miércoles, 22 de agosto de 2012

Diego Velázquez (1599 - 1660)



                             
 El período, que comprende la vida de Velázquez, coincide con la cimentación en Europa del absolutismo, que se coronará en la segunda mitad del siglo XVII.

 En España acaba de morir Felipe II, fallecimiento que se produjo en 1598, empezaba a declinar la estrella española y su hegemonía en Europa. Al mismo tiempo una nueva potencia, Francia, cuya fuerza se consolidó con el matrimonio de Enrique IV con María de Medicis, empezaba a brillar.

 En nuestro país, el siglo del Barroco produjo en el mundo de la cultura un abundante número de obras y creadores de gran trascendencia: las manifestaciones de nuestro llamado Siglo de Oro. Miguel de Cervantes, Luís de Gongora, Francisco de Quevedo, Calderon de la Barca. El Greco, Murillo, José Rivera, Zurbaran, Valdés Leal, Gregorio Fernández. En Europa Pablo Rubens, Rembrandt. En Pensamiento Renato Descartes etc...


Velázquez. Retrato de caballero, 1635

Existen artisas geniales que sintetizan en sí mismos todas las características de un estilo.Tal es el caso de Velázquez. En el aparecen todos los rasgos clave de la pintura barroca, y también en él se aprecian la futura evolución de este estilo y los aspectos que fundamentarán otros nuevos.
 
En el Barroco, la interpretación de la realidad va íntimamente ligada al tratamiento de la luz. Velázquez, maestro en el dominio de la técnica pictórica, empleó magistralmente la luz en función de sus deseos.
 
Enriquecer la gama cromática, conducir la mirada hacia aquello que le interesa destacar, lograr efectos especiales y de perspectiva aérea...
 
Pero Velázquez es, además de un genial dominador de la técnica, un gran pintor intelectual. Sus cuadros los concibe en la mente, y luego aplica sus enormes recursos técnicos para expresar la idea pensada.
 
Es quizás en sus célebres retratos donde mas  se evidencia este rasgo fundamental. Velázquez confiere a los personajes el aspecto que mejor responde a la persona y su condición.
 
Velázquez el pintor de la luz, crea en su mente y luego recrea sobre el lienzo. Y es precisamente esto lo que hace de él un genio, apreciado por encima del paso del tiempo. porque sus obras no son un mero placer, visual, sino también, y fundamentalmente, un placer intelectual.
 
Vermeer. La lechera, 1658-60

Velázquez y Vermeer en el Prado
 
 Pintadas con pocos años de diferencia por artistas que no se conocían, estas dos obras representan una de las mas profundas reflexiones de todo el arte europeo sobre la naturaleza de la pintura y el papel del artista. Ambos cuadros participan en muy distinto modo de un supremo naturalismo y ambos hacen uso de un sutil lenguaje de símbolos y alusiones para transmitir sus contenidos.

 En Las Meninas, Velázquez, luciendo el emblema de la orden de Santiago sobre su pecho, se nos muestra trabajando sobre un gran lienzo, pintando lo que podría ser un retrato del rey Felipe IV y la reina Mariana, que aparecen reflejados en el espejo del fondo. El pintor, ennoblecido por su real mecenas, da vida a la familia del Rey a través de su arte.
 El pintor del cuadro de Vermeer, quizás un,quizás un autorretrato, trabaja con un pincel y tiento sobre un lienzo ya preparado. Retrata a Clío, Musa de la Historia, y el mapa de los Países Bajos, cuya independencia de España había sido reconocida por Felipe IV en 1648, quizás aluda a los grandes eventos del momento. A través del arte de la pintura, Vermeer supera las demás artes-escultura, tapicería y grabado representado por objetos en el mismo lienzo- y a través de su destreza asegura su propia fama de inmortalidad.


Johannes Vermeer (Delft 1632-Delft 1675)
El Arte de la Pintura,1666-68 Viena,



Diego Velázquez (Sevilla 1599-Madrid1660)
 Las Meninas o La familia de Felipe IV.



Retrato de caballero, el llamado "Barbero del Papa" de Velázquez

Fábulas de Vélazquez en el Prado


A través de la mitología y la historia sagrada Velázquez abordó una amplia gama de problemas expresivos, formales y conceptuales. Esta exposición  muestra esta faceta de su producción e invita a reflexionar sobre su importancia. En ella se describe la originalidad que el pintor procuró y alcanzó en el tratamiento de estos temas, y las variaciones que experimentó su arte a lo largo de su carrera. Su titulo, "Fábulas de Velázquez", rescata el sentido de "narración ingeniosa" que a veces tenía en el Siglo de Oro la palabra "fábula", y que se adecua muy bien a la sutilidad y complejidad de muchas de las composiciones del artista.
El estudio de la pintura religiosa y mitológica de Velázquez no puede llevarse a cabo sin tener en cuenta los intereses creativos de sus colegas contemporáneos, o los modelos en los que buscó inspiración.Por ello, se incorporan una serie de pinturas y esculturas, realizadas por diecisiete artistas diferentes,que permiten trazar el contexto creativo en el que trabajó.


Diego Rodríguez de Silva y Velázquez.
Cristo en casa de Marta y María,1618.



Johannes Vermeer.
Cristo en casa de Marta y María, 1655.
National Gallery of Scotland, Edimburgo.



Diego Velázquez
 La fragua de Vulcano, 1630.

 
  
Caravaggio. Joven con cesto de frutas, 1593-94.
  Galleria Borghese Roma.


La última sección, "El telar de la fábula", se presentarán las dos obras de Velázquez mas sofisticadas y ambiciosas desde el punto de vista narrativo: las hilanderas y Las meninas. Esta última no se expone físicamente en el recinto de la exposición sino que permanece en la gran sala basilical donde se expone habitualmente.


 Las hilanderas o la fábula de Aracne (1657)
 Museo Nacional del Prado.


La Venus del espejo (1650).
 Londres, National Gallery.


Velázquez, Rubens, Van Dyck
Pintores Cortesanos del siglo XVII 


Velázquez. Felipe IV en pardo y plata
Londres. National Gallery


 Desde el punto de vista de su identidad profesional, el adjetivo que mejor define a Velázquez es el de "cortesano" por cuanto fue la corte española el principal escenario de su actividad desde 1623 hasta su muerte en 1660, y el depositario principal de sus aspiraciones sociales y laborales.

 Su trabajo al servicio del rey Felipe IV no sólo le proporcionó seguridad económica y le permitió una carrera de carácter administrativo, sino que le obligó a cultivar con mas frecuencia que otros pintores españoles ciertos géneros pictóricos, como el retrato. Pero también su pertenencia a una corte que poseía la colección de pintura mas importante de Europa le proporciono la posibilidad de aprender de los grandes maestros del Renacimiento.
 
Consciente de la trascendencia que la obra tuvo para la creación de la imagen biográfica y artística de Velázquez, el Museo del Prado ha organizado una exposición que incide en este tipo de aspectos. Y para ello se ha recurrido a la comparación de Velázquez con dos pintores cortesanos de gran importancia en la historia de la pintura de su tiempo: Rubens y Van Dyck.
 
 
 Velázquez Autorretrato
Valencia.Colección Real Academia de Bellas Artes de San Carlos.



Rubens. Autorretrato.
Viena Kunsthistorisches Museum.



Van Dyck. Autorretrato con girasol.
Colección del Duque de Westminster.


A través de sus autorretratos, estos tres pintores además de mostrarnos su personalidad  física nos enseñan la imagen que cada uno de ellos quería propagar de sí mismo. Son obras que transmiten una imagen social, y a través de ellas sus autores se identifican como miembros cualificados de la corte.
 
 Durante el siglo XVII muchos artistas europeos lucharon por demostrar que tanto su arte como sus personas merecían una estimación social notable, y la existencia de figuras como los pintores cortesanos, que ponían su arte al servicio del Estado, sirvió para avalar las aspiraciones sociales de los artistas en general.
 

Van Dyck. La Reina Herietta María con Sir Jeffrey Hudson
Washington. National Gallery


 La Monarquía. "Monarquía" es la palabra clave para entender la actividad laboral de los tres pintores y muchas de las características de su arte. A través del concepto de monarquía hereditaria se articulaba la organización política de las cortes en las que trabajaban.

 Esa figura se concebía como producto de un contrato entre una casa reinante y la nación, por la que esta delegaba en aquélla el poder a cambio de su protección y de la administración de la justicia. Durante el Barroco los pintores utilizaron distintas formulas para la transmisión de un contenido de exaltación monárquica.

 Y fueron precisamente Rubens y Velázquez los ejemplos cumbres y antagónicos en el tratamiento de estos temas. El flamenco utilizó el lenguaje de la alegoría para elaborar una visión triunfal  de las distintas casas reinantes a cuyo servicio trabajó.


El retrato cortesano
 
 La principal tarea a la que debían dedicar su esfuerzos los pintores cortesanos era la realización de retratos, que tenían como modelos tanto a los reyes y su familia como a aristócratas y altos cargos de la Administración.

 Estas obras podían cumplir fines muy distintos, aunque en todos los casos tenían como función esencial servir de recordatorios de los rasgos y del rango social de cada personaje, y expresan la imagen que tan poderosos modelos querían transmitir de sí mismos. En ocasiones eran pinturas con un carácter eminentemente público, destinadas a difundir la efigie del monarca entre una colectividad. Es el caso del Retrato ecuestre de Felipe IV, que decoró el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro.


Velázquez. La Infanta Margarita en traje rosa
Viena. Kunsthhistorisches Museum.


Otros retratos nos muestran el resto del variado mundo cortesano. El Marqués de Leganés o El Conde Duque de Olivares, de Velázquez, nos ponen en contacto con la poderosa aristocracia; Juan Mateos, de Velázquez, nos presenta a un funcionario cualificado de la corte de Felipe IV; el enano que acompaña a Baltasar Carlos en el cuadro de Boston nos habla del curioso mundo de los bufones y hombres de placer; y Martín Ryckaert nos recuerda que de ese mundo que pululaba alrededor de los reyes formaban también parte los artistas.
 

El Conde-Duque de Olivares a caballo 1634.
Diego Velázquez. Museo del Prado.


Príncipe Baltasar Carlos 1632. Diego Velázquez.
Colección Wallace, Londres

Mitología y fábula
 
Desde el Renacimiento la mitología se había convertido en un repertorio de historias a través de las cuales los artistas supieron aludir a las pasiones humanas, a las virtudes y los vicios, a las normas de comportamiento y a su propio arte.

 Tanto Velázquez como Rubens y Van Dyck son autores de obras muy importantes en este campo, cuyo estudio sirve tanto para evidenciar sus diferencias como para identificar sus dudas comunes. A través de las versiones de La Fragua de Vulcano realizadas por Van Dyck y Velázquez podemos ver los diferentes tratamientos narrativos de ambos, con un Velázquez amigo de la interpretación realista, y Van Dyck mas lírico.
 





Las Meninas
Pierre-Adrien Soller



 

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