viernes, 12 de octubre de 2012

Edward Hopper (1882 - 1967)



Autorretrato 1925-30. Whitney Museum of American Art. Nueva York


Habitación de hotel, 1931. Museo Thyssen-Bornemisza


Lobby de hotel. Whitney Museum of American Art.


Casa junto a la vía del tren, 1925


Nighthawks, 1942


Chop Suey, 1929


Autómata, 1927


Compartimento C coche 193

Edward Hopper nació en Nyack y vivió durante toda su vida en Nueva York, aunque pasó veraneos largos junto al mar en el estudio de Cape Cod. Hijo de un matrimonio de clase media modesta, manifestó su vocación por la pintura desde muy joven.
 
 Tras estudiar ilustración comercial durante un año, se matriculó en los cursos de pintura de la New York School of Art, cuyo director era William Merritt Chase. Allí se inscribió en el taller de Robert Enri, un profesor que defendía un realismo orientado hacia la representación de temas de la vida cotidiana de la sociedad americana.
 
Terminados sus estudios, Hopper viajó a París y permaneció allí durante el curso 1906 - 1907. Volvió a la capital francesa, en estancias más cortas en 1909 y 1910. A partir de entonces y hasta su fallecimiento en 1967 sólo salió del territorio de los Estados unidos para hacer un par de viajes de corta duración a México.

Durante muchos años Hopper vivió trabajando como ilustrador comercial. A partir de 1918 empezó a adquirir reputación como grabador, pero el verdadero cambio de fortuna se produjo en 1925, cuando una exposición suya de acuarelas en la Rehn Gallery se vendió por completo.
 
 Este éxito le permitió dedicarse a la pintura de manera exclusiva. En 1933 el MoMA hizo una gran muestra monográfica de su obra. La siguiente monográfica en 1950 el Whitney Museum of American Art, institución que se ocupó desde entonces de estudiar y divulgar su obra y que conserva hoy la colección mas importante de Hopper.


 Early sunday morning, 1930.
Whitney Museum of American Art.





Soir Bleau 1914.
 Whitney Museum of American Art.


South Carolina Morning, 1955.
(Mañana en Carolina del Sur)
Whitney Museum of American Art.


Habitación en Nueva York, 1932.
Sheldon Museum of Art.
University of Nebraska - Lincoln.


Nueva York, interior, 1921.


Dos cómicos, 1966,
Colección Privada


Formación e influencias

La influencia más significativa en la formación de Hopper fue el realismo que defendía su profesor Robert Henri. Se definía por su oposición tanto al academicismo, todavía muy presente a comienzos del siglo XX, como al llamado impresionismo americano, una tendencia que los realistas consideraban artificiosa y ajena a la cultura americana.
 
 La primera manifestación pública  del grupo de pintores realistas fue una exposición colectiva organizada por Robert Henri en 1908 en las macbeth Galleries de nueva York, y sus representantes mas destacados, aparte del mismo Henri, eran John Sloan y George Bellows.
 
Aunque Hopper quedó al margen del grupo, estaba próximo a él y compartía en buena medida su ideario artístico y sus referencias históricas, especialmente la admiración  por Velázquez, el realismo holandés del siglo XVII, Courbet y Manet.

Sus estancias en París (con breves viajes a holanda y España) le confirmaron en el realismo, pero le permitieron también estudiar la pintura impresionista, que influyó decisivamente en su manera de entender el color.
 
 Otros pintores europeos que suscitaron su interés y le ayudaron a configurar su lenguaje pictórico fueron Albert Marquet, Félix Vallotton y el británico Walter Sickert era un seguidor de Degas y la de este último artista fue seguramente la influencia mas profunda y duradera que recibió Hopper.
 
 No sólo adoptó, reinterpretándolos, muchos recursos pictóricos del maestro francés, sino que hizo suya su aproximación elusiva e intimista de la vida moderna, así como su concepción de la posición singular y a la vez marginal que el artista ocupa en ella.


 La ciudad, 1927.


El Loop del Puente de Manhattan, 1928.


Gasolinera, 1940.


Dos puritanos, 1945.

Grabados y acuarelas

Durante muchos años la pintura de Hopper fue poco apreciada por el público y por la crítica y el artista tuvo que vivir trabajando como ilustrador comercial, una actividad para la que estaba bien dotado, pero que detestaba.
 
 En 1915 comenzó a experimentar con el grabado calcográfico. un precedente relevante para Hopper en el uso de esta técnica era Manet , aunque la referencia fundamental  fue Rembrandt. Fue el maestro holandés quien le ayudo a entender  la importancia de la luz y la manera de llevarla al papel para definir el ambiente y el carácter de las escenas representadas.
 
 Entre 1918 y 1923, año en el que abandonó esa técnica, Hopper realizó una treintena de grabados. En ellos se apuntan ya las grandes lineas temáticas que iba a desarrollar posteriormente en su pintura.Los grabados de Hopper fueron muy bien recibidos en el mundo artístico de Nueva York y en 1923 el Museo de Brooklyn adquirió uno de ellos.


Era la primera obra del artista que entraba en un museo.

 
Desde sus años de formación en la New York School of Art Hopper tuvo ocasión de familiarizarse con la práctica de la acuarela, una técnica que contaba con antecedentes importantes en la tradición artística norteamericana.
 
 Hacia finales de la segunda década del siglo XX comenzó a trabajar en una serie de acuarelas de tema paisajístico . Seguía con ello un camino que en la generación anterior había abierto el pintor norteamericano Winslow Homer.
 
 A diferencia de Homer, Hopper no se interesaba por la naturaleza, ni por el paisaje rural, sino que se centraba en vistas urbanas o suburbanas. En 1925 el marchante Frank Rehn mostró en su galería un conjunto de acuarelas de Hopper.
 
 Fue la primera exposición individual del artista y se vendieron todas las obras expuestas. El éxito permitió a Hopper abandonar su trabajo de ilustrador para dedicarse exclusivamente a la pintura. Tenía entonces 43 años.


El paisaje norteamericano
 

El paisajismo había sido el genero mas importante de la pintura norteamericana del siglo XIX. Aunque cultivó también otros tipos de pintura, el rápido crecimiento de la reputación de Hopper durante la segunda mitad de los años veinte se debió sobre todo a sus paisajes.
 
 Su obra, sin embargo, supone una ruptura respecto a la tradición decimonónica, ya que se centra sobre todo en las vistas urbanas de Manhattan o en las zonas residenciales de las periferias urbanas.
 
 Lo hace sin condescendencia alguna, subrayando la vulgaridad y la inhospitalidad de los lugares pintados. Un ejemplo característico lo encontramos en su representación de los puentes suspendidos que unen Manhattan con Brooklyn, grandes obras de ingeniería que suscitaban admiración popular pero que él representa como espacios ásperos y desolados en los que lo único que parece interesarle es su complejidad visual.

Aunque Hopper pintó también paisajes abiertos, frecuentemente situados en las cercanías de Cape Cod, lugar donde había construido una casa-estudio en la que solía veranear, sus temas preferidos siguieron siendo las obras debidas a la mano del hombre.
 
Con el transcurrir de los años dedico una atención cada vez mayor a las casas aisladas, presentándolos frecuentemente como indicios o síntomas de una cierta manera de vivir y situarse ante la vida. En Dos puritanos encontramos un buen ejemplo de esa transformación de lo arquitectónico en psicológico.

Además de las casas los cuadros de Hopper representan carreteras, gasolineras, vías o estaciones de tren, construcciones que se asocian a la movilidad geográfica y al desarraigo, unos rasgos sociales que se fueron acentuando con la depresión económica de los años treinta y quedaron inscritos profundamente en el imaginario colectivo norteamericano.
 
Durante los últimos quince años de su vida, al tiempo que la producción de Hopper se hace todavía mas lenta, sus composiciones se hacen mas simples, su materia pictórica mas rica y ligera y sus escenas mas expresivas, llegando en algunos casos a evocar la pintura de los primitivos italianos, como Giotto. Un buen ejemplo de ello puede verse en Mañana en Carolina del Sur. 


 Carretera de cuatro carriles, 1956
Colección Privada.


Cape Cod.

Escenas de interior
 
Las escenas de la vida cotidiana situadas en interiores domésticos constituyen un género muy conocido en la historia del arte cuyo paradigma original se encuentra en la pintura holandesa del siglo XVII.
 
 Por su propia naturaleza se asocian espontáneamente con la expresión verbal, bien porque describen ciertos personajes o situaciones sociales que se nos presentan como típicos, bien porque sugieren alguna historia que nos parece de algún modo familiar, bien por una combinación de ambas características.
 
En el siglo XIX el género adquirió una gran popularidad y fue cultivado, entre otros, por Manet y los pintores del grupo impresionista. Los escenarios se ampliaron para incluir lugares públicos, tales como los interiores de teatros, cafés, hoteles, etc.
 
 El motor de esa transformación era el deseo de los artistas modernos de reflejar las nuevas costumbres y los nuevos estados de ánimo inducidos por los cambios sociales de la época, especialmente los que derivaban del crecimiento rápido y desordenado de las nuevas metrópolis industriales y financieras, como París, Londres o Nueva York.
De entre los pintores del siglo XIX fue Degas quién mejor comprendió  que esta modernización de los contenidos exigía una una modernización paralela de los recursos pictóricos.
 
 Para lograrlo experimentó con el encuadre y con la composición, aprovechándose del nuevo instrumento de producción de imágenes que era la fotografía, jugó a fondo con otros recursos, como la iluminación, la construcción del espacio pictórico y la ubicación del espectador respecto de la escena representada.

Hopper, que era un gran admirador de Degas, se apoyó en sus descubrimientos, pero los amplió considerablemente y los adaptó a las corrientes culturales y a los lenguajes visuales del siglo XX.
 
 Le atrajo especialmente el cine, un medio que potenciaba enormemente las posibilidades narrativas de las imágenes, y con el estableció a lo largo de su vida un complejo diálogo de préstamos e influencias mutuas. Fue quizá, en parte al menos, por la influencia del cine por lo que en los últimos años de su vida su pintura se fue transformando gradualmente para dar cada vez mas importancia a la luz.
 




Edward Hopper.


Edward Hopper.

 
Nightawks
Pierre-Adrien Soller






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