martes, 25 de septiembre de 2012

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.









Los ascensores abiertos al entorno, ofrecen una buena perspectiva de la plaza que se abre más allá del Museo. Realizados en cristal y metal. Al fondo se puede ver la Estación de Atocha.

El Museo Reina Sofía se inauguro el 10 de septiembre de 1992 se articula entorno a dos edificios.

La mayor colección permanente se encuentra ubicada en el antiguo Hospital de San Carlos, restaurado y acondicionado para su uso como museo.

El edificio original de Sabatini, quien, muy influido por el estilo herreriano, lo construyó en el año 1776 para sustituir al Hospital General que Felipe II creó reuniendo varios hospitales privados y religiosos en 1566.

La fachada que da a la calle Santa Isabel fue modernizada con ascensores exteriores en espectaculares estructuras de vidrio. 
 
   


Si nuestra única patria son los paisajes de la infancia, nuestro único patrimonio son los recuerdos en que se cimienta nuestra identidad personal o colectiva.
 
Pero la memoria no se alimenta sólo de fotografías pálidas, músicas olvidadas o perfumes desvanecidos; se nutre también de la experiencia física de los entornos, edificios y lugares que han sido teatro de la vida. La arquitectura es nuestra magdalena de Proust, y proteger sus obras del testarudo deterioro que infligen el tiempo y el descuido equivales a enfrentarse a la desmemoria deliberada de esta cultura lotófaga, donde la amnesia social se combina con la fabricación de ficciones, donde los estragos de la entropía son menores que la devastación causada por las falsificaciones históricas.
 
Cada generación reescribe en todo caso su pasado, reinterpreta sus edificios con los intereses del presente, e interviene en las arquitecturas obsoletas para adaptarlas a nuevos usos.(...)
                                                                                               L. Fernnández-Galiano.



Azotea



                                                 
                                          

Claustro del edificio ideado por Sabatini
 

Con el fin de ampliar el espacio expositivo, en 2005 fue inaugurada la ampliación del museo, obra del arquitecto francés Jean Nouvel, que se conecta con el edificio principal a través de una vigorosa cubierta volada que establece un poderoso nexo entre lo "nuevo" y lo "viejo".

La vocación urbana de la ampliación -que incluye también biblioteca, auditorio, librería y restaurante- se expresa a la perfección en la poderosa fachada roja, que configura una imagen de gran impacto comprometida con la modernidad.  


El patio interior del edificio histórico encuentra su contrapunto en el patio de Nouvel que, sin embargo, contradice el carácter encerrado de su predecesor para configurarse como inteligente nudo de articulación de los edificios de la ampliación.

 


El patrimonio construido, en efecto, no es sólo memoria congelada. Tanto el monumental como el anónimo acumulan la energía de sus materiales y su construcción: una herencia que cada generación recibe de la anterior, y que debe administrar juiciosamente, sin permitir que los restos actúen como un caparazón que impida el desarrollo del organismo social, pero sin tolerar tampoco que ese caudal se despilfarre con el abandono displicente o la demolición innecesaria.
La prosperidad ha hecho de nosotros niños caprichosos que olvidan o rompen sus juguetes para sustituirlos por otros nuevos, y hoy debemos reeducar ha esa infancia malcriada para que recuerde, repare y reutilice. Esos juguetes viejos son nuestro patrimonio, y acaso nuestra patria.L. Fernández-Galiano
                                                                                           





La biblioteca es un interesante espacio arquitectónico. Con 100 puntos de lectura, puede albergar hasta 250.000 ejemplares.

Lo nuevo y lo viejo. El jardín del Museo, un proyecto inconcluso de arquitectura  da lugar al que probablemente sea el mayor jardín cerrado de Madrid.

 En el interior del edificio, el color oscuro de la vegetación acentúa la mole arquitectónica. El patio ajardinado que hoy se conserva tiene unas dimensiones de 55 X 85 cm. y esta rodeado en su totalidad por tres pisos con arcadas.
 



El museo explica la Historia del arte desde varios puntos de vista, como una encrucijada de caminos, muchas veces sin continuidad ni retorno.

 El director, Manuel Borja-Villel, y la conservadora jefe, Rosario Peiró, estudiaron la colección en profundidad, para dar a la actual presentación de las obras coherencia académica y dinamismo narrativo, ya que, según sus palabras, montar un museo es contar una historia.

 Gracias a su trabajo el visitante descubre que los diversos formatos, géneros y estilos están relacionados de un modo fascinante.

La visita comienza en el edificio de Sabatini, en su jardín, donde se puede contemplar el Pájaro Lunar (1966) de Joan Miró que evoca las fuerzas vitales del mundo cósmico y de la naturaleza animal, y uno de los famosos móviles de Alexander Calder, Carmen (1974) ejemplo de la gran sobriedad  que el artista alcanzó en los últimos años.





 Las formas de las palas móviles son bidimensionales, de colores muy vivos, lo que permite el movimiento natural impulsado por el aire. Una estructura móvil que transmite ese optimismo tan característico de la obra del norteamericano.

 En la galería este del claustro bajo del Museo prosigue el acercamiento a la colección permanente ante la obra de uno de los grandes escultores del siglo XX, Juan Muñoz, representado aquí con Lo vi en Bolonia (1991), que hace referencia a su concepto de la ciudad como lugar de transición y a su idea del Barroco como espacio de ilusionismo y de dislocación.

Además de pintura y escultura, en sus salas el visitante se encontrará con toda la variedad de expresiones plásticas que ha dado el siglo XX.
 



 Muchas de las obras que se exhiben son fotografías, collages, croquis o películas que forman parte por derecho propio de la Historia del arte contemporáneo. Una historia que en España comienza  con Goya y que desde entonces ha oscilado entre las posiciones más conservadoras y las más experimentales.

La encrucijada entre los siglos XIX y XX, entre modernidad y tradición, esta perfectamente representada en el museo con la obra de Hermenegildo Anglada Camarasa, Ramón Casas, José Gutiérrez Solana, Darío Regoyos, Santiago Rusiñol, Isidro Nonell, Joaquín Sorolla, Ignacio Zuloaga.

 El museo también exhibe obras de pablo Gargallo o Juan Gris,artistas que militaron en las vanguardias europeas junto a Georges Braque, Albert Gleizes, Fernand Léger, María Blanchard, Jacques Lipchitz, Robert y Sonia Delaunay, Francis Picabia.
 



En 1922 Oskar Schlemmer, profesor de la mítica escuela de arte Bauhaus, hizo para su ballet triático una colección de trajes que reflejan el espíritu moderno de los años veinte y treinta, y que ahora son algunas de las piezas mas sugestivas que pueden verse en el MNCARS.

Dalí, Miró y Picasso, las firmas mas influyentes del arte español del siglo XX, forman el eje central de la colección permanente.
 
 


Las salas dedicadas a Picasso son uno de los mayores reclamos del MNCARS y de todas sus obras el Guernica es la obra estelar que todo el mundo busca.

El ánimo de Picasso a raíz del estallido de la Guerra Civil española se hace presente a través de su pintura, aunque se aleje del relato explícito de la contienda. En 1937 encuentra un nuevo estudio donde trabaja en la Rue des Grands-Augustins, donde Balzac había situado el escenario de La obra maestra desconocida. En este taller crea un descarnado testimonio de la guerra y una de sus obras emblemáticas: Guernica. Realizado en apenas dos meses, el mural simboliza el dolor de una nación destruida por la Guerra Civil.






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