellosa el viento.

Dijo: "Si imitas mi dolor constante,
eres lisonja dulce de mi acento;
si le compites, no es tu mal bastante."

                           (Las tres Musas)




Soneto Amoroso

Dejad que a voces diga el bien que pierdo,
si con mi llanto a lástima os provoco;
y permitidme hacer cosas de loco,
si por mi mal de lo que fui me acuerdo.

La red que rompo y la prisión que muerdo
y el tirano rigor que adoro y toco,
para mostrar mi pena son muy poco,
si por mi mal de lo que fui me acuerdo.

Óiganmetodos: consentid siquiera
que, harto de esperar y de quejarme,
pues sin premio viví, sin juicio muera.

De gritar solamente quiero hartarme.
Sepa de mi, a lo menos, esta fiera
que he podido morir, y no mudarme.

                                       (Las tres Musas)




Soneto Amoroso

Por la cumbre de un monte levantado,
mis temerosos pasos, triste, guío;
por norte llevo sólo mi albedrío,
y por mantenimiento, mi cuidado.

Llega la noche, y hállome engañado,
y sólo en la esperanza me confío;
llego al corriente mar de un hondo río:
ni hallo barca ni puente, ni hallo vado.

Por la ribera arriba el paso arrojo;
dame contento el agua con su ruido;
mas en verme perdido me congojo.

Hallo pisadas de otro que ha subido;
parome a verlas; pienso con enojo
si son de otro, como yo, perdido.

                                                 (Las tres Musas)









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