sábado, 22 de septiembre de 2012

Toulouse-Lautrec (1864 - 1901)

        

Tolouse-Lautrec
de Albi y de otras Colecciones


Albi es una localidad y comuna francesa situada en el departamento de Tarn, del que es capital, en la región de Mediodía-Pirineos.


Palacio Episcopal y Sede del Museo Toulouse-Lautrec.

Albí está situada a orillas del río Tarn

Fueron las arcillas de este río la materia prima para elaborar los ladrillos rojos que caracteriza su arquitectura local, ya sea en su catedral, en sus casas, en sus puentes, en sus palacios o en sus molinos.




Vista del río Tarn al fondo la ciudad de Albi

Museo Tolouse-Lautrec de Albi

Henri de Tolouse-Lautrec

La figura de Toulouse-Lautrec ha sido deformada a través de los tópicos que sobre su arte y su vida han elaborado biógrafos, cineastas y publicistas.

Esta exposición pretende mostrar su obra de manera que se le pueda apreciar como uno de los artistas que anuncia el advenimiento de las vanguardias.




Fotografía de Jane Abril
 
A Tolouse-Lautrec le ha traicionado una celebridad cosechada fuera del circuito del arte. La imagen de artista deforme y disoluto, junto al hacho de haber sido reproducidos sus carteles y litografías hasta la saciedad en estampas de calendario y tarjetas postales le han hacho muy popular, enturbiando la figura de un auténtico innovador de la pintura.

 Por eso es necesario enfrentarse a las obras reales, óleos y dibujos que reflejan de forma biográfica y cotidiana sus andanzas y muestran la auténtica importancia de sus recursos plásticos.






No son obras bellas ni elegantes, en el sentido clásico, sino que su interés radica en la alegría de vivir y en la inmediatez que destilan. Son obras sensitivas y sensuales que reflejan la verdad y el dolor del palpitar de la vida en el París de fin de siglo.
 
Tolouse-Lautrec logró dar un enorme paso hacia la modernidad a través de una serie de recursos propios que se aprecian en los temas cotidianos y banales, en los encuadres y composición fotográficos, en la acidez y convencionalidad delos colores y en la utilización de soportes pobres e insólitos sobre los que pinta.




Una vida tan corta como intensa.

Henri de Toulouse-Lautrec nació en Albi en 1864. Hijo primogénito del conde Alphonse de Toulouse-Lautrec Monfa y de la noble Adéle Tapié de Céleyran, su estirpe se remonta al siglo XII, siendo la suya una de las cuarenta familias más nobles de Francia.

De naturaleza enfermiza y con problemas de desarrollo, la rotura sucesiva de los fémures de las dos piernas durante la adolescencia le dejará como secuela el aspecto de enano zambo que le caracterizó. Consciente de la fealdad y ridiculez de su figura quedó inmunizado contra las burlas, lo que le permitió criticar la vulgaridad  de los demás sin permitir la más mínima compasión hacia sí mismo.
 
Como pintor se formó en los talleres de Léon Bonnat y de Fernand Cormon, que representaban las corrientes pictóricas más académicas y oficiales de París, pero se dejará seducir por los impresionistas, acusando la influencia de Edgar Degas.


Alphonse de Toulouse-Lautrec, padre del artista,1863



Toulouse-Lautrec con su madre en el jardín
de Malromé.  Foto Natason,ca. 1900.

 
En París, Toulouse-Lautrec se siente atraído por el mundo de la noche y por los personajes marginados y despreciados, tan alejados de la buena sociedad a la que él pertenece y en la que se había educado.

La colina de Montmartre, donde existen establecimientos de diversión nocturna y casas de citas, será su campo de acción, convirtiéndose en asiduo cliente y en su más fiel cronista.

Allí se interesa por los heridos en el alma y los curtidos por la vida. Despreciando la buena posición social,que por su cuna y rentas podía ejercer, comparte su vida con artistas de variedades,modistillas y pupilas del prostíbulo que le fascinan y a las que retrata, creándose su propio Olimpo con las diosas de music hall, hasta que el abuso del alcohol mina su precaria salud, falleciendo en su castillo de Malromé en 1901, cuando sólo cuenta 36 años.

 




Se podría pensar en una influencia del ojo fotográfico en su pintura, sobre todo teniendo en cuenta que fue amigo de algunos fotógrafos famosos. Efectivamente, varias de sus obras parten de fotografías previas, pero hay que hacer notar que entonces los fotógrafos imitaban a los pintores y los retratados debían posar. Muchas de las ilustraciones de la época, en las que se muestran grupos bailando, son fotomontajes compuestos como pinturas.

Por lo tanto, podemos también asegurar que la obra de Toulouse-Lautrec se adelantó, con la insinuación de movimiento y su composición desprejuiciada, a lo que algunos años después llegará a ser el género de la instantánea y la cinematografía de la cámara ojo.Si nos atemos alas clasificaciones de la historiografía, su obra no encaja totalmente en ninguno de los estilos de fin de siglo.

 Se le considera postimpresionista por que en la disposición de los personajes y en la composición de las escenas se aprecia la influencia de Degas, así como la utilización del color se le puede relacionar con Van Gogh, a quién conoció como compañero en el taller de Cormon.




Innovación de las técnicas plásticas.

Con el fin de pintar más ágilmente, para poder dotar de la sensación de instantaneidad a sus cuadros, Toulouse-Lautrec elaboró sus propias técnicas pictóricas que se apartan sustancialmente de las del clasicismo.

Así, diluía el óleo con esencia de trementina para que fuera inmediatamente absorbido y secara rápidamente. De esta manera podía trabajar con rapidez, pero, al ser diluida la pintura ésta no cubrirá por completo la superficie del cuadro permitiendo transparencias que hacen creer que muchas de sus obras están sólo esbozadas o no concluidas.

Efectivamente,Toulouse-Lautrec no se preocupaba por el acabado ni por la minuciosidad de los detalles. Para él las obras estaban concluidas cuando el motivo sentimental era captado a través de la expresión y el gesto, aunque la pintura no cubriera toda la superficie del cuadro o no lo hiciera con igual regularidad.

Para captar el gesto Toulouse-Lautrec se servirá de todos los procedimientos posibles: el lápiz, la pluma y el pincel, que llegará a emplear conjuntamente, sin preocuparle que se mezclen carboncillo, tiza, pastel, tinta china y óleo en una obra, si con ello logra conseguir la viveza expresiva que desea.


Retrato de la Sra. Dolly



En el uso sin prejuicios de los medios plásticos es un gran innovador, lo mismo que cuando se sirve de un material despreciable e impropio de la dignidad del arte, como es el cartón, que utiliza como soporte de muchas de sus obras importantes, en lugar del clásico lienzo montado sobre bastidor.

El arte litográfico.

Pero, donde sin duda alguna va a ser un indiscutido maestro innovador es en las litografías. En ellas mostrará la extremada modernidad de su arte a través de potentes composiciones realizadas con una gran economía de medios, al simplificar planos y depurar y depurar trazos hasta sintetizar imágenes caracterizadas por la gran legibilidad de sus siluetas y la potente construcción de masas coloreadas, muy contrastadas, que muestran la influencia de los grabados japoneses de los siglos XVIII y XIX.




Tras trabajar con el lápiz graso sobre las piedras litográficas emplea el pincel para acentuar rasgos o reforzar lineas y, por último, idea la técnica de esparcir una lluvia de finas gotitas de tinta que provoca al peinar un cepillo de dientes entintado, previa colocación de un estarcido siluetado que vela las partes que no desea sean moteadas.

Mientras que en los cuadros, la enorme decisión y claridad de planteamientos, le permite trabajar con suma rapidez, en las litografías Toulouse-Lautrec actúa con mucho cuidado recorriendo un largo camino hasta concluirlas, convirtiéndose así en el gran renovador de la estampación.

 El desenfado con que transforma las litografías en carteles publicitarios muestra también un nuevo camino que será muy fructífero para el arte del siglo XX.


Pelirroja,también llamado, El Aseo, 1889
Musée d'Orsay,París
Legado por Pierre Goujon,1914.



Un trabajador de Ceyleran




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